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05.01.2007 Imprimir Enviar Comentar
NOTA

Argentina país de destino

Sandra Chaher

En diálogo con Artemisa Noticias, el representante regional de la Organización Internacional de Migraciones para el Cono Sur (OIM), Eugenio Ambrossi, desmiente que Argentina haya dejado de ser un país de destino del tráfico ilegal de personas después de la crisis del 2001.

“Puede ser que ahora las mujeres vengan de países limítrofes y no tanto de América Central, pero seguimos siendo prevalentemente un país de destino y de tránsito hacia Europa.”. Eugenio Ambrossi es un italiano que viene de residir en Europa y Africa en cargos vinculados a la Organización Internacional de Migraciones (OIM) y a programas humanitarios, y que desde que está a cargo de la oficina regional para el Cono Sur de América Latina de la OIM -Argentina, Uruguay, Brasil, Paraguay y Chile- se erigió en uno de los referentes principales del tema en nuestro país.

Es gentil, sabe escuchar, no esquiva respuestas y, aunque su agenda está pobladísima, entrega todo el tiempo necesario para el reportaje que se realiza en la más absoluta tranquilidad, sin ningún teléfono fijo ni celular interrumpiendo, como sería previsible en un funcionario de su rango.

¿Cuál es la situación de la trata de personas en el Cono Sur?

Es difícil dar una respuesta a este tema desde un punto de vista cuantitativo porque recién está comenzando a haber investigaciones. En Paraguay la OIM acaba de presentar la primera investigación que se hizo allí sobre el tema; y en Brasil se hizo una en el 2002, bastante completa y financiada por el gobierno de Brasil, la OIT y la ONU, pero enfocada sobre todo a la situación de cada región. En este momento nosotros estamos buscando recursos para actualizar el trabajo que se hizo en Brasil y para hacer otros similares en Uruguay, Argentina y Chile.

¿Cuáles fueron los resultados del informe de Paraguay?

Se sabía que Paraguay era fundamentalmente un país de emisión, y podíamos maximizar los recursos porque teníamos bastante información sobre las mujeres paraguayas traidas a Argentina. También elegimos hacerlo allí porque justo en este momento están empezando a reunirse las organizaciones y el gobierno para encarar la lucha contra la trata. Es una investigación de tipo cualitativo. Es difícil hacer un estudio cuantitativo por dos razones: no es fácil saber cuál es el número real de víctimas; y por la falta de legislación específica tampoco sabemos cuántos son los tratantes. Puede que estén detenidos pero sus causas están caratuladas con otro tipo de delitos.

¿Los datos estadísticos fueron producto de las entrevistas a las víctimas?

Si, entrevistamos a casi 500 mujeres. Sabemos que el 52% viene a Argentina y el 25% a España (algunas vía Argentina y otras por Brasil); y el 33% de las tratadas son menores. De las que vienen a Argentina, un 80% se distribuyen entre la ciudad de Buenos Aires, el Gran Buenos Aires y La Plata, en gran medida porque la mayoría llegan en verano y son reclutadas directamente para los municipios de la costa.

¿Hay víctimas varones?

Seguramente si, pero este estudio se focalizó en mujeres y menores así que no tengo precisiones.

¿Cuál es la metodología de investigación de la OIM?

En Paraguay cooperamos con una organización no gubernamental española, Luna nueva, que ya venía trabajando con prostitutas y en asistencia a las víctimas de explotación y tenían muy buena llegada a la gente. Ellos hicieron las entrevistas. Y en otros países hay un staff regular de la OIM que hace esto, e incluso a veces trabajamos con la estructura que nos brinda cada país. Pero no hacemos trabajo de inteligencia en las redes delictivas. No podríamos hacerlo, porque como organización no podemos portar armas o tener guardia armada. En Paraguay, por ejemplo, una de las personas de Luna nueva fue amenazada y tuvimos que enviarla a España.

Las migraciones frecuentes, y los problemas asociados a ella, son temas que entraron en la agenda pública mundial en las últimas décadas, con los masivos traslados de poblaciones por razones humanitarias, económicas y culturales.Asociado a las migraciones apareció el delito de tráfico de personas y, junto a éste, el de trata: el sometimiento y la explotación fronteras adentro con fines sexuales y/o laborales.

No se trata de un delito nuevo, es tan viejo como la esclavitud en el mundo, pero en los últimos años –globalización mediante- recrudeció.

En el año 2000 fue firmada la Convención de las Naciones Unidas contra el Crimen Transnacional Organizado y su protocolo para prevenir, suprimir y sancionar la trata de personas, especialmente mujeres y niños -conocido como Protocolo de Palermo-. Y la OIM, que hasta hace pocos años era un organismo de referencia para casos específicos de migraciones, se conviritó en la úñtima década en líder a nivel mundial en la lucha contra este delito.

Argentina

Desde que se empezó a hablar más públicamente de trata y tráfico de personas en Argentina, un par de años atrás, dos organismos centralizaron las actividades, investigaciones y comunicados sobre el tema: la Red No a la Trata (formada por organismos gubernamentales y no gubernamentales) y la OIM, también miembro de la Red No a la Trata.

Argentina ratificó la Convención de las Naciones Unidas en el 2002, pero aún no sancionó una ley nacional que tipifique el delito de trata ni de tráfico y tampoco existe un programa de atención a las víctimas, que podría o no ser creado por ley.

Sin embargo, desde este año, la oficina del Cono Sur de la OIM cobijó en Argentina un pequeño vástago que intenta cubrir los déficits gubernamentales: el Programa para el Fortalecimiento Institucional en la Lucha contra la Trata de Personas en la Argentina (FOINTRA), que está fomentando la capacitación de personas para la asistencia y detección de víctimas de trata y tratantes, y que promueve la sanción de legislación específica sobre el tema.

Se dice que Argentina fue un país fundamentalmente de destino de víctimas de trata hasta antes de la crisis, y que desde el 2002 somos sobre todo país de tránsito, de emisión, y que está creciendo muchísimo la trata interna. ¿Esto es así?

No. Argentina sigue siendo, prevalentemente, un país de destino. Hemos escuchado casos, como el de Marita Verón, en el que se habla de exportación, pero seguimos siendo fundamentalmente país de destino y también de tránsito, preferentemente de paraguayas, brasileñas y dominicanas que pasan rumbo a Europa. Lo que puede ser que haya cambiado son los países de los que provienen las mujeres.

Quizá ahora vienen sobre todo de las zonas limítrofes. Pero las dominicanas, por ejemplo, siguen viniendo. Y en cuanto a la trata interna, si bien parece un fenómeno más reciente, no lo es. Lo que sucede es que la trata internacional es más visible ante la opinión pública. Pero también sucede que cuando hablamos de trata a nivel internacional se mezclan aspectos culturales, porque no en todos lados está vista la prostitución como algo criminal. Esto empezó a cambiar a nivel global con el Protocolo de Palermo, pero son aspectos que lleva tiempo modificar.

Por otra parte, hay hechos delictivos más violentos que son recientes, y esto tiene que ver con la resistencia misma del negocio ante la ofensiva gubernamental y no gubernamental, y también con acciones de amedrentamiento hacia las víctimas, para que quienes huyen de estas redes no hagan denuncias. Por esto nosotros recalcamos la importancia de que en cada país haya un programa de asistencia a las víctimas y un programa de protección de testigos, porque es la única manera de salvarlas cuando dejan estas redes. Tienen que tener seguridad porque seguro habrá una reacción contra ellas.

El cafiolo no es tratante

¿Cuál es la diferencia entre la prostitución y el delito de trata?

Es complicado, porque desde un punto de vista feminista podría decirse que siempre hay trata ya que ninguna mujer se prostituye voluntariamente. Siempre está el argumento de que la pobreza es la que empuja a una mujer a la prostitución. Pero desde el punto de vista de los tratados internacionales, para que haya trata tiene que haber engaño y violencia.

El clásico cafiolo, que tiene a su cargo a una serie de mujeres que le reportan dinero a cambio de protección, ¿es un tratante?

No, tiene que haber engaño, violencia, y presión psicológica o física para que se lo considere trata. En cambio en los casos de menores de edad siempre estamos hablando de trata, porque no se considera como atenuante el consentimiento de un adulto responsable.

No se habla mucho de Uruguay. ¿Cuál es la situación ahí?

Uruguay es el único país del Mercosur que, por el momento, no aparece en los reportes como país de destino, de tránsito, o en el que haya trata interna. Cuando pasa esto en un país yo siempre aclaro que no significa que allí no haya casos de trata, sino que por el momento no se detectó. Nosotros aún no hemos investigado.

¿Y Brasil?

Ahí la situación es mucho más compleja por las dimensiones del país y por el turismo. Es un país de destino, origen y tránsito, pero la situación varía mucho en cada estado. En Pernambuco, donde tienen un Programa de Lucha contra la Trata hace 10 años, se encontraron brasileñas, extranjeras, y también casos de tráfico de órganos.

Hay poca información cuantitativa y pocas investigaciones sobre el tráfico de órganos.

Es lo mismo que el turismo sexual, sobre lo cual tampoco tenemos mucha información. Sin embargo es un tema que preocupa muchísimo y que deberíamos estudiarlo más. Lo que nosotros creemos es que aunque no se conocen, los casos son muchos en todo el mundo. Siempre que haya un alto porcentaje de niños y de adultos que vivan en la calle, hay una reserva potencial de víctimas de trata, y son justamente los casos que no se detectan porque nadie denuncia su desaparición.

Existe un debate acerca de si la ley del donante presunto facilita este tipo de tráfico.

Nosotros creemos que no necesariamente lo facilita, pero debe ser debidamente controlada su aplicación. Lo que nos preocupa es que el negocio del tráfico de órganos está adquiriendo importancia. Pero en esto justamente la ley podría ayudar, porque si hay un número mayor de personas que donan sus órganos se podría reducir la necesidad de recurrir al tráfico ilegal. Por otra parte, el tráfico de órganos que a nosotros nos preocupa fundamentalmente es el de las personas vivas. Y lo que complica las cosas en estos casos es el tema de la “voluntariedad”: aunque sean decisiones tomadas bajo presión, cuando hay consentimiento por parte del adulto traficado (ya que como dije en el caso de menores siempre se trata de un crimen, aunque haya consentimiento) para vender un órgano, para ejercer la prostitución, o para trabajar en determinadas condiciones, es más difícil determinar el crimen y sancionarlo.

Pasemos a Chile

Como en los demás países del Mercosur falta legislación. Todos ratificaron el Protocolo de Palermo, pero ninguno tiene leyes nacionales. Allí estamos trabajando en un programa de abuso sexual a menores porque es lo que más se detectó. Es un país que pareciera no tener tantos problemas de trata internacional –ni como país de destino ni de origen-, y esto quizá sea por una cuestión geográfica.

Recursos

¿Cómo selecciona la OIM dónde hacer investigaciones?

Tiene que ver fundamentalmente con los recursos. La OIM maneja recursos limitados y para cada estudio o programa contamos con el financiamiento de determinados países. En general, los países del Cono Sur no tienen dinero y por eso se demoran, porque debemos conseguir fondos de las naciones desarrolladas. Quienes suelen financiar son los países de destino de las víctimas.

O sea que en el caso de Argentina debería aportar España.

Si, y en principio ellos tienen la intención de hacerlo, pero estamos aún conversando. Un problema con el que nos encontramos es que muchos países priorizan la inversión en asistencia a las víctimas pero no la investigación del delito, y eso impide los programas y políticas públicas.

Sin embargo, los fondos del Programa FOINTRA, que la OIM desarrolla desde este año en Argentina, provienen del Departamento de Estado norteamericano. Y no faltan las especulaciones acerca de la injerencia que podría estar intentando Estados Unidos en la política interna de otros países a través de su apoyo a la lucha contra la trata.

El informe anual del Departamento de Estado sobre el tráfico de personas es el único que se tiene en el mundo sobre el tema trata. Y es importante que exista porque las redes son cada vez más sofisticadas: están vinculadas, no tienen problemas de tecnología ni de dinero, y pueden trasladar su negocio a otra parte del mundo si no funciona en determinado país.

Este informe se arma con los datos que envían las organizaciones no gubernamentales nacionales e internacionales y los gobiernos, con lo cual lo que sale no es lo que piensa el gobierno de Estados Unidos, sino que surge del trabajo de cada país. Ahora, si detrás del informe hay otros intereses políticos, no lo sé. Pero es el único trabajo coordinado con fuentes diferentes. Por otra parte, el financiamiento de Estados Unidos hasta ahora nunca implicó la injerencia de ellos en el desarrollo de los programas, al menos de la OIM. Nosotros les hacemos un pedido puntual y ellos aceptan apoyarlo o no.

¿Por qué la OIM decidió llevar adelante un programa como FOINTRA en Argentina? Lo pregunto en el contexto de que es el único programa de trata que tienen en el Cono Sur, y algunos de los demás países, como Brasil, no están mejor que nosotros.

Cuando se creó FOINTRA Brasil no era aún miembro de la OIM, recién lo es desde hace 6 meses. Pero el objetivo nuestro es que haya un programa regional, o por países. No sólo es importante que cada país del Mercosur tenga una ley sobre trata, sino que armonicen entre ellas. No se puede tener una más dura acá y otra más blanda en Uruguay, porque los tratantes se toman el buquebús y listo. Un sitio impostergable para trabajar es la Triple Frontera –Brasil, Argentina y Paraguay-. Si se hiciera esto, ya habría tres países trabajando juntos. Pero además, la sensibilidad de los gobiernos fue diferente en cada país. Paraguay y Argentina están trabajando a nivel nacional, mientras que en Brasil se lo considera un tema más estadual que federal. Y en Uruguay acaba de asumir un nuevo gobierno que aún no sabemos qué hará. Ahora, el Mercosur como institución está muy atento al tema. Hay una instancia de protección a los derechos humanos dentro de sus programas y allí está señalada como prioritaria la lucha contra la trata.


Editado por Mujereshoy

Fuentes: “Argentina sigue siendo país de destino”. Artemisa Noticias, 2005.

 
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