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16.03.2007 Imprimir Enviar Comentar
ARTÍCULO

República Dominicana: La inocencia de Miriam Brito

Susi Pola

www.quediario.com

La autora narra los hechos de un caso de asesinato cometido por dos mujeres que se tomaron justicia por sus propias manos que vivieron una situación extrema de violencia sexista. A continuación la historia.

En diciembre pasado, la Cámara Penal de la Suprema Corte de Justicia, declaró la inadmisibilidad del recurso de apelación a la solicitud de casación de Miriam Brito y Deidania González, condenándolas a 20 y 30 años de prisión respectivamente, aún cuando la primera sostiene que es inocente y la segunda, autora material confesa, afirma haber sido violada recurrentemente por el occiso, quien la encañonaba con un arma y le decía que "tenía que vivir con él a la fuerza". En ambos casos, queda demostrado el sexismo y desconocimiento del fenómeno de la violencia basada en el género desde la ley penal.

La negación del recurso es también una señal clara del poco aprecio que tiene el sistema por las mujeres sobrevivientes de violencia, así como el poco valor que tienen para esas instancias los compromisos internacionales contraídos por el país, a los que Miriam Brito tendrá que recurrir ahora, alargando el proceso de mujer maltratada por un esposo masculino muy violento y por la misma justicia que hoy la condena. Es que, no solo se ha declarado siempre inocente, sino que también ha demostrado cuantas veces acudió a la justicia a denunciar el terrible maltrato que ella, sus hijos e hijas menores recibían constantemente a manos del muerto, sin que nadie la protegiera.

Este caso de homicidio de un victimario masculino violento, debería de ser tomado como un ejemplo del prejuicio del sistema de derecho penal, la dificultad de acceso al debido proceso que tienen las víctimas sobrevivientes de violencia a la justicia y las diferentes reacciones que establecen el perfil emocional de una mujer en estas circunstancias.

Porque está bien claro que Miriam, masacrada literalmente, asumió el perfil aconsejado por el estatus quo: el de resolver el tremendo problema utilizando los mecanismos del derecho. Y nunca se cansó. Iba y venía. Probaba en otra ciudad. Se escapaba haciendo "tiempo fuera" para recuperar fuerzas. Encontrada por el agresor, volvía. Unas veces por la fuerza y otras por cansancio. Con mucho, pero mucho miedo, por ella, sus hijos e hijas. Visitaba servicios especiales de atención y referida a los departamentos oficiales, acudía a contar su problema, hacerse exámenes psicométricos para ella y su familia. Pero siempre buscó la mano de la justicia que, infaliblemente, se la dejó tendida. Una cronología de hechos probada que muestra a una mujer que quiso salir de esa relación por la puerta grande, cerrada en sus propias narices por la justicia, el entorno inmediato y las demás instituciones de la sociedad.

Está demasiado claro que si Miriam Brito hubiera querido ese fin para su calvario, hace muchos años que lo hubiera decidido y ejecutado. Su historia de mujer que permanece en un ciclo de violencia, está perfilada como el de la víctima que reclama y reclama, a la espera de una solución que venga desde fuera.

En el caso de Deidania, ultrajada, obligada con amenazas concretas a punta de pistola y ser violada, formaba parte del conjunto de víctimas preferidas del agresor y junto a Miriam, a los niños y niñas, también era torturada. Y comenzó a desarrollar el Síndrome de la Mujer Maltratada desde ese pequeño colectivo del que pidió salir, junto con la cancelación de su deuda por meses de trabajo, sin resultado. El agresor le negó todo, pintando para ella un futuro de dolor con el que la obligaba a ser una esclava. A diferencia de Miriam, ella optó por hacer realidad el mensaje cultural de que, "para que la muerte llegue a mi casa, que vaya para la tuya", mito reconocido y asumido por nuestra cultura.

La implacable justicia ni siquiera tomó en cuenta las antecedentes violencias y sin ninguna consideración, optó por seguir protegiendo al victimario en la muerte, como lo protegió en vida, una "eficiencia" que ya quisiéramos tuviera con traficantes, malhechores asociados, ladrones investidos, funcionarios acusados, depredadores del erario público y cien etcéteras agregados.



Editado por Mujereshoy.

Fuentes:

 
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Chile. Concurso Ciudades sin violencia
Perú. Futbolistas agresores de mujeres
México. Contra el acoso en el Metro
Argentina. La fuerza de la ley
Guatemala. “Rebeldía y resistencia activa”
Colombia. Mutilación sexual en mujeres indígenas
Argentina. El otro abuso
India. Contra el acoso sexual
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