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03.04.2007 Imprimir Enviar Comentar
ARTÍCULO

El 8 de Marzo y la Revolución de Octubre

Ana María Portugal

Foto: Rosa Luxemburg y Clara Zetkin.

Este año dentro de la conmemoración del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, por encima de las dudas legítimas o no sobre sus orígenes, queremos traer a la memoria un hecho de gran significación histórica cuyas protagonistas fueron las obreras de Petrogrado en el escenario de la Revolución de Octubre de 1917.

(Mujereshoy) ¿Fue la huelga general de 1917 liderada por las obreras de Petrogrado, la chispa que incendió la revolución rusa? Todo parece indicar que sí. Nuevas pistas historiográficas nos llevan al día clave de esta rebelión: 23 de febrero de 1917 (por el calendario ruso) señalado como Día Internacional de la Mujer en esa época. Esta fecha de acuerdo con el calendario occidental fue el 8 de marzo.

Es bueno recordar que la historia sobre los orígenes del 8 de Marzo, está cruzada por situaciones y hechos que a la luz de investigaciones realizadas a lo largo de casi 40 años, nos muestran un escenario más complejo y rico en acontecimientos marcados por las dos Guerras Mundiales, la Revolución Rusa, la lucha por el sufragio femenino, las pugnas entre socialistas y sufragistas, y el creciente auge del sindicalismo femenino durante las primeras décadas del siglo XX en Europa, Estados Unidos y Latinoamérica.

¿Un 8 legítimo?

El derrotero de estas investigaciones nos conduce al Petrogrado de 1917, lugar donde las obreras textiles salen a las calles el 23 de febrero para exigir justicia a las demandas laborales de la clase obrera, protestar por la escasez de alimentos y la participación de Rusia en la I Guerra Mundial. Esta revuelta denominada Revolución de Febrero se realiza contrariando las órdenes de la dirigencia de la oposición zarista, renuente a convocar una huelga general en esta fecha por temor a una gran represión.

Hoy la insurrección de Petrogrado es considerada como la primera fase de la Revolución que precipitó la abdicación del Zar Nicolás II. La presencia y protagonismo de las mujeres obreras fue determinante. Para dar fundamento a esta versión existen los testimonios de dos importantes testigos de esa época citados por el estudioso Vito Gianotti, Alexandra Kollontai y León Trostky, miembros del Comité Central del Partido Obrero Socialdemocráta de Rusia. El testimonio de Trotsky es muy elocuente, figura en el primer tomo de su Historia de la Revolución Rusa.

“El 23 de febrero era el Día Internacional de la Mujer. Los elementos socialdemócratas se proponían festejarlo de manera tradicional: con asambleas, discursos manifiestos, etc. A nadie se le pasó por las mentes que el Día de la Mujer pudiera convertirse en el primer día de la revolución. Ninguna organización hizo un llamamiento a la huelga para ese día. La organización bolchevique más combativa de todas, el Comité de la barriada obrera de Viborg, aconsejó que no se fuese a la huelga”.

Pero, según Trotsky, a pesar que muchos sectores obreros de Viborg estaban dispuestos a salir, los dirigentes consideraron “que no había llegado todavía el momento de la acción”, en vista de que el Partido no era suficientemente fuerte, y no había seguridad de la adhesión de los soldados. Así, en vísperas del 23 de febrero, la decisión fue no ir a la huelga, “sino prepararse para la acción revolucionaria en un vago futuro”.


“Al día siguiente”, sigue diciendo Trostky, “haciendo caso omiso de sus instrucciones, se declararon en huelga las obreras de algunas fábricas textiles y enviaron delegadas a los metalúrgicos pidiéndoles que secundaran el movimiento”. Según Kajurov, uno de los líderes obreros, “fueron a la huelga a regañadientes, secundados por los obreros mencheviques y socialrevolucionarios”. Por su parte Alexandra Kollontai escribió: “El día de las obreras, el 8 de Marzo, fue una fecha memorable en la historia. Ese día las mujeres rusas levantaron la antorcha de la revolución”. Ocho meses después los bolcheviques asumen el poder y el curso de la historia cambió.

En 1921, en pleno auge de la URSS se realiza la Conferencia de las Mujeres Comunistas que acuerda instituir el 8 de Marzo como Día de la Mujer Comunista. Esta fecha tendrá auge durante los primeros años de la Revolución Rusa y los países de la orbita soviética. Pero las dos Guerras Mundiales, la aparición del nazismo en Alemania y la burocratización estalinista, entierran “las manifestaciones del 8 de Marzo” (Gianotti). Este autor advierte que a medida que la URSS se convierte en un régimen absolutista, pierde su espíritu revolucionario y con ello borra de la memoria el contenido rebelde y pionero del episodio de Petrogrado con las obreras como protagonistas.

Esto no debe extrañarnos. Es innumerable la cantidad de veces en que las historias oficiales han ignorado, borrado o minimizado la actuación de las mujeres. Las obreras de Petrogrado “osaron” invadir un terreno de exclusivo dominio masculino: la actividad política y la conducción “iluminada” del proceso revolucionario. Quedará para la historia en letras de molde, los nombres de los dirigentes varones como los únicos artífices de la Revolución de Octubre y muy pocos mujeres que terminaron figurando como la comparsa de los esclarecidos.

Hoy, los testimonios de Kollontai y de Trostky constituyen un valioso documento al rescatar la verdad de los hechos. No es casual que Alexandra Kollontai y León Trosky fueran estigmatizados y proscritos por el stalinismo.

1857 y otras historias

Al término de la II Guerra Mundial, en Europa, durante las décadas de 1950 y 1960, la conmemoración del 8 de Marzo en los países comunistas, resalta el heroísmo de unas
obreras textiles en huelga que murieron quemadas al quedar encerradas en la instalaciones de la fábrica donde trabajaban. A esta movilización se le adjudicó una fecha y un lugar preciso: 8 de marzo de 1857, Nueva York.

En la década de 1950, un artículo publicado en el periódico del Partido Comunista francés L`Humanité, destaca la historia de las obreras de Nueva York, recordando que en su memoria se estableció el 8 de Marzo. La misma versión es replicada el 1 de marzo de 1964, en la prensa de la CGT francesa. Posteriormente, el boletín de la Federación Democrática Internacional de Mujeres de Alemania Oriental (RDA), publicado en 1966 retoma esta historia. (Gianotti). Petrogrado quedó sepultado.

La publicación de las mujeres alemanas relata que en la II Conferencia de la Internacional Socialista de Mujeres, la dirigenta Clara Zetkin propuso la fecha del 8 de Marzo como Día Internacional de la Mujer “en recuerdo a la fecha de la huelga de las tejedoras americanas, 53 años antes” (Gianotti) Con la aparición de la segunda ola del feminismo occidental, el 8 de Marzo es recuperado por los primeros grupos de mujeres estadounidenses entre 1968 y 1969, pero los actos de conmemoración no recogen la fecha de 1917.

En el afán de aportar más información sobre esta huelga y esclarecer los orígenes del 8 de Marzo, a lo largo del tiempo aparecieron distintos trabajos de investigación en esta línea. Uno de los más importantes es el de la historiadora canadiense Renée Coté, publicado en 1984 con el largo título El Día Internacional de la Mujer. Los verdaderos hechos y fechas de los misteriosos orígenes del 8 de marzo, hasta hoy confusos, maquillados y olvidados.

Coté luego de una búsqueda de 10 años en bibliotecas, periódicos, revistas y archivos de la prensa obrera de Norteamérica y Europa, afirma que no existen pruebas documentales sobre que este incendio ocurriera en 1857, y menos que fuera el móvil para establecer una jornada internacional de las mujeres.

Cuando en la década de 1970, la historia consagrada del incendio de 1857, era mundialmente difundida, el periódico feminista francés Historia d`Elles, en su número 0 de 1977, dedicado al 8 de Marzo, llamó la atención sobre esta versión a su juicio errónea, advirtiendo que luego de “largas búsquedas, nada se encontró, sobre la famosa huelga de Nueva York, de 1857. Pero esta alerta no tuvo eco””. (Gianotti).

Algunas polémicas

Al margen de estas polémicas, debemos rescatar el origen netamente socialista de esta conmemoración que surge en los países industrializados en un tiempo de encendidos debates ideológicos y de turbulencia social.

En 1901, nace el Partido Socialista de Estados Unidos que favorece la formación de la Unión
Socialista de las Mujeres con la finalidad entre otras, de realizar campañas por el voto femenino. En Europa, los partidos socialistas se muestran favorables a desarrollar una plataforma a favor de los derechos de las mujeres. En Alemania, la derogación de las leyes que prohibían a las mujeres alemanas tener actividad política, atrae en 1908 a cientos de mujeres a ingresar al Partido Socialdemócrata (Reck, Vidal).

Una de las figuras centrales que impulsó la organización de las mujeres en el Partido Socialdemócrata alemán fue la dirigenta Clara Zetkin (1857-1933). Con este propósito
creó la revista Igualdad (Die Gleichheit) en 1891 que llegó a tener 125 mil suscripciones. Fue
su directora hasta 1917. Esta publicación se convirtió en el órgano oficial de la Internacional de Mujeres Socialistas (Reck, Vidal).

De acuerdo con Alicia Mijares, “las bases para un movimiento femenino fueron puestas por Clara Zetkin. Amparándose en las tesis de Bebel, subrayó que la lucha de las mujeres obreras por su emancipación era parte integrante de la lucha del proletariado”. Fue insistente en advertir la imposibilidad de una colaboración “entre burguesas y proletarias”. Mijares concluye afirmando que “sus presupuestos fueron aceptados por el partido como medio más adecuado de evitar una tendencia separatista por parte de las mujeres”.

Con anterioridad, en 1900, dentro del Programa Mínimo del VI Congreso Nacional del Partido Socialista italiano, se aprobó el “sufragio universal, simple, directo y secreto para todos los mayores de edad de ambos sexos”. Vemos que el marco de referencia para la acción es el sufragio femenino, terreno en disputa entre las socialistas feministas y las feministas/sufragistas de tendencia liberal. El debate al interior de los partidos socialistas de Alemania y Estados Unidos sobre la situación de la mujer y el sufragio femenino, es introducido por primera vez en los congresos de la II Internacional Socialista de 1889 y 1893. Clara Zetkin, Louise Kaustsky, Ottilie Baader y jóvenes obreras austriacas fueron las que lo iniciaron dando lugar a dos corrientes.

La primera considerada “radical”, insistía que era prioritario apoyar a las trabajadoras más explotadas y que tanto el movimiento obrero como el Partido debían hacer del “problema femenino” un asunto prioritario. La segunda tendencia, denominada “burguesa”, sostenía que había que apartarse de la línea dominante del sindicalismo y de la tesis sobre la condición de la mujer sostenidas por el marxismo, para, a través de un análisis específico, elaborar propuestas de cambio a favor de las mujeres y de esta manera justificar sus luchas. Queda así trazada una línea demarcatoria que definirá durante décadas las tensiones entre el socialismo y el feminismo. (Mijares).

Las dos Conferencias Internacionales de Mujeres Socialistas (Stuttgart, 1907, Copenhague, 1910) marcan una línea: ninguna cooperación con el sufragismo burgués, en circunstancias en que la campaña por el derecho al sufragio femenino adquiría grandes proporciones en Estados Unidos e Inglaterra, pues desde la mitad de la década de 1860, voces de mujeres en esos países reclamaban derechos políticos.

En 1867 surge en Inglaterra, la Sociedad Nacional Pro Sufragio de la Mujer (National Society for Women`s Suffrage, NSWS) liderada por Lydia Becker. Al año siguiente, en Estados Unidos, Elizabeth Cady Stanton y Susan B. Anthony fundan la Asociación Nacional Pro Sufragio de la Mujer (National Woman Suffrage Association, NWSA), bajo la premisa “que la lucha por los derechos de la mujer dependía de las mujeres solas” (Mijares).

Es por ello que en Stuttgart, 58 delegadas representantes de 17 países, aprueban una moción para comprometer el apoyo de sus partidos en la campaña por el sufragio. “Todos los partidos socialistas deben luchar por el sufragio femenino”. Esta moción fue elaborada en la casa de Clara Zetkin, por ella y sus huéspedes, Rosa Luxemburgo y Alexandra Kollontai (Gianotti).

En Estados Unidos, el debate dentro del Partido Socialista se hace en los llamados Clubes de Mujeres Socialistas que en gran medida rechazaban toda forma de cooperación con las sufragistas burguesas, pero al mismo tiempo las militantes sentían que la dirección del Partido no estaba acogiendo sus demandas. En 1909, el Comité de Mujeres Socialistas tomó la decisión de participar en acciones por el sufragio al lado de las sufragistas, esto despertó encontradas reacciones (Mijares).

Gestacion de una fecha

El debate sobre el sufragio y el acceso de las mujeres al trabajo remunerado en iguales condiciones con los hombres, así como su incorporación a los sindicatos, son temas presentes en las actividades de las mujeres socialistas estadounidenses dentro de los llamados Women`s Day (Día de la Mujer), antecedentes del 8 de Marzo. En 1908, domingo 3 de marzo, la Federación de Mujeres Socialistas de Chicago, convoca a un Día de la Mujer en el Teatro The Garrick para discutir sobre “la educación de la clase trabajadora y la mujer y el Partido Socialista”.

Esa iniciativa, según Vito Gianotti, partió de las propias mujeres y no del Partido que no reconoció este encuentro. Por ello al año siguiente, el 28 de febrero el Partido, se organizó
oficialmente en Nueva York “el primer Día de la Mujer”. El tema central fue “obtener el derecho de voto y abolir la esclavitud sexual” (Gianotti).

El segundo Día oficial de la Mujer se realizó el último domingo de febrero de 1910 en Nueva York, con el objetivo de “enrolar a las mujeres en el ejército de los camaradas de la revolución social”. La concurrencia de un importante número de obreras textiles de la Compañía de Blusas Triangle que el año anterior habían sostenido una larga huelga en protesta por haber sido despedidas, otorgó un sello especial al acto. Esta huelga conocida como la “sublevación de las 20.000” (por el número aproximado de trabajadoras de diversas fábricas que prestaron su apoyo), duró del 28 de septiembre de 1909 al 15 de febrero de 1910, fecha cercana al Día de la Mujer. A partir de esa fecha y hasta 1914, las celebraciones en Estados Unidos se cumplirán el último domingo de febrero.

Más tarde se celebra en Copenhague, la II Conferencia de la Internacional Socialista de Mujeres, evento de trascendencia histórica. Es ahí donde las delegadas del Partido Socialista estadounidense Lena Morrow y Mary Wood Simons presentan la propuesta de su Partido de establecer un día internacional de la mujer. “Así aceptando la propuesta de las delegadas de Estados Unidos, Clara Zetkin y otras camaradas proponen la realización anual del Día Internacional de la Mujer Socialista sin especificar una fecha determinada dejando que cada país la determinara, tampoco se hace referencia al supuesto suceso de 1857”. Un total de 100 delegadas de 17 países asume este compromiso.

Una segunda propuesta presentada al Plenario defendida por Clara Zetkin y otras mujeres, que pedía conmemorar el Día de la Mujer junto a la fecha del 1 de Mayo no tuvo aceptación, pues la mayoría consideró “que el Día de la Mujer debería ser conmemorado en un día propio específico”. El texto de la Resolución publicado en Igualdad el 29 de agosto de 1910, establece: “Las mujeres socialistas de todas las naciones organizarán un Día de las Mujeres, cuyo primer objetivo será promover el derecho de voto de las mujeres. Es preciso discutir esta propuesta, conectándola a la cuestión más amplia de las mujeres, en una perspectiva socialista” (Gianotti).

En Europa el primer Día Socialista de la Mujer tiene lugar el 19 de marzo de 1911 por acuerdo de la Secretaría de la Mujer Socialista, organismo de la Internacional Socialista. Alejandra Kollontai propuso ese día, en memoria del levantamiento que protagonizaron las mujeres obreras en Prusia, el 19 de marzo de 1848 en el marco de la Revolución Alemana. Estados Unidos siguió celebrando el último domingo de febrero hasta 1913. En Rusia la primera conmemoración se realizó el 3 de marzo de 1913. Al año siguiente todas organizadoras son encarceladas.

En 1911, al calor del activismo de ese día, Alexandra Kollontai haciendo un balance de las movilizaciones en los distintos países de Europa, dijo: “Era un mar de mujeres, estremecido y en plena ebullición. Se organizaron reuniones en todas partes, en pequeños pueblos, e incluso en aldeas, los recintos se abarrotaron de tal forma que tuvieron que pedir a los trabajadores que cedieran su lugar a las mujeres. Para variar, los hombres se quedaron en casa con sus hijos, y sus esposas, amas de casa, cautivas, acudieron a las reuniones” (Stevens). La misma Kollontai ungida como Comisaria del Pueblo para la Asistencia Pública
por el nuevo gobierno de los soviet, convence “a Lenin para convertir dicha fecha en un festividad comunista oficial, en conmemoración de las ¨heroicas mujeres trabajadoras”, en alusión a las obreras de la histórica huelga de Petrogrado.

Significado político

En el decenio de 1970 del siglo pasado, el feminismo organizado dará un nuevo contenido a esta fecha en “la invención de gestos, palabras y modos de estar”, que “han transformado el 8 de Marzo de los últimos años en una ocasión de creatividad femenina”, escribieron en 1985, Tilde Capomazza y Marisa Ombra, historiadoras italianas. Ellas afirmaron que “desde el momento en que el feminismo también hizo suyo el 8 de marzo, cambia la propia imagen de ese Día. El tema de la sexualidad volvió a ser puesto en la orden del día. Es un tema que, habiendo estado fugazmente presente en los orígenes de la historia, fue después excluido de toda la tradición posterior ligada a la II y III Internacional”.

Este rescate del espíritu del 8 de Marzo que se inició en la década de 1970 del siglo XX debe continuar. Debemos luchar por preservar su significado político y cultural, hoy amenazado por expresiones y contenidos comerciales, faranduleros y superficiales que han convertido a esta fecha en una mera exaltación al mujerismo en el homenaje vacuo.

El 8 de Marzo debe ser una jornada de reflexión para recordar a nuestras ancestras, las pioneras de todos los tiempos que nos dejaron un legado de coraje, sabiduría e independencia.

Que sepan las nuevas generaciones de mujeres que los derechos de los que hoy nos beneficiamos fueron ganados duramente por estas valientes mujeres que se enfrentaron a la incompresión, el autoritarismo y la maledicencia de la sociedad de su tiempo.

Ellas nos abrieron el camino. Gracias a ellas, las mujeres del siglo XXI buscaran nuevos modos de ser, como quería Rosario Castellanos.

Fuentes:

Coté,Renée. 1984. La Tournée Internationale des Femmes ou Les varaies des mystérieuses origenes du 8 mars. Jusqu`ici embroullées, truquées, oubliées. Les Editions de Rémue, Menage, Montreal.

Baerga, María del Carmen. Rivera, Marcia. 1988. 8 de Marzo. Luchas cotidianas a favor del bienestar e igualdad. Centro de Investigaciones Académicas de la Universidad del Sagrado Corazón. Centro de Estudios de la Realidad Puertorriqueña, Puerto Rico.

Blay, Eva. 1999. 8 de marzo. Conquistas y controversias.

Bourgetweau, Sylviane. El 8 de marzo ¿mito o leyenda? FEM Nº 51, México.

Capomazza, Tilde. Ombra, Marisa. 1985. 8 de marzo. Historia, mito, rito del Día
Internacional de la Mujer. Cooperativa Utopía, Italia.

Jaiven Lau, Ana. 1989. La Huelga de las Mujeres. FEM Nº 45, México.

Gianotti, Vito. 2004. El verdadero origen del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora. www.marxismo.org

Martín Gomero, Amalia. 1975. Antología del Feminismo. Alianza Editorial, Madrid.

Miyares, Alicia. 1994. Sufragismo. Historia de la Teoría Feminista. Varias autoras. Coord. Celia Amorós. Dirección General de la Mujer. Instituto de Investigaciones Feministas. Universidad Complutense de Madrid, España.

Reck, Adela. Vidal, Malena. 2003. En el 146º aniversario del natalicio de Clara Zetkin. Diferentes pero iguales. Rima, Argentina.

Stevens, Joyce. 1985. A History of International Women`s Day.






Fuentes:

 
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