| Internacional. Violencia sexual en las escuelas
Teresa Sosa (*)
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Un informe de Naciones Unidas dado a conocer en 2006, destaca que la violencia psicólogica y sexual contra las niñas y adolescentes en el interior de los establecimientos educacionales en un hecho silenciado. Es un tema tabú. No se denuncia.
Denuncias de organismos internacionales
El informe "Acabar con la violencia contra los niños, niñas y adolescentes", de Naciones Unidas, del experto independiente Paulo Sergio Pinheiro (2006) señala que la violencia contra la niñas y las adolescentes en las escuelas es un hecho silenciado, y al que no se le da la atención necesaria, ni desde cada plantel ni desde las instancias educativas gubernamentales con competencia para poder prevenirla y erradicarla. El informe enfatiza que esta violencia en las escuelas, no se denuncia; que las niñas y las adolescentes son muy vulnerables por su condición de género. La investigación, que toma muy en cuenta los testimonios, evidencia que entre otras formas de violencia escolar, el acoso sexual contra las escolares es cotidiana en el interior de las instituciones educativas.
Amnistía Internacional en su informe “Escuelas Seguras: el derecho de cada niña” (2008) pide a los gobiernos del mundo que tomen medidas concretas para poner fin a la violencia contra las niñas y las adolescentes en las escuelas. Porque éstas sufren violencia a manos de docentes, personal de la escuela y estudiantes varones. “Los gobiernos están fallando a las niñas en lo más básico. El hecho de que no resuelvan el problema de la violencia contra ellas en las escuelas es inaceptable”, dijo Widney Brown, directora general de Amnistía Internacional. El informe revela que las escolares se enfrentan constantemente a la discriminación, a recibir golpes, son agredidas sexualmente, acosadas o intimidadas de camino a sus escuelas o una vez en éstas. Las agresiones sexuales provienen de escolares varones. Y como si fuera poco, escuchan cómo los docentes les ofrecen calificaciones más altas a cambio de favores sexuales, e incluso son violadas en el salón de docentes.
El informe expresa que la dirección de las escuelas y sus docentes muy a menudo pasan por alto insinuaciones sexuales agresivas e inadecuadas de los escolares hacia las escolares, con el argumento de que “son cosas de muchachos”, y que como estos tipos de conductas no se denuncian ni se castigan, se está enviando a la sociedad el mensaje de que la violencia contra las niñas, las adolecentes y las mujeres, es algo aceptable y que la agresión masculina es algo normal. Igual sucede con las niñas y las adolescentes, comienzan a temprana edad a internalizar la violencia contra ellas como algo “natural”.
Burlas, Acoso e Intimidación
Coinciden los informes de ONU y AI al señalar que la violencia afecta por igual a niñas más grandes o más pequeñas. Las que pertenecen a una etnia diferente, las que carecen de recursos económicos, las que sufren alguna discapacidad, las que son consideradas menos "femeninas" por sus actitudes, las que se apartan de la norma de alguna otra manera, pueden convertirse en blanco específico de insultos, golpes, bromas y acoso. Muchos niños, adolescentes varones y hombres, consideran las burlas como “juegos”, igualmente un sinnúmero de directivos/as, y docentes, pero para las escolares que las sufren son intimidatorias y degradantes. La situación cuando ellas tienen alguna discapacidad, es más grave; sufren tanto agresiones sexistas como discriminación a causa de su estado físico, que las hace objeto de burlas, abusos físicos y violencia sexual. Sufren un mayor índice de violencia de parte de personas adultas que forman parte de la estructura escolar y de los compañeros de estudio. Se les causa dolor y cae en letra muerta la idea de que todas las niñas y todas las adolescentes, tienen derecho a la educación en un entorno no impregnado de violencia que vulnera su salud mental y autoestima.
Comportamiento Condenable
La violencia contra las niñas y las adolescentes en las escuelas es muy dañina, es necesario intervenir antes de que cause daños psicológicos, físicos o sexuales, mayores. Cuando en las escuelas se produce violencia de cualquier índole contra las escolares y no se denuncia ni se condena, con el tiempo ésta se convierte en parte de las normas sociales, y las generaciones siguientes terminan por creer que la violencia contra las mujeres es aceptable. Es comprensible que las escolares no denuncien los incidentes de violencia porque temen no ser escuchadas, recibir un trato injusto, verse ridiculizadas, dado que consideran que nadie va a actuar al respecto. Mientras los agresores puedan cometer sus delitos sin temor al castigo, la práctica de la violencia seguirá impune. Desde las burlas hasta los golpes, desde los manoseos hasta las agresiones, todas las formas de violencia contra las niñas y las adolescentes en las escuelas son dañinas y pueden interrumpir su escolarización, privándolas tanto de su derecho a la educación como de su derecho a una vida libre de violencia.
Consecuencias
La violencia hace que las niñas y las adolescentes no quieran ir a su escuela o dejen de asistir durante días, abandonen los estudios o no participen plenamente en la vida escolar, en numerosos casos. Los efectos son dolor, miedo, baja autoestima, enfermedades de transmisión sexual, embarazos no deseados y depresión. Las agresiones contra las niñas y las adolescentes en las escuelas tienen efectos inmediatos y a largo plazo, no sólo en su salud física y mental, sino en el ámbito de la enseñanza. Si abandonan los estudios pierden toda esperanza de escapar de la pobreza y de la marginación. Si la violencia contra las escolares queda impune, los escolares aprenden, que la violencia contra las niñas, contra las adolescentes, contra las mujeres, es aceptable, y que la agresión por parte de ellos como varones es la norma, como antes señalamos.
El informe de ONU que hemos mencionado, expresa que las consecuencias de la violencia contra las escolares, que varían en su naturaleza y severidad, tienen sus repercusiones. A corto y largo plazo pueden ser devastadoras en sus vidas. Algunas consecuencias son los daños físicos y psicológicos que se constituyen en factores negativos para el aprendizaje, porque la exposición temprana a la violencia puede tener impacto en la estructura del cerebro que está en proceso de maduración. En el caso de exposición prolongada a la violencia, inclusive como testigas, puede provocar mayor predisposición a sufrir limitaciones sociales, emocionales y cognitivas durante toda la vida, así como la obesidad y a adoptar comportamientos de riesgo para la salud, como el uso de sustancias adictivas, tener relaciones sexuales precoces, consumo de cigarrillos a corta edad, señala el informe de ONU.
¿Qué Hacer?
Como hemos visto, los informes de ONU y de AI que hemos invocado dejan sentir la necesidad de la sanción, el castigo para los agresores; pero en sus recomendaciones plantean que es indispensable establecer políticas educativas públicas de prevención con miras a la erradicación de la violencia de género contra las escolares; que es crucial que estas políticas públicas que favorezcan, apoyen y encaucen la tarea, sean realistas y efectivas; que directivos/as, docentes, se involucren en la prevención, pero para que todo esto ocurra, es imprescindible que los centros de educación superior dedicados a la formación de educadoras/es, incorporen este tema y la perspectiva de género en el curriculo de la formación académica de docentes; es abrir el camino para que el curriculo escolar formal coadyuve a desmontar al curriculo oculto-cultural, desde las aulas de clases.
El Estado venezolano tiene 15 años de incumplimiento legal al respecto. La Ley de Igualdad de Oportunidades para la Mujer (1993, 1999) es letra muerta. El Ministerio del Poder Popular para la Educación no está acatando la competencia y la obligación que le asignó esta Ley, no ha procedido a hacer realidad en las escuelas la ejecución de sus principios de igualdad y de equidad (Art.8), desglosados para su operatividad en el Artículo 9º en las letras: a), b), c), d), e), f), g) La letra a) dispone que el ME debe incorporar nuevos métodos desde el nivel preescolar para modificar patrones socioculturales que estén basados en la idea de inferioridad o superioridad de cualquiera de los sexos. La letra b) dispone que el ME debe orientar al personal docente en las prácticas educativas para la igualdad. La letra g) dispone que el ME debe garantizar que los planes de estudio, los enfoques pedagógicos, textos, publicaciones y materiales de apoyo docente, expongan la igualdad entre hombres y mujeres; que el ME debe velar porque todo contenido contrario a lo anterior, sea excluido de la actividad docente, pública y privada. ME, Minmujer, la Ley les dice que está a la espera de que la saquen de la urna.
(*) Teresa Sosa, periodista y activista feminista venezolana.
Editado por Mujeres Hoy
Fuentes: Palabra de Mujer. Diario de los Andes, Trujillo, Venezuela. 2008.
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