PANORAMA/Trabajo
22.07.2003
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ARTÍCULO
Palliris, escarbar entre desechos
Las palliris cumplen su tarea en el horario que les permite su propia condición de madres, que "atienden a cuatro, seis y hasta diez hijos" (Foto: Juan Vaca Diez/ Msm.es)
 
Pobres y enfermas de reumatismo, más de 3 mil mujeres escarban en las montañas de desechos de las minas de Bolivia en busca de rocas con algún valor. Son las palliris, buscadoras en idioma quechua, en un país donde la minería tuvo su época dorada hace varios siglos.

Una palliri es la mujer minera que, para ayudar a la economía de su hogar, rasca entre las miles de toneladas de restos de roca en pos de algunos kilos de mineral que pueda vender a la misma empresa que le permite ingresar al campamento.

En Bolivia, unos 5 mil obreros trabajan para las minas privadas y estatales. Mientras que más de 50 mil, son socios trabajadores de las cooperativas mineras del país.

Dentro de esas cifras, hay una minoría de mujeres, que llegaron a este sub trabajo minero, porque quieren ayudar a sus esposos. Además, muchas son palliris porque sus maridos enfermaron o murieron y están obligadas a mantener a sus hijos e hijas.

Es el caso de Margarita Alcalá, representante de su sector en la Federación de Cooperativas Mineras de Bolivia (Fencomin), que vive y trabaja en un centro del departamento andino de Potosí, en el suroeste del país.

El marido de Margarita está enfermo debido a un accidente en la mina que le dañó la columna vertebral; ella lo reemplaza desde hace varios años para mantenerle a él y a sus cuatro hijos.

"He trabajado en los desmontes, buscando plomo, plata y complejos (aglomerados) de zinc o de estaño, y también he tenido que estar en el interior de una mina, por necesidad", cuenta.

En los campamentos mineros, la mayoría situados en las montañas del occidente del país, las palliris cumplen su tarea en el horario que les permite su propia condición de madres, que "atienden a cuatro, seis y hasta diez hijos", dice Alcalá.

El martillo es la herramienta más utilizada por estas mujeres, aunque también manejanotros instrumentos para completar su trabajo de selección, y no es raro que los hijos e hijas menores estén al lado de sus madres.

Uno de los lugares más frecuentados por estas mujeres mineras es el Cerro Rico, de la ciudad de Potosí, emblema de la riqueza que posee este país sudamericano y símbolo presente en su escudo nacional y en su moneda.

Se calcula que en el Cerro Rico coexisten más de 30 cooperativas, en las cuales hay muchas mujeres que trabajan diariamente, muchas veces más de diez horas, para extraer material a los "desmontes" acumulados en sus faldas.

En muchos casos, las palliris lavan el mismo material que han explotado antes, porque los grupos de búsqueda se han multiplicado y los lugares están muy alejados.

En una semana exitosa, un grupo de cuatro personas obtiene 10 kilos de roca con contenido mineral, lo que equivale a un promedio de 40 kilos mensuales, por los que reciben de 50 a 100 dólares, según datos recogidos en el centro minero de Huanuni, uno de los más importantes de Bolivia.

La dirigente asegura que el trabajo de las mujeres "es sacrificado", tanto porque en las cooperativas no hay maquinaria, como "por la crisis en el país y especialmente porque los precios están bajos en el mercado internacional".

Margarita Alcalá cree que muchas de sus compañeras están enfermas de artritis, debido a la constante utilización de agua en su labor, y de tuberculosis, habitual dolencia entre los y las trabajadoras mineras del país.


Fuente: Agencias, Mujeres Hoy