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La disfunción sexual femenina en entredicho |
La aparición del Viagra, en 1998, estableció un antes y un después en el tratamiento de la disfunción sexual masculina y, además, generó un atractivo mercado para las compañías farmacéuticas. La pastilla, recetada a más de 17 millones de varones en todo el mundo, permitió a la farmacéutica Pfizer ganar 1500 millones de dólares en un año. Ahora, la industria busca obtener ganancias de las mujeres descontentas con su vida sexual, y habría impulsado “la creación de una nueva enfermedad: la disfunción sexual femenina”.
(Mhoy, 6 de enero 2003). En un artículo publicado en el último número de la prestigiosa revista British Medical Journal, el periodista australiano Ray Moynihan afirma que la creación de nuevas enfermedades por parte de las empresas farmacéuticas no es un fenómeno nuevo. Sin embargo, la invención de la disfunción sexual femenina es el más reciente y claro ejemplo de ello, según lo publicado por el diario la Nación de Argentina.
El periodista australiano advierte que “Investigadores con lazos muy estrechos con las compañías están trabajando junto a sus colegas de la industria farmacéutica para desarrollar y definir una nueva categoría de enfermedad, en encuentros científicos auspiciados por las compañías que compiten en el desarrollo de nuevas drogas”. Aunque Moynihan no niega la existencia de alteraciones en la vida sexual de las mujeres, se opone a su medicalización, hecha a medida de las necesidades del mercado farmacéutico: “El riesgo potencial de un proceso tan fuertemente “esponsoreado” (patrocinado) por las compañías farmacéuticas es que las complejas causas sociales, personales y físicas de las dificultades sexuales (y sus soluciones) sean olvidadas en el apuro por diagnosticar, etiquetar y prescribir”.
Este redactor del Australian Finance Review investiga desde hace años la injerencia de la industria farmacéutica en la elaboración de los criterios médicos para el diagnóstico y el tratamiento de las enfermedades. En un artículo publicado en abril de 2002 afirmaba: “Mucho dinero puede obtenerse de gente sana que cree que está enferma. Las compañías farmacéuticas esponsorean las enfermedades y las promueven entre quienes prescriben y consumen medicamentos”. .La réplica de las farmacéuticas no tardó en llegar: “Trabajamos para satisfacer necesidades médicas” dijo un portavoz de Pfizer; “todo lo que estamos haciendo es ofrecer un alternativa que pueda ser utilizada por los médicos”, comunicó la industria farmacéutica británica.
En la actualidad, muchos médicos prescriben Viagra a mujeres en el marco de ensayos clínicos destinados a probar su eficacia en el tratamiento de la cuestionada disfunción sexual femenina. Según Moynihan, la actual definición de disfunción sexual femenina comenzó a ser elaborada en una reunión médica realizada en Cape Cod (en la costa este de Estados Unidos) en 1997, y finalmente tomó forma al año siguiente en un encuentro que se llevó a cabo en Boston: “La publicación del consenso fue financiada por ocho farmacéuticas, y 18 de los 19 autores de la nueva definición tenían intereses financieros u otro tipo de relación con un total de 22 compañías que elaboran medicamentos”.
Finalmente, Moynihan critica especialmente un estudio publicado en 1999, en el Journal of the American Medical Association, que concluía que el 43% de las mujeres sufría de alguna disfunción sexual. En su artículo cita a la psiquiatra norteamericana Sandra Leiblum, quien sostiene que esa alteración es mucho menos prevalente: “La insatisfacción sexual e incluso la indiferencia existen en muchas mujeres, pero eso no quiere decir que ellas tengan una enfermedad”. Moynihan cita también al doctor John Bancroft, director del Kinsey Institute, para quien la actual definición de disfunción sexual femenina es engañosa: “La inhibición del deseo sexual es muchas veces una respuesta saludable para las mujeres que se enfrentan al estrés, el cansancio o comportamientos amenazantes de sus parejas”, afirma Bancroft.
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