MEMORIA/Perfiles
21.08.2003
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ARTÍCULO
Matilde Montoya, la primera médica
Ana María Portugal/Mujereshoy
Matilde Montoya (1859-1938)
 
El 25 de agosto de 1887, Matilde Montoya se convierte en la primera médica cirujana de México. En ese mismo año, en fechas diferentes, Eloísa Díaz y Ernestina Pérez, en Chile, y Rita Lobato Velho Lopez, en Brasil, reciben sus respectivos títulos universitarios que las acredita para ejercer la medicina.

Aunque en la Gaceta Médica de México de 1877 existe una referencia sobre una estudiante de nombre Zenaida Ucounkoff, la que fue examinada para obtener el título de médica, no se conoce más información sobre esta antecesora de Montoya. De acuerdo a la Gaceta Médica, dato obtenido por las historiadoras Sonia C. Flores y Mariblanca Ramos, Zenaida Ucounkoff elaboró una tesis sobre el Papel del éter en inyecciones subcutáneas, y del empleo que puede hacerse de él para suplir la transfusión de sangre.

Ambas historiadoras convienen que este dato debe ser rastreado para confirmar su procedencia, “lo cual convertiría a la doctora Matilde Montoya en la segunda mujer médica de nuestro país, titulada en la escuela de Medicina de México”.

Precoz estudiante

En su libro Mujeres notables mexicanas, publicado en 1910, la escritora Laureana Wrigth de Kleinhans (1846-1896), recoge en detalle la vida y trayectoria profesional de Matilde Montoya, una de las primeras mujeres que se matriculó en la universidad para seguir la carrera de medicina.

Un rasgo que Kleinhans destaca de la personalidad de Matilde Montoya, nacida el 14 de marzo de 1859, es su precoz deseo de estudiar y acceder al mundo del conocimiento cuando, siendo muy pequeña, concurre a una escuela primaria destacando con brillo. Esto lleva a sus padres a contratar profesores particulares para que la preparen en la carrera magisterial. Tenía sólo 12 años al finalizar su etapa escolar.

Pero es rechazada en el examen de selección. No tiene la edad requerida, debe esperar a cumplir los 16 años. Su madre, Soledad Lafragua de Montoya, en un gesto inusual para la época, la impulsa a estudiar obstetricia “para no perder el tiempo”.

En el siglo XIX, la práctica de la partería era una actividad en aumento entre las mujeres, tradición que venía de la época prehispánica. Esta realidad llevó a los médicos a considerar que esta actividad tuviera reconocimiento formal.

Entre los años 1989 y 1900, rindieron exámenes en la Escuela de Medicina cerca de 109 parteras. La primera partera que estudia en ese establecimiento es Dolores Román, quien en 1853 obtiene oficialmente su título.

Matilde Montoya, aparentando ser mayor de edad, consigue el 11 de enero de 1870 ser matriculada en la Escuela Nacional de Medicina para seguir estudios de obstetricia. Serán años de aprendizaje y de estudios sin tregua, a contrapelo de las contrariedades y sinsabores que debe sobrellevar para conseguir su cometido.