MEMORIA/Perfiles
21.08.2003
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ARTÍCULO
Matilde Montoya, la primera médica

 


Un peldaño más

Durante el siglo XIX, en la mayoría de los países del continente, las puertas de la universidad estaban cerradas para las mujeres. Las pocas que deciden saltar esa valla deben obtener un permiso especial del gobierno y de las autoridades universitarias.

La instrucción femenina consistía en el aprendizaje de lectura y aritmética, como materias básicas. No existían establecimientos de enseñanza media para mujeres. Las instituciones de este tipo, como los Colegios Mayores de San Pedro y San Pablo y San Idelfonso, estaban en manos del clero y eran exclusivamente para varones.

En 1867 el panorama educativo empieza a cambiar. Ese año se funda la Escuela Nacional Preparatoria por un decreto del Presidente Benito Juárez. Esta Escuela se abre al mundo de las ideas liberales y laicas.

Es en este establecimiento donde Matilde Montoya seguirá estudios de nivelación media para acceder a una matrícula en la Escuela de Medicina. En febrero de 1882 se convierte en la primera mujer en inscribirse e ingresar a la Escuela Nacional Preparatoria.

Su ingreso a la Escuela Nacional de Medicina se produce en 1882. Por la misma época, Margarita Chorné y Salazar, sigue estudios en la Facultad Nacional de Odontología, recibiéndose en enero de 1886 en esa especialidad. Será la primera dentista mexicana y también la primera dentro de su profesión en utilizar éter como anestésico. Por este hecho, en 1908, el Instituto du Midi de Tolouse, Francia, le otorgará la Cruz al Mérito.

Un año después de la graduación de Margarita Chorné, Matilde Montoya recibe el título de médica cirujana. Es el 25 de agosto de 1887. Al examen de grado asiste el Presidente Porfirio Díaz.

El mundo médico recibe la noticia con escepticismo. Una mujer que siga esta carrera, escribió el médico Francisco Flores Troncoso, autor de la Historia de la Medicina en México, es una “rara excepción”. “Ella podrá, no dudamos, llegar a ser una buena partera; quizá una regular médico; pero la Cirugía... la Cirugía creemos que siempre será para ella el insondable abismo que le impedirá que siga adelante, y la terrible esfinge que le estará siempre recordando a la memoria que erró su vocación”.

Vaticinio que no se cumplió en el caso de Matilde y de otras mujeres que la precedieron. Veinticinco años después, en una mañana del 25 de agosto de 1912, un grupo numeroso de mujeres profesionales de la ciudad de México se apresta a participar en una “Fiesta literario-musical”, en el Teatro Colón para celebrar las bodas de plata de la primera médica mexicana.

“Una mujer inteligente y buena”

El tiempo transcurrido ha convertido a Matilde Montoya en una respetada profesional, reconocida por un impecable ejercicio de su profesión. Matilde se especializó en Ginecología con el único propósito de ayudar a las mujeres. En la ocasión de la ceremonia del Teatro Colón, Matilde hizo un reconocimiento a su madre, calificándola de visionaria.

“Una mujer inteligente y buena concibió la idea de dar principio a la era de la liberación para las mexicanas y me eligió a mí para llevar a cabo sus proyectos. Ella me encomendó solemnemente que demostrara la posibilidad de que en nuestra patria conquistase la mujer títulos y conocimientos que no hay razón para que sean de exclusivo patrimonio del hombre”.

En 1937, al cumplir su cincuentenario de médica, nuevamente fue objeto de un homenaje, esta vez de la Sociedad de Médicas Mexicanas, de la Asociación de Universitarias Mexicanas y del Ateneo de Mujeres. Para entonces, el número de mujeres en carreras universitarias iba en aumento.

El 26 de enero de 1938, muere Matilde Montoya. Tenía 80 años de edad. En su memoria, la Academia Nacional de la Mujer, creó el Premio Matilde Montoya que se otorga cada año a la médica más destacada del país.

Fuentes:
– Laureana W. de Kleinhans Mujeres notables mexicanas, Centro de Documentación CIMAC.

- Sonia C. Flores Gutiérrez y Mariblanca Ramos – La mujer y las ciencias de la salud, durante el siglo XIX, 2000, México.

– Mujereshoy.