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(Mujereshoy) La pobreza se mantiene en niveles preocupantes en América Latina y afectó en 2002 a 220 millones de personas, de las que 95 millones son indigentes, según un informe difundido ayer lunes en Santiago de Chile por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe.
Junto con las cifras de la pobreza, el organismo, en conjunto con el Programa Mundial de Alimentos de la ONU, presentó un panorama del hambre en la región, que arrojó la conclusión de que casi 55 millones de personas padecían algún grado de desnutrición en el 2000.
El informe precisa que el 43,4 por ciento de los habitantes de la región vive bajo los niveles de pobreza, cifra superior en nueve décimas respecto de 2001, mientras los indigentes representan el 18,8 por ciento de ese total, indicador que el año anterior fue de 18,2 por ciento.
Según el Panorama Social de América Latina 2002-2003, que la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) presentó este lunes, el proceso de superación de la pobreza se estancó en los últimos cinco años, con tasas que se han mantenido prácticamente constantes desde 1997.
''La única excepción fue el año 2000, cuando el mejor desempeño de las economías permitió una reducción del volumen de pobreza en más de 4 millones de personas'', dijo el secretario ejecutivo del organismo de Naciones Unidas, el colombiano José Antonio Ocampo.
Ocampo proyectó asimismo para 2003 una tasa de pobreza de 43,9 por ciento y de 19,4 por ciento para la indigencia.
A nivel de países, la evolución de estos indicadores también sufrió variaciones más bien pequeñas, y entre las excepciones figuran Argentina y en menor medida Uruguay, que sufrieron serios deterioros de sus condiciones de vida, consigna la CEPAL.
En el área urbana argentina, la pobreza casi se duplicó entre 1999 y 2002, al pasar de 23,7 por ciento al 45,4 por ciento, mientras que la indigencia se multiplicó por tres, subiendo del 6,7 al 20,9 por ciento, explicó Ocampo.
Uruguay también registró un aumento significativo de la pobreza en sus áreas urbanas en el mismo período, en el que pasó de 9,4 a 15,4 por ciento, aunque la indigencia mantuvo un nivel reducido y afectó sólo al 2,5 por ciento de la población.
En el otro extremo, México y Ecuador son los únicos países que presentaron disminuciones ''perceptibles'' en sus niveles de pobreza urbana entre el año 2000 y el 2002, con una baja, en el primer caso, de 1,7 puntos porcentuales y de dos puntos en el caso de la indigencia.
Ecuador, en el bienio 2001-2002, redujo su índice de pobreza de 8,8 a 7,4 por ciento, cifra muy significativa tras la recesión de 1999, cuando la tasa de pobreza alcanzó a llegar al 64 por ciento, destacó el informe.
Mientras tanto en Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Nicaragua, Panamá y Venezuela la proporción de personas pobres e se mantuvo o disminuyó, aunque en ningún caso más de un punto porcentual, dijo Ocampo.
El secretario ejecutivo de la CEPAL precisó que las cifras indican que la mayoría de los países ''muestra un avance insuficiente'' hacia la meta de reducción a la mitad de la pobreza extrema en el 2015, con excepción de Chile y República Dominicana.
Argentina, Venezuela y Colombia son los países que aparecen con mayores dificultades para cumplir este compromiso adquirido en la ''Cumbre del Milenio''.
En el caso de Argentina, sin embargo, Ocampo indicó que no le cabe ''ninguna duda'' de que ese país será capaz de alcanzar las metas a la luz de su importante recuperación económica y la innovación de sus programas sociales.
Respecto de la desnutrición, que según el Programa Mundial de Alimentos afectaba al 11 por ciento de la población regional en el 2000 (55 millones), casi el 9 por ciento de los niños y niñas sufre desnutrición aguda y el 19,4 por ciento desnutrición crónica, lo que ''reviste especial gravedad por la irreversibilidad de sus efectos negativos''.
El análisis advierte, sin embargo, que a pesar de que los índices siguen siendo preocupantes, durante la década pasada el porcentaje de la población desnutrida disminuyó en 20 de 24 países de la región, lo que atribuye al aumento de la disponibilidad de alimentos y a la disminución de la extrema pobreza a lo largo de los años noventa.
''En este mundo de tanta abundancia y desarrollo es una paradoja que en la región 55 millones de personas padezcan hambre, es una cifra inaceptable'', dijo la directora regional del Programa, Zoraida Mesa.
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