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PUNTO M/Miscelánea
07.01.2003
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PUNTO DE VISTA
El arte de seducir
Tere Mollá

 


Mucho se ha hablado y escrito sobre las artes de la seducción, pero la curiosidad que despiertan las actitudes que hombres y mujeres utilizan para atraer a otras y otros no se agota en ello. Una faceta interesante son las diferencias entre la visión propia y la de personas cercanas.

Todas y todos tenemos ciertas actitudes que a nosotros mismos nos resultan desconocidas, pero que no lo son para los demás. Esto, según algunos psicólogos, se llama el “yo ciego”.

En muchos casos las armas de seducción se pueden encontrar dentro de ese apartado. A veces una persona nos resulta extremadamente seductora incluso sin conocerla personalmente: por su voz, o por su actitud frente a la vida, o por su risa, o por su delicadeza al tratarnos, y al hacérselo saber esa persona es desconocedora de esas aptitudes que a nosotros nos resultan tan atractivas.

Se puede incluso dar el caso de personas a las que cuando les hablas de su “arte torero”, refiriéndote a sus dotes de seducción, no acaban de entender lo que les estás diciendo, aunque a veces esta manera de actuar también forma parte de su forma de entender la seducción, aunque no lo sepan reconocer.

Otras personas, en cambio, son perfectamente conocedoras de cuales son sus “artes toreras” para seducirnos y cuando les interesa las despliegan, como si de la cola de un pavo real se tratara, e intentan por todos los medios llevarnos a ese terreno que ellos y ellas dominan.

Aún reconociendo que es todo un arte, he de admitir también que es un arte para cada uno de nosotros, puesto que entiendo que este tipo de actitudes son tan personales e intransferibles como la forma en que cada uno tiene de llevarse la servilleta a la boca después de sorber un poco de vino o agua.

Por esto me resulta tan curioso observar a las personas cómo intentan o, mejor dicho intentamos, seducir a la gente que nos rodea. Tanto hombres como mujeres utilizamos esta forma de relacionarnos con nuestro entorno, creo que con el objetivo de ser aceptados y valorados en mayor medida por aquellos o aquellas a los que intentamos seducir, y ante los que consciente o inconscientemente desplegamos todas nuestras “artes toreras” de seducción o nuestras colas de pavos reales para hacerles saber de nuestro interés por ellos o ellas.

Estas artes ya dependen de cada uno y de cada una, y además aquellos y aquellas que son conocedores de cómo manejarlas, pueden hacer verdaderos alardes en los momentos menos esperados o ante cualquier situación en la que les interese hacer uso de ellas. Son afortunados y afortunadas.

Otros y otras, en cambio, las llevan encima, cada día, en cada momento, pero al ser desconocedores de su utilización sencillamente actúan con normalidad en cada momento y quizás esa sea su gran arma de seducción: su normalidad, su serenidad y tranquilidad ante cualquier situación, por inesperada que sea. Esa serenidad ante los acontecimientos cambiantes de cada día, es lo que seguramente les hace ser tan irresistiblemente atractivos y atractivas para la gente a la que nos gustan las personas más “normales” del mundo.



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Nota: este portal de Internet fue abierto el 15 de enero de 2003