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Me parecía muy largo el artículo, así que lo he dividido en dos; además tampoco son ideas muy originales y no era cuestión de ser o parecer un pesado.
Especialización y no burocracia
Quizás mi experiencia sea negativa, es posible, pero he encontrado en quienes trabajan en el tema de las mujeres maltratadas demasiada burocracia y poca especialización. Por supuesto, estoy hablando de las entidades institucionales o públicas; en las entidades privadas, al menos en una gran mayoría de ellas, existe una o más personas y dedicada atención, aun cuando tampoco andan sobradas de especialización. Y si algo hay que exija una especialización máxima, una verdadera cualificación, es la atención de las mujeres víctimas de violencia de género.
Y donde existe burocracia, existe victimización secundaria: en los juzgados, en las comisarías, en las entidades institucionales. No digo yo que no haya que rellenar algún que otro papel, que sí; pero lo importante es la mujer y no el papel o la estadística.
La lucha por erradicar la violencia de género no es una cuestión de las mujeres
Eso es lo que dicen algunos hombres: ¡cosa de mujeres, que exageran!, y otras lindezas parecidas. Es conveniente hacer algunas apreciaciones.
Sí es cosa de mujeres porque las víctimas son mujeres, por el hecho de ser mujeres. No confundamos violencia con violencia de género.
Y han sido las mujeres, las asociaciones de mujeres, quienes han ido dando pasos, con los obstáculos puestos a su caminar por el contexto cultural en el que se mueve la sociedad, para conseguir la alerta de los poderes públicos y la sensibilización de la sociedad ante la violación de los derechos humanos que supone el maltrato a la mujer, la violencia de género. Sin ese impulso, repito heroico en muchas ocasiones, no estaríamos donde estamos, aunque reste mucho trecho por recorrer.
Pero en los momentos actuales se requiere que sea toda la sociedad quien ponga en marcha las medidas precisas en la lucha por erradicar la violencia doméstica, por instaurar la verdadera igualdad mujer-hombre. Y aclaro: estoy metido de lleno en esa lucha, al menos hago lo que puedo; pero estoy metido como persona humana como soy, como ciudadano, como viejo luchador por los derechos humanos. No me acaba de gustar el escuchar: “los hombres apoyan a las mujeres, o los hombres se comprometen en la lucha”. ¡Faltaría más! ¿Acaso los hombres, como las mujeres, no son personas humanas que deben defender los derechos humanos de todos y todas sin distinción de género o de clase social? No podemos cambiar de un día para otro la sociedad, pero sí hacer que el agresor sepa el rechazo que su conducta merece a toda la sociedad.
Sigo echando de menos un mayor compromiso en la lucha contra la violencia de género por parte de la sociedad.
Educación sin blandenguería
Todos estamos de acuerdo en que es fundamental en la erradicación de la violencia de género la educación en la igualdad. Sin embargo, y es impresión mía, algunos planes al respecto pecan de blandenguería. Me explicaré.
No es suficiente con “dibujitos”, muchos de ellos más bien sosos, ni con videos o parecidos. Hay que hablar claro a los jóvenes, y desde edad muy temprana. Hay que explicar, con palabras claras y rotundas, la desigualdad existente, la cultura androcéntrica, etc. Hay que mostrar la realidad negativa existente para poder explicar cómo debe ser esa realidad en conformidad con la naturaleza y con los derechos humanos.
Hay que explicar, y hacerlo claramente, que el contexto sociocultural, mientras no cambie, y está en sus manos el cambiarlo, va a influir en ellos, también los estereotipos vividos en su familia. En definitiva, los jóvenes deben conocer claramente dónde viven y cómo viven y con quienes viven. Proporcionarles una educación “edulcorada”, llena muchas veces de tópicos que les “resbalan”, no conduce a nada.
Reproche penal y acción judicial
Centrar en el castigo penal la erradicación de la violencia de género es un error. Pero el reproche penal, la pena por los delitos que la violencia de género implica es también necesario.
El agresor debe saber que sus acciones serán castigadas severamente. Ya sé que la mayoría de los agresores no se detienen en sus acciones por el temor al castigo, a la pena; en algunos es posible. Pero el reproche penal severo sirve, asimismo, para que la sociedad sea plenamente consciente de que las agresiones a la mujer son, además de injustificables, delito grave.
Quizás una de los efectos de ese reproche penal sea el llevar a la consideración de la sociedad la ilicitud de la violencia de género; acabar con la “permisividad” que para bastantes ciudadanos tiene las agresiones, el maltrato. Con otras palabras, el reproche penal puede caer, y no es posible de otro modo, sobre los actos violentos de un agresor, pero no sobre las conductas de quienes, por ser “machistas”, actúan expresando su convicción del dominio del hombre sobre la mujer.
Junto al reproche penal, la acción judicial debe ser inmediata. Algo se ha ganado en este sentido, pero queda mucho camino por recorrer. El agresor, el maltratador, el violador de derechos humanos, debe saber que sus actos serán de inmediatos juzgados, que, dicho metafóricamente, no “va a poder disfrutar prácticamente ni un minuto de su demostración de hombría”.
Sin olvidar que los jueces deben aplicar las leyes. Esto que parece una “perogrullada”, no lo es cuando se leen determinadas sentencias, determinadas acciones judiciales. A los jueces se les pide justicia, pero también equidad; es decir, dar a cada uno lo suyo. Aunque no podemos olvidar que también los jueces viven en el mismo contexto sociocultural que los agresores. Comparto plenamente esta frase de M. Lorente: “Si el hombre percibiera que cada vez que lleva a cabo una agresión sobre la mujer iba a ser denunciado y esta denuncia le iba a ‘acarrear problemas’ actuaría de otra forma, simplemente por coherencia para evitar los inconvenientes de tipo legal, social y familiar”.
Los medios de comunicación social y la violencia de género
Hay que reconocer la ayuda prestada por los medios de comunicación en la lucha contra la violencia de género. Pero reconociendo sus prestaciones, cabe exigir más.
Lo que la mayoría de los medios califican como “violencia doméstica” –son pocos los que utilizan el término “violencia de género”– no es únicamente los asesinatos y lesiones graves, es algo más, mucho más.
Reconozco que es difícil hacer mención en las informaciones del fondo del problema: la dominación de un género sobre otro. Sin embargo, algo más se podría hacer. Por ejemplo, no olvidar al transmitir un asesinato el contexto en que ha ocurrido –malos tratos habituales, amenazas, insultos, actos posesivos, etc.–. Ojalá los medios dieran frecuentemente noticias sobre malos tratos habituales no sangrientos. Me explicaré. Ojalá los medios supieran transmitir a través de noticias y dándole la importancia que merecen, que la violencia de genero, la que es conocida con el nombre de violencia domestica, no se limita al asesinato. Quizás así los lectores, la sociedad, podría llegar al conocimiento del fondo del problema.
* Licenciado en Derecho. Columnista habitual de La Revista – La Morada (España).
Fuente: La Revista – La Morada, Año I Num. XXIV, Semana del 25/08 al 31/08 de 2003.
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