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(República Dominicana) Entre las 104 mujeres asesinadas desde enero hasta hoy, está Pili y no se imaginan la pena que me da tener que escribir por ella, porque no es justo, no, no lo es.
Pilar Betances Arias era una triunfadora por resultados, buena madre, excelente compañera, trabajadora incansable, reconocida y respetada por su entorno desde siempre.
Su familia, pepinera por cierto, dueña de un gran respeto en la comunidad, cercana a las más sanas y apreciadas costumbres de este Santiago, estableció el punto de partida de esa responsabilidad que la caracterizaba.
A partir de las circunstancias de su partida, quienes la conocimos empezamos a unir los cabos sueltos que la cotidianeidad del trabajo dejaron en suspenso, porque Pili no contaba acerca de la dureza de su vida en el entorno ampliado.
¡Hasta para eso mantuvo la lógica cultural de proteger lo que también ella creía es el espacio privado de la pareja, aguantando una violencia que bien saben las entidades celestes que la acogen hoy, y algunas personas de su confidencia estricta, fue especialmente dura en su caso!
Por eso, escribir por ella es tan difícil, ya que Pili, como todas las víctimas de violencia de género de pareja, no se merecía ni la violencia de su muerte y mucho menos que le cambien la escena a un crimen tan repetitivo y desgraciado.
Es que el 2 de agosto pasado, en la intimidad del aposento, su compañero de más de diecisiete años terminó la discusión planteada, silenciando definitivamente los argumentos de Pili con un certero balazo en la cabeza.
¿Ve cómo no es justo? Ella, que fue educadora de generaciones y sicóloga de profesión para apoyar angustias ajenas, no pudo con las suyas, porque para este fenómeno la lógica no existe y la de ella, precisamente, fue desbaratada a sangre y fuego.
Pensando en Pili, compañera de trabajo años atrás en el Colegio De La Salle, en su tranquilidad y timidez y en la eficiencia de sus labores con los alumnos y alumnas, casi dan ganas de rendirse y colgar una toalla que ya ni puede secar lágrimas propias, mucho menos ajenas.
Y, por si acaso sigo el impulso, será pertinente que les cuente a todas y a todos cuánto trabajo cuesta conmover el statu quo, como para que se responsabilice por aquellas compatriotas que podrían seguir a Pili en la macabra lista del año.
Demasiadas necesidades que resolver para cubrir tantos desamores: no hay dinero que las cubra porque por aquí se suele programar en grande, pero en niveles teóricos que solamente existen en la mente de quienes los leen y releen frente a públicos de adhesión conformados de partidarios por la opción de avestruces y pavos reales.
Y, lo que pasa también, es que los aplausos por los logros no dejan oír los reclamos por las faltas. Por eso, aunque junto con otras compañeras y compañeros de Pili nos constituimos en parte civil por ella, es probable que nos agote un teórico sistema que nunca puede aterrizar sus honras porque no las tiene a mano.
Mientras vuelvo a desafiar al mal tiempo y a sus sostenedores, felicito especialmente a Aquino Arroyo y a Narciso Pérez, dos periodistas que decidieron reportar los feminicidios de verdad.
* Periodista dominicana, Susi Pola escribe regularmente para el diario El Nacional. Su columna de opinión es reproducida en Mujereshoy por gentileza de su autora: susipola@hotmail.com
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