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Comodidad y fantasía
Según Farías, “al amante virtual se le puede contar cualquier cosa, no se le encuentran defectos, no hace exigencias y así resulta un confidente ideal que, cuando la pareja está pasando por un mal trance, puede ser un aliado peligroso”. Por eso, un juego que se inició pareciendo inofensivo puede crear niveles de dependencia, tornándose arriesgado y atentando contra los compromisos que se tienen en la vida real, la pareja entre ellos.
“El adulterio virtual es de una comodidad absoluta, ya que ni siquiera hay que salir de la casa para consumarlo. Es de un acceso facilísimo, basta con decir que uno debe quedarse hasta más tarde trabajando en el computador, nadie te va a llamar por teléfono, no tienes que pagar motel, es un escape mental en dueto", dice Farías. Añade otro dato: los y las infieles virtuales requieren en promedio de unas cuatro horas diarias para comunicarse con sus partners. La construcción de coartadas para no ser descubiertos no es ninguna trivialidad, pues la mayor parte de las veces las historias virtuales se alimentan mientras la pareja real duerme, lee o mira TV en la habitación contigua.
A la consulta del sicólogo Giorgio Agostini los y las pacientes no llegan directamente por una infidelidad online: “Vienen porque sus parejas no andan bien, porque tienen una necesidad o problema no resuelto y, de refilón, resulta que mantienen relaciones virtuales y manifiestan incomodidad por tener historias ocultas, pero no se sienten concretamente infieles, porque no han dado un beso, ni tenido un coito con estos amantes”.
Explica los alcances de la palabra infiel, que traducida del latín infidelis significa “falta al compromiso”. Y añade: “En términos estrictos, podríamos hablar de infidelidad a través de internet en la medida en que el compromiso establecido en la pareja se quebrante y transfiera hacia afuera, hacia un tercero, aunque esto no involucre la parte física”.
Farías agrega otro dato: “La infidelidad virtual es tal en la medida en que las personas están buscando algo que sienten perdido en la pareja, porque perciben que la relación ya no es lo que fue”. Especifica que esta situación es más frecuente en las mujeres que en los hombres. Ellas son más proclives a buscar idilios virtuales que suplan o reemplacen carencias afectivas. Ellos, en cambio, tienden más a la búsqueda de cibersexo y, en general, sólo pretenden vivir un flirteo pasajero, con ninguna intención de afectar o poner en cuestión su vida de pareja.
¿Dónde está lo gratificante de estos contactos? Agostini dice que el anonimato que brinda internet permite levantar barreras de represión y censura que se nos han impuesto a través de la educación y se liberan con más facilidad las fantasías, sin restricciones de ningún tipo. “En una sociedad restrictiva como la chilena, esto es una verdadera catarsis individual. Es tremendamente liberatorio”, insiste.
¿Por qué no con la pareja real y sí con la virtual? Porque la fantasía ha sido considerada por mucho tiempo un pecado, generando una tremenda inhibición. “Tanto las mujeres como los hombres creen que las fantasías sexuales son perversas. Es necesario que la gente entienda que todos las tenemos y que es normal”, insiste Agostini. “Puede ser bueno y erotizante contarle a la pareja lo que el amante virtual pide, y relatarle qué se le dice y se le propone, incorporando ese mundo a la pareja real”.
Fuente: Diario La Tercera, suplemento Mujer.
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