PANORAMA/Trabajo
16.10.2003
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ARTÍCULO
Mujeres con licencia ¿para trabajar?
Finalmente, el gobierno chileno suspendió el debate de las licencias maternales para el próximo año (Foto: Niichro.com).
 
Chile tiene unas de las tasas de fecundidad más bajas de la región. “Faltan políticas que armonicen trabajo e hijos”, sentencian instituciones ligadas al tema. Aunque el gobierno postergó el proyecto para modificar las licencias maternales, vale la pena reflexionar sobre las carencias de una sociedad que no hace de la maternidad un tema de interés social.

(Mujereshoy) El ministro de Hacienda chileno, Nicolás Eyzaguirre, fue claro: si las licencias maternales por enfermedad grave del hijo o hija menor de un año siguen creciendo al ritmo explosivo de la última década -1.300 por ciento-, de aquí al 2010 el Estado tendrá que desembolsar unos 900 mil millones de pesos sólo por este concepto. El propio Presidente Ricardo Lagos advirtió que había que frenar este abuso. ¿Pero cómo? Recortando en 10 mil millones de pesos anuales el gasto de licencias maternales y reacomodando la legislación.

Pero la fórmula que propuso el Ejecutivo desató el rechazo de parlamentarios y parlamentarias de todas las bancadas, de los gremios de la salud y las organizaciones de mujeres que no aceptaron resolver el problema sólo con la calculadora fiscal en la mano. Condenada al fracaso, el gobierno tuvo que dar pie atrás y postergar la iniciativa para el 2004, según informó el diario chileno La Nación.

De hecho, este martes 14 de octubre, la Red chilena contra la violencia doméstica y sexual, el Foro red de salud y derechos sexuales y reproductivos, el Movimiento pro emancipación de la mujer chilena y la Red de salud de las mujeres latinoamericanas y del caribe realizaron una nueva manifestación frente al Palacio de la Moneda, sede del gobierno, para protestar por la medida, recalcando que la discusión de fondo no es el recorte fiscal, sino que la maternidad como una responsabilidad de hombres, mujeres y el Estado por igual.

Si bien Chile posee una de las legislaciones más protectoras de la maternidad en Latinoamérica (con 84 días de post natal, cuando en países como Perú o Argentina se empinan por los dos meses), paradójicamente tiene una de las tasas de fecundidad más bajas de la región: 2,5 hijos o hijas por mujer, índice que en las mujeres trabajadoras sólo llega a 1,6, de acuerdo a la encuesta Casen (que mide los niveles de pobreza del país) de 1998.

Las cifras de la Inspección del Trabajo arrojan luz sobre el tema: de las denuncias relativas a la protección de la maternidad efectuadas en el año 2000, un 55,2 por ciento fueron por despido de trabajadoras con fuero maternal, un 33,9 por ciento por no pagar asignaciones familiares, un 6,7 por ciento por no asignar beneficio de sala cuna y un 1,3 por ciento por no otorgar permiso para alimentar al menor.

A ello se suman otros cortapisas para la conciliación de maternidad e inserción laboral femenina, factor que con diversos porcentajes se repiten en toda Latinoamérica: la mujer trabajadora cumple doble jornada (trabajo–casa) en más del 70 por ciento de los casos, recibe un sueldo 30 por ciento menor que sus pares masculinos por igual función y el 73 por ciento de las empresas no tienen salas cuna porque contratan o declaran menos de 20 trabajadoras.

Los demógrafos advierten que la tasa mínima para que exista un relevo generacional es de 2,1 hijos o hijas por mujer, una tasa que, por ejemplo, la mayoría de los países europeos no alcanza, con el consecuente envejecimiento de su población.

En países como Francia y Alemania no sólo deben costear la mantención de un gran número de adultos y adultas mayores, sino que han debido aumentar sus subsidios para incentivar la maternidad. Chile todavía está a tiempo generar leyes que armonicen la maternidad y el trabajo, y que reconozcan que los hijos e hijas son responsabilidad de la nación y no sólo de las madres.

Doble discurso
Pese a que desde 1993 el Código del Trabajo (artículo199) establece que la licencia por enfermedad grave del hijo menor de un año también es adjudicable al padre, un porcentaje muy marginal de chilenos hace uso de él. Un estudio elaborado por la Dirección del Trabajo indica que de 805 permisos por esta causa, 791 fueron tomados por la madre y sólo 14 por el padre, hecho que revela cómo la maternidad sigue siendo asumida socialmente como un deber netamente femenino.

Para Fernanda Villegas, asesora laboral del Servicio Nacional de la Mujer (Sernam), organismo con rango de ministerio, esta situación da cuenta de la distribución desigual del trabajo y las responsabilidades del cuidado de los hijos e hijas en la sociedad. “Hay un discurso que dice que los niños tienen que ver con el futuro de Chile y que nos hacemos cargo de ellos como sociedad. Sin embargo, cuando uno ve en la práctica cómo se comportan las relaciones sociales, especialmente en el mundo laboral y económico, este discurso no entra”, dice.

Ello se ve reflejado en la forma en que el sector empresarial plantea la incorporación de la mujer al trabajo. “De alguna manera, a través del salario se aplica un deducible de los costos que implica la maternidad y el cuidado de los niños, como son la supuesta menor productividad, licencias pre y post natal, licencias médicas dentro del primer año y la sala cuna”, sostiene la experta.

Sin embargo, se ha demostrado que es un mito que la mujer sea “más cara” que el hombre para los empresarios. Estudios de la OIT, del Sernam y del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) dan cuenta de esto. “Al final son más baratas porque trabajan en los segmentos menos protegidos, ganan menos remuneraciones y tienen menos gastos en seguridad”, dijo Villegas. El único costo asociado a los empleadores o empleadoras es el de la sala cuna, pero sólo cubre al tercio de las mujeres asalariadas de la mediana y gran empresa. “Y aún así se incumple”, comenta.

Valeria Ambrosio, encargada de género y población del PNUD concuerda con esta tesis. “Si queremos promover la natalidad debemos dar las facilidades a las mujeres. Es como si la mujer joven y en edad fértil siempre tuviera más trabas. El problema es que esto se mira sólo desde el punto de vista económico y no desde un prisma integral... A ello se suma otro gran problema: sólo la mujer carga con el costo de ser madre ¿Y qué pasa con los padres y la sociedad? Esto también pasa por un tema cultural”, alega.

Otro factor es la importancia que tiene el trabajo femenino para la superación de la pobreza. Chile tiene un 16 por ciento de hogares pobres. Si la mitad de las mujeres de estas familias se incorporara a la fuerza laboral, un 8 por ciento podría salir de esta condición, según datos de la Cepal. Ello muestra la importancia a nivel micro y macro que tiene para Chile que la población femenina se sume al mundo del trabajo. De hecho y según Villegas, los países con mayores índices de productividad y desarrollo tienen como constante la alta incorporación de la mujer al trabajo (cerca del 50 por ciento).


Fuente: Diario La Nación