 |
Detalle de afiche de Electricine (1895) de Lucien Lefevre (Foto: Internationalposter.com). |
Otro mal de los nuevos tiempos que corren, tiempos libre mercadistas y exitistas. En proporción, la compulsión por comprar afecta a nueve mujeres por cada hombre, las que finalmente se transforman en deudoras crónicas. Especialistas aseguran que el uno por ciento de la población mundial vive este problema, similar a las dependencias del alcohol o las drogas.
(MujeresHoy) Elena es una mujer profesional, responsable de la comercialización de una importante empresa. A eso debe sumarse que gana cinco veces el sueldo promedio en Argentina. Cualquiera creería que ya es dueña de un auto importado o una interesante cuenta en un banco. Pero no. Elena sólo tiene deudas. Un persistente ahogo por no llegar a fin de mes. Tarjetas de crédito que viraron del rojo al furioso carmesí. Y la desesperación de estar a punto de perder la casa. Es que Elena es compradora compulsiva. Una adicción que se define como una obsesión por comprar mucho más de lo que se necesita o se puede pagar.
La compulsión por comprar afecta aproximadamente al uno por ciento de la población, en una proporción de nueve mujeres por cada hombre, aunque la mayoría de los y las shopaholic, como se le llama a estos/ adictos/as en inglés, desconoce que lo es, según explicó José Luis Laquidara, coordinador del Sistema Nacional de Arbitraje de Consumo, que depende del Ministerio de Economía, según publicó el diario argentino La Nación.
Ellas gastan en ropa, zapatos, cosméticos y accesorios de vestir. Ellos, en accesorios para el auto, herramientas y música. Pueden comprar varias veces los mismos productos: pantalones iguales de colores distintos, perfumes o esmaltes a los que ni siquiera les llegan a sacar el celofán. Porque el alivio sobreviene con el solo hecho de comprar. “El comprador compulsivo compra cosas que no necesita con dinero que no tiene”, agrega Laquidara.
Uno de los primeros casos fue identificado en Estados Unidos, en 1967. Poco después, miembros de Alcohólicos Anónimos (AA) crearon un grupo de autoayuda para personas que no podían dejar de contraer deudas y lo llamaron Deudores Anónimos. Desde 1995 un grupo similar se fundó en Argentina y cada semana los grupos reciben a 120 personas. Elena es una de ellas.
Para los/as adictos/as al consumo, el motor de la compra no es una necesidad sino un impulso incontrolado que especialistas equiparan con la dependencia a las drogas o al alcohol. Y tiene como cruel corolario, muchas veces, la ruina económica.
Una epidemia oculta
En los Estados Unidos las estadísticas del Instituto de Investigaciones de la Universidad de Stanford hablan de que entre el uno y el ocho por ciento de los y las ciudadanos son compradores y compradoras compulsivas, por lo que trataría de una "verdadera epidemia oculta", hija de la cultura americana de consumo.
“En la Argentina, es probable que muchos hayan desarrollado su adicción en los años del uno a uno, cuando la clase media tuvo acceso a otra clase de prácticas consumistas. Tras la devaluación, se volvió prohibitivo. La mayoría cambió sus hábitos, pero hubo algunos que no. Probablemente, son los que desarrollaron una adicción en los 90”, dijo Laquidara.
En Deudores Anónimos no están de acuerdo. La filosofía del grupo se fundamenta en que la adicción se desarrolla dentro de la persona y no fuera de ella. No hay un único perfil del comprador o compradora compulsiva. Son muchos los motivos que pueden llevar a una persona a desarrollar esta adicción. En los grupos de esta organización participan jóvenes y mayores; desde gente de escasos recursos hasta empresarios o profesionales de ciencias económicas, que no pueden con sus propias finanzas. Pero existe una característica que se repite en la mayoría de los relatos: un raid de compras produce placer y alivio. Es una descarga de tensiones que, por lo general, se desencadena en arrepentimiento y en angustia. Sobre todo, cuando llega el resumen de la tarjeta. Esto, porque la mayoría utiliza todas las formas de crédito como sistema de pago. Pero ya es tarde. El artículo ya está comprado. No hay devolución. Y aunque se haya adquirido en mil cuotas de $ 0,99, el o la compradora tiene que pagar peso sobre peso hasta el último centavo.
Elena tardó años en descubrir que lo que le pasaba era una adicción. Cada vez que se peleaba con alguien, o que una situación la desbordaba, o que se sentía deprimida, compraba. Así acumuló miles de perfumes, adornos, ropa y chucherías. Hasta que su economía colapsó. Y casi perdió su techo. Una amiga le comentó del grupo y, tras completar un cuestionario, llegó a la certeza de que era una compradora compulsiva. Después de permanecer cuatro años en autoayuda pudo salir adelante. Rompió sus tarjetas. Ahora sólo maneja efectivo y anota todo lo que gasta en una libretita. Todos los días se levanta dispuesta a vivir sólo esa jornada sin contraer una deuda. El grupo le proveyó dos compañeras que hacía más tiempo que habían superado su adicción, que la ayudaron a elaborar un plan para sacar adelante sus finanzas. El principio rector es que no se puede gastar más de lo que se gana.
Hoy Elena habla llena de orgullo sobre cómo devolvió todo lo que debía. Ahora duerme tranquila y, en el último semestre, pudo comenzar a ahorrar. “El concepto de ahorro no existía antes para mí. Ahora, cuando me pasa algo que me supera, o discuto con alguien y tengo el impulso de salir de compras para descargarme, llamo a alguno de los miembros del grupo o me acerco a alguna de las reuniones. Todos estamos en recuperación constante”, aseguró.
Fuente: Diario La Nación
|