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Elvia Carrillo Puerto, reconocida luchadora por voto femenino (Foto: Ediciones Castillo, México). |
En México, el cincuentenario del otorgamiento del voto femenino fue celebrado con numerosos actos en diversas ciudades del país. En Ciudad de México, el Senado de la República, en una sesión solemne entregó medallas conmemorativas a 18 pioneras del sufragio de las décadas 30 y 40 del siglo XX.
(Mujereshoy). El argumento de que en Latinoamérica, el voto fue una concesión a las mujeres por gobiernos populistas y/o autoritarios, tiene cada vez menos peso. Si bien el perfil de nuestros sufragismos aparece en algunos momentos, débil y minoritario en comparación con los movimientos de mujeres del Norte, la causa del voto produjo encendidos debates y no pocas movilizaciones en varios países de la región, entre ellos México.
Registros del siglo XIX, destacan episodios que merecen ser investigados, como la carta que en 1869 envió a la Asamblea Constituyente de Guaimaro, la independentista cubana, Ana Betancour, pidiendo derechos políticos para las mujeres, o la movilización de un grupo de chilenas que en 1875 intentó inscribirse en los registros electorales, aprovechando que la Constitución de 1833, no establecía taxativamente, la prohibición del voto a las mujeres.
En las décadas de los años 30 y 40 del siglo XX, las sufragistas latinoamericanas respondiendo a determinadas coyunturas, desplegaron diversas estrategias inscribiéndose en los registros electorales, postulando como candidatas, llevando a cabo simulacros de votación, y hasta huelgas de hambre. La historia del sufragio femenino en nuestro continente es un campo por investigar.
Conquista legítima
Casi cuarenta años después que en México se iniciarán las primeras acciones sufragistas, el 17 de octubre de 1953, el gobierno de Adolfo Ruiz Cortinez, procedió a reformar el Artículo 34 de la Constitución, paso fundamental para que las mujeres accedieran al derecho a votar y ser votadas. Al margen de la algarabía y el festejo, en la conciencia de las sufragistas históricas jamás dejó de estar presente la convicción de que el voto era una conquista legítimamente ganada por las mujeres.
Las primeras peticiones para la obtención del voto se remontan a los inicios de la etapa republicana. En 1821, un grupo de mujeres de Zacatecas, pidió al gobierno, que se les considere ciudadanas por su contribución a la causa de la independencia. Posteriormente, en 1856, alrededor de 81 mujeres se dirigen al Congreso Constituyente, reclamando derechos políticos. Otro lugar donde la demanda del sufragio estuvo presente, fue en la prensa feminista decimonónica.
En mayo de 1911, en pleno conflicto armado, más de mil mujeres firman una petición pidiendo el voto. La organización que encabezaba esta petición era Amigas del Pueblo, simpatizante de Francisco Madero, uno de los opositores al gobierno de Porfirio Díaz y posterior Presidente de la República.
Esta petición fue dirigida al Presidente interino, Francisco León de la Barra bajo el argumento que la Constitución liberal de 1857, no impedía que las mujeres pudieran votar, ya que no las exceptuaba de manera explícita. En los años sucesivos, las sufragistas utilizaran este argumento en sus campañas para lograr el voto.
El movimiento sufragista como tal, aparece recién dentro del escenario del conflicto armado que conmocionó a ese país durante varios años. En una sociedad convulsionada, sin estructuras, ni normas determinadas y donde el diario vivir era una aventura, las mujeres se vieron impelidas a tomar partido convirtiéndose voluntaria e involuntariamente en una fuerza de apoyo fundamental, ya sea empuñando las armas, suministrando asistencia médica y alimentaria a los ejércitos de los distintos bandos en guerra, y/o supliendo la ausencia de los hombres en las fábricas y en los servicios públicos.
Pese a ello, su presencia y actuación fue oscurecida por la historia oficial, no obstante el grado de participación e influencia que muchas ejercieron en los líderes. Francisco Madero, Venustiano Carranza, Francisco Villa, recibieron correspondencia de mujeres donde ellas expresaban sus puntos de vista y inquietudes políticas acerca del transcurso de la guerra. Algunas actuaron de asesoras
Generación ilustrada
La existencia de una generación de mujeres ilustradas que nació y creció durante los años del porfiriato (el gobierno de Porfirio Díaz que gobernó al país de 1887 a 1910), ayuda a entender el desarrollo y el discurso del sufragismo en México, un movimiento que desde el comienzo aspiró al poder, es decir a ser parte de la dinámica de cambios sociales que la Revolución ofrecía. De ahí el empeño por competir en los distintos procesos electorales llevando un discurso propio. Aquí destacamos algunos momentos de este proceso.
Muy tempranamente, sectores de mujeres vinculadas al anarquismo y al socialismo se involucraron abiertamente con los grupos que lucharon por derrocar al régimen de Porfirio Díaz. En los llamados clubes reeleccionistas del movimiento de los hermanos Flores Magón y Francisco Madero, las mujeres realizaron una intensa actividad de propaganda exigiendo la renuncia del Presidente Díaz, y paralelamente el derecho a sufragio.
Por su credo liberal eran anticlericales y partidarias de una educación racionalista. Con el mismo valor con que empuñaron el fusil, participaron en complots, y afrontaron la cárcel, pusieron toda su energía en la causa del sufragio. Fueron maestras, periodistas, escritoras y militantes de organizaciones políticas y gremiales, al estilo de Hermila Galindo, Elvia Carrillo Puerto y Refugio García, tal vez las figuras más emblemáticas de la primera hora del sufragismo mexicano.
Con una visión clara sobre la importancia política del sufragio para las mujeres, consideraron que el voto que era el punto de partida para ejercer la ciudadanía. “Expresaron un deseo de poder, y se afirmaron como personas y sujetos políticos”, advierte la historiadora mexicana, Gabriela Cano.
La primera
Hermila Galindo (1886-1954), maestra y periodista, es un buen ejemplo de esto. Afirmaba que la igualdad política debía extenderse a la educación, al trabajo y a las relaciones personales. Desde las páginas de su revista La Mujer moderna, (1914-1919) defendió la educación laica, reclamó educación sexual y el derecho de las mujeres a ejercer libremente su sexualidad, sosteniendo que las mujeres a igual que los hombres, tienen los mismos deseos sexuales, tesis que le acarreó fuertes críticas de sectores feministas conservadores, y el rechazo social.
En 1914, Galindo se incorpora al movimiento constitucionalista convirtiéndose en la.secretaria particular de Venustiano Carranza, el primer gobernante de la revolución triunfante. Carranza la nombró su representante en Cuba y Colombia, donde fue con la misión de dar a conocer la doctrina internacional del gobierno. Su acceso al poder le permitió presentar al Congreso Constituyente de 1916-1917, una propuesta para que en la nueva carta constitucional se incluyeran los derechos políticos de las mujeres.
Pero el voto femenino nunca estuvo en la agenda del día de los constituyentes. Fue el primer desengaño que sufrió Hermila confiada en que la Revolución daría el voto a las mujeres. El compromiso de Venustiano Carranza. a “restablecer la igualdad de los mexicanos entre sí”, y asegurar “a todos los habitantes del país, la efectividad y el pleno goce de sus derechos y las igualdad ante la ley”, no incluyó a las mujeres.
Aunque decepcionada, decide presentarse como candidata a diputada por el 5º distrito electoral de la ciudad de México. Gabriela Cano, asegura que “fue la primera vez que, en México, una mujer contendió por un cargo de elección electoral”. Según parece, Hermila obtuvo mayoría de votos que le hubiera permitido llevar a la Cámara de Diputados, pero el Colegio Electoral rechazó este resultado, ateniéndose a la ley.
Queda claro que lo que persiguió Hermila Galindo fue llamar la atención para mostrar públicamente que las mujeres podían y debían ser elegidas para ocupar cargos políticos. Pero fundamentalmente, quiso “dejar sentado un precedente para las generaciones posteriores”.
Yucatán un emblema
Un momento clave para el sufragismo mexicano, fue la realización del Primer Congreso Feminista de Yucatán convocado por el gobernador de ese Estado, el General Salvador Alvarado, en 1916. Alvarado, uno de los lugartenientes de Carranza en el conflicto armado, gobernó Tabasco de 1915 a 1918. De ideas socialistas vio en las mujeres una fuerza para el cambio. Consideraba que “era un error social educar a la mujer para una sociedad que ya no existe”. Durante su gobierno estableció la educación laica, fundó la Casa del Obrero Mundial, la Escuela Normal de Profesores, escuelas nocturnas para artesanos y organizó el Primer Congreso Pedagógico.
Hermila Galindo y otras connotadas sufragistas fueron invitadas a participar. Entre las 700 asistentes, en su mayoría, maestras y periodistas, primó fundamentalmente el deseo de impulsar acciones a favor de la educación femenina, especialmente la educación laica, tal vez porque la concurrencia de maestras fue mayoritaria. Si bien, no hubo consenso a favor del sufragio amplio y general, pidieron que éste fuera efectivo a nivel de los municipios.
El Congreso de Yucatán que tuvo una segunda fase en diciembre de ese mismo año, puede considerarse un hito en el proceso de articulación de un movimiento que más tarde tomará cuerpo con la creación en 1935, del Frente Unico Pro Derechos de las Mujer (FUPDUM), considerado por varias historiadoras mexicanas, como la organización más importante del sufragismo en su momento de auge.
Más allá de la importancia de este Congreso, Yucatán representa un lugar símbolo para el sufragismo y el feminismo mexicano. Fue en ese Estado donde germinaron las ideas de avanzada, en torno al Partido Socialista Radical Tabasqueño, cuyas bases eran las Ligas de Resistencia, espacios donde las mujeres participaron activamente, así como en la Liga de Maestros Ateos, y en el Partido Feminista Revolucionario Tabasqueño que surgió en 1931.
Este Partido fue el germen de la lucha a favor del sufragio, conquista lograda a nivel estatal en 1932, cuando las mujeres de ese Estado, votaron por primera vez en las elecciones legislativas locales. Con anterioridad, en 1870, un grupo de maestras encabezadas por Rita Cetina Gutiérrez, fundó La Siempreviva, una sociedad feminista que propugnó el acceso a la educación para las mujeres. Llegó a editar un periódico y fundar una escuela secundaria bajo el nombre de Escuela Literaria de Niñas”.
En la década de los años 20, en Tabasco se produjo el primer intento de gobierno socialista con el nombramiento en 1922, de Felipe Carrillo Puerto para el cargo de gobernador. Carrillo Puerto emprendió una serie de acciones de corte liberal, como la implantación de un programa de anticoncepción basado en el método de Margaret Sanger, la médica feminista norteamericana, pionera de la anticoncepción.
Decretó “el divorcio rápido” y defendió el amor libre. Decidido partidario del sufragio femenino, consideraba que las mujeres debían ocupar los mismos cargos políticos que los hombres. Bajo esta premisa expide un decreto para otorgar el voto femenino, permitiendo de esta manera que en 1923, su propia hermana Elvia, fuera electa diputada al Congreso de Yucatán. Junto a ella también fueron electas, las maestras Raquel Dzib y Beatriz Peniche de Ponce, convirtiéndose en las primeras legisladoras de México.
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