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Veterana de la Revolución
La trayectoria de Elvia Carrillo Puerto (1878) se define por su militancia en el Partido Socialista del Sureste, su activismo sufragista y compromiso con los campesinos, a quienes defendió de los abusos de los dueños de las haciendas locales. Tuvo una educación laica y pasó a la posterioridad con el nombre de La Monja Rojapor su beligerancia. En 1909, se compromete con la causa antireeleccionista, actuando como correo y propagandista. En 1912 organiza la Liga Feminista Campesina Rita Cetina Gutiérrez. Más tarde ayuda a crear las Ligas de Resistencia Feministas.
A raíz del asesinato de su hermano Felipe por sectores vinculados a los hacendados de la región, Elvia a igual que Raquel Dzib y Beatriz Peniche, tienen que dejar sus cargos en el Congreso. Obligada a abandonar Tabasco se instala en San Luis Potosí con el propósito de postular a una diputación aprovechando que ese Estado reconocía los derechos políticos de las mujeres. Según narra, la historiadora Gabriela Cano, Elvia insistió que fuera una mujer su suplente, contrariando la posición de los diputados de San Luis Potosí, que le dijeron que “era imposible encontrar una mujer en todo el Estado en capacidad para ese rol, que no fuera ni católica ni reaccionaria”.
Aunque Elvia tuvo apoyo político y la simpatía del entonces Presidente Plutarco Elías Calles, su triunfo no fue reconocido. Realizó una campaña sin apoyo económico y enfrentó al final, un intento fallido de asesinato. “De la misma manera que Hermila Galindo no llegó a ocupar una curul a pesar de haber recibido la votación mayoritaria, Elvia Carrillo tampoco consiguió el reconocimiento a su triunfo electoral de parte del Colegio Electoral de la Cámara de Diputados”, dice Cano.
En adelante, Elvia Carrillo pondrá todas sus fuerzas en dinamizar el movimiento sufragista. En 1926, presenta al Congreso de la Unión, una nueva petición de reforma del art. 34, con el aval de miles de firmas de mujeres. Años después los presidentes Cárdenas y Ruiz Cortinez, condecorarán a Elvia Carrillo Puerto con la medalla de la Legión de Honor Mexicana, declarándola veterana de la Revolución Mexicana.
Un frente policlasista
En la historia del sufragismo mexicano, la aparición del Frente Unico Pro-Derechos de la Mujer (UPDM) en 1935, marca de alguna manera el rumbo que tendrá a partir de ese momento, la campaña por la obtención del voto. La composición social del Frente fue policlasista, en la medida que en él confluyeron sectores de mujeres comunistas, feministas, militantes del Partido Nacional Revolucionario (PNR), masonas, y hasta católicas.
El testimonio de Adelina Zendejas (1909-1993) ilustra muy bien lo que fue el Frente. “Su programa de lucha era muy concreto y tan amplio que importaba a todas. ¿Quién iba a estar en contra de la lucha por abaratar la vida, contra la instalación de servicios médico-asistenciales, que le darían atención a la maternidad, contra el principio a trabajo igual salario igual?”.
El “amplio carácter democrático” de esta organización, de acuerdo a sus estatutos, abarcaba desde “la lucha contra el imperialismo y el facismo”, contra la carestía y el reparto agrario, hasta la defensa de la seguridad social y la jornada de ocho horas, además de la plena ciudadanía de las mujeres. En ese mismo año, en Chile se funda el Movimiento Pro Emancipación de la Mujer Chilena (MEMCH) de características muy similares con el Frente. El MEMCH también se convertirá en el portavoz de la lucha a favor del sufragio.
La demanda por el voto, va a tener mayor peso en 1937, cuando el Frente acuerda apoyar la postulación de dos de sus militantes para las elecciones de diputados federales, María del Refugio (Cuca), García, y Soledad Orozco.
En 1937 gobernaba el General Lázaro Cárdenas y la coyuntura se presentaba favorable para las sufragistas que ahora contaban con el apoyo de Cárdenas. El Frente llegó a tener en ese momento cerca de 50 mil integrantes que pertenecían a 800 organizaciones de diversas zonas del país que empujaron a la dirigencia ha establecer una alianza táctica con el Partido de Cárdenas, en la confianza en que por fin Cárdenas les otorgaría el voto.
Cuca García, maestra rural, militante comunista y secretaria general del Frente postuló a una diputación por la localidad de Ruapan, Michoacán. Tanto ella como Soledad Orozco que aspiraba a una diputación por León Guanajuato, se presentaron en las elecciones internas del PNR. Las dos obtuvieron mayoría de votos, pero el Partido se negó a reconocer los resultados. Después de una tremenda lucha, Soledad Orozco consiguió ser aceptada por el Comité del Partido en Michoacán.
No fue el caso de Refugio García que no gozaba de la simpatía de los sectores conservadores del PNR, por ser comunista y tener “ideas radicales”. García tomó la decisión de lanzarse como candidata independiente y romper la alianza con el cardenismo. Indignada dijo: “Estoy comprometida a luchar por mis derechos y las decisiones del PNR no me importan. El PNR no representa al pueblo...el pueblo está con las mujeres y, con su ayuda, nosotras abriremos las puertas del Congreso de la Unión a todas las mujeres del país...”Finalmente en los comicios de Michoacán y León, Orozco y García salieron triunfantes, pero el triunfo les fue escamoteado y no llegaron a asumir sus curules.
Una promesa incumplida
Ante estos hechos, las militantes del Frente toman la decisión de declararse en huelga de hambre frente a la residencial presidencial de Los Pinos. A los nueve días de haberla iniciado, decidieron levantarla luego de la promesa del Presidente Cárdenas de que en el próximo período de elecciones, enviaría una iniciativa de ley para modificar la Constitución.
El proyecto se sometió a la Cámara de Senadores el cual fue aprobado, y posteriormente a la Cámara de Diputados (6 de julio de 1938). La propuesta es enviada a las legislaturas locales para el mismo trámite. Sin embargo, en el último tramo sucedió algo que parece inexplicable, no se efectuó su declaratoria final, y al no hacerlo, la reforma no pudo ser incorporada en la Constitución.
Según algunas historiadoras feministas, la explicación de este hecho es que predominaron intereses partidarios en un momento en que existía una fuerte pugna interna por el poder dentro del PNR. Se temió que el voto de las mujeres vinculadas a la Iglesia y al conservadurismo, se volcará en su contra.
El desánimo embargó a las sufragistas e influyó en la paulatina desarticulación del Frente, aunque aún en los primeros años de la década del 40, las más tenaces persistieran en compañía de los sectores sufragistas del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Una de esas luchadoras fue Adelina Zendejas (1909-1993), figura histórica del periodismo mexicano y tenaz defensora de los derechos de las mujeres. Ella contaba como las manifestaciones a favor del voto, las sufragistas eran objeto de burlas, les lanzaban insultos y pedazos de sandía y huevos podridos.
Pero “no nos detenía nada. En cuánta ocasión había, así fuera hablar del Quijote, hablábamos del voto de la mujer. Donde fuera: en las aulas universitarias, en las ceremonias más solemnes sacábamos el voto de la mujer”. Más adelante, y a pesar que el Frente había dejado de existir, la médica Esther Chiapa (1904-1969), que había encabezado esta organización, cada año al inicio del período de sesiones de la Cámara de Diputados, entregaba una petición exigiendo la reforma del art. 34 con las firmas de diversas organizaciones y personalidades.
Por ello, aquel día de octubre de 1953, cuando el Presidente Adolfo Ruiz Cortines, puso su firma en el decreto que otorgó el voto a las mujeres, Adelina y Esther, se encargaron de refrescar la memoria colectiva, aclarando que el voto no fue una concesión gubernamental, sino una conquista duramente ganada por las propias mujeres, en una acción que cubrió buena parte del siglo XX.
A su lado parecían resonar los ecos de una vibrante voz, la de Cuca García, quien en un discurso pronunciado en 1937, ante una sufragista norteamericana, dijo recordando la participación de las mujeres en la Revolución Mexicana:
“Nosotras ayudamos a hacer la Revolución; en muchas ocasiones el humo de la pólvora rozó nuestras cabelleras y ello nunca nos hizo retroceder. Pero cuando terminó la Revolución y el gobierno de nuestro país había aprovechado nuestros servicios, entonces, nos mandó de regreso a la casa diciendo que ‘el lugar de la mujer es su hogar’. En nuestra organización, muchas veces nos hemos preguntado ¿cómo podemos regresar a nuestra casa cuando tenemos necesidad de trabajar?”.
Luego al referirse a la actitud del gobierno que les negaba el voto, expresó que esto no las desanimaba para seguir la lucha. “Los señores miembros del Congreso de la Unión, no tienen ninguna intención de apoyar nuestra causa, pero saben que algún día las mujeres nos sentaremos en la Cámara...”. Y así ocurrió.
Fuentes:
Cano Gabriela.
“Las feministas en campaña: La primera mitad del siglo XX”. Debate Feminista. Año 2. Vol.4. Septiembre, México,1999.
“Adelina Zendejas. Arquitecta de la Memoria. Frente Unico Pro Derechos de la Mujer (FUPDM). Debate Feminista, Nº 8. México, Septiembre, 1993.
Lau, Ana, Ramos, Carmen.
Mujeres y Revolución. 1900-1917. Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana. Consejo Nacional de Antropología e Historia Nacional para la Cultura y las Artes, México, 1993.
Centro de Documentación e Información de Isis Internacional
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