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Graciela Hierro, filósofa, maestra y escritora mexicana (Foto: Modemmujer). |
El fallecimiento de Graciela Hierro, filósofa, maestra y escritora, develó una parte importante de la historia del feminismo mexicano durante el siglo XX. Hierro fue despedida en medio de un mar de flores, por personalidades del mundo académico, intelectual y feministas, entre las cuales estaban sus alumnas.
(Mujereshoy) Investigadoras y académicas calificaron el fallecimiento de la filósofa feminista Graciela Hierro como una gran pérdida para las mujeres mexicanas y latinoamericanas.
“Ella impulsó una nueva visión del feminismo desde una perspectiva ética y humanista”, expresó Ximena Avellaneda Díaz, presidenta del Grupo de Estudios sobre la Mujer “Rosario Castellanos”.
Sus libros Ética de la libertad, De la domesticación a la educación de las mexicanas, Naturaleza y fines de la educación superior y Ética y feminismo, constituyen hitos para el desarrollo de la teoría feminista con perfil latinoamericanista.
Pionera innovadora
Su vocación de maestra y su compromiso con la causa de las mujeres, fueron dos aspectos inseparables de la vida de Graciela Hierro. Adelantada para su época, fundó en México, en 1978, la Asociación Filosófica Feminista, afiliada a la Society for Women in Philosophy (SWIP), de Estados Unidos.
Fue introductora de la filosofía feminista en México en 1979, cuando impulsó la primera mesa redonda en torno al tema “La naturaleza femenina”, dentro del Tercer Coloquio Nacional de Filosofía.
“Mi trabajo como filósofa se centra en la ética, es decir cómo hacer a las personas buenas, tal como la entendía Aristóteles”. Hierro reivindicó toda su vida el derecho a la felicidad y al placer. Tal postulado le permitió ir soltando las amarras de los convencionalismos y la falsa moral. Pero, como dijo en alguna ocasión, “tuvieron que pasar años para que encontrara la fuerza para imponer mi sentir”.
Al lograrlo, sintió que tenía un deber, transmitir a las nuevas generaciones de mujeres un sentido nuevo de vida. “Aprendimos de ella, un feminismo gozoso y una nueva ética de la relación entre hombres y mujeres”, contó Gloria Zafra, directora de Coordinación y Difusión a la Equidad de Género del Instituto de la Mujer Oaxaqueña.
Pero no sólo se preocupó de las mujeres jóvenes. En los últimos años, Graciela Hierro estuvo dedicada a investigar el proceso de envejecimiento de las mujeres y el suyo propio. Se autocalificaba “una mujer grande”. Nunca le gustó el término “tercera edad”.
“Por primera vez en la historia, las mujeres mayores articulan y se proponen como sujetos de su propia historia, como protagonistas y agentes activas de su madurez, de su vejez y de su muerte”. Desde esta perspectiva, fundó el grupo de investigación denominado Reinas, integrado por psicoanalistas, psicoterapeutas, escritoras y académicas. Según opinión generalizada, las Reinas constituyen otro aporte sustantivo al pensamiento feminista en México.
Contra la corriente
La vida y trayectoria de Graciela Hierro Pérezcastro, es la de una generación de mujeres destinada al matrimonio y la maternidad como “destino natural”. Graciela Hierro nació y creció en una época cuando las mujeres todavía no habían conquistado el derecho a voto y eran minoría en las universidades.
“Un día mi suegra me sorprendió diciendo: ‘Mi hija, si no estudias te convertirás en trapeador (estropajo) de la familia, como yo he sido’”, contaba Graciela. “Había nacido mi primera hija, tendría entonces más o menos cuatro meses. De inmediato, a sugerencia suya, me inscribí en la Universidad Femenina de Adela Formoso, amiga de mi suegra, e inicié la preparatoria abierta, en la que me dejaban entrar y salir a la hora que yo quisiera, llevar a la niña y faltar a clases. Así, fui libre y desde entonces nadie me detiene”.
Ser libre y valerse por sí misma, fue su consigna. Mientras estudiaba las carreras de Filosofía y Letras en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), criaba y educaba a cinco hijos/hijas. Empleó para ello diez años, el doble de tiempo que les llevó al resto de sus compañeros y compañeras.
“El ejercicio de mi vocación y mi profesión me han costado dos matrimonios. Ahora soy una mujer sola, pero no solitaria, libre y feliz”. Su concepto de autonomía fue múltiple. Es decir no la concebía ajena a su corporalidad. Así, escribió que la autonomía comienza por la salud física y mental, “el goce de su sexualidad, la regulación de su fecundidad; en fin, la salvaguarda de la integridad de su cuerpo contra todo tipo de violencia”.
“Por ello su estilo de vida fue considerado un ejemplo a seguir”, advierte Gloria Careaga, secretaria académica del Programa Universitario de Estudios de Género (PUEG) impulsado por Hierro en 1992, donde ella fue su única directora.
Como dijo la escritora Elena Poniatowska el día del funeral de Graciela Hierro, “Era una mujer llena de energía, buenas vibraciones y disposición hacia los demás”.
Fuentes: CIMAC, Modemmujer, MujeresHoy.
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