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Fuente: k. guaidia/istockphoto |
El sistema de envío de mensajes entre computadoras es una herramienta clave de la revolución digital. Los 'email' permean la vida contemporánea. Todo comenzó en un tiempo que ahora parece remoto, pero no sabemos dónde va a terminar…
(El-Planeta) - En 1971 aún creíamos que era inminente la conquista de la luna, Salvador Allende gobernaba en Chile, la Guerra Fría arreciaba, Pelé era el fútbol y Los Beatles se habían disuelto hacía poco tiempo. Pero el investigador Ray Tomlinson andaba en otra cosa: trataba de crear un sistema de mensajes electrónicos.
Casi nadie en el mundo sabía del trabajo de Tomlinson en ese entonces, y es poco probable que pudieran entenderlo. Algunas décadas después, sin embargo, buena parte de los intercambios entre las personas se mueve a través de ese sistema de mensajería que conocemos como correo electrónico o por sus siglas en inglés como e-mail o email, pronunciado 'imeil'. Es frecuente decir simplemente: 'mándame un meil'.
Tomlinson tenía acceso a alguna información privilegiada. Para comenzar sabía que un par de años antes, en 1969, se había efectuado el primer intercambio de información entre dos computadoras, que en ese entonces evocaban aventuras de ciencia ficción. Y también conocía los planes para crear una red con estos artefactos.
En 1971, sin embargo, había sólo 15 artefactos conectados a la red. Tomlinson, quien trabajaba para la compañía que fabricó los primeros computadores de Internet, Bolt, Beranek y Newman (BBN), tenía el propósito de perfeccionar el incipiente sistema de envío de mensajes, que hasta entonces funcionaba sólo entre artefactos conectados en forma directa.
Su misión era lograr que el mensaje pudiera viajar a través del naciente sistema nervioso de la red de 1971, y que quedara almacenado hasta que fuera retirado por su destinatario. Tomlinson utilizaba dos máquinas en la misma sala, aunque no estaban unidas por un cable entre ellas. La gracia es que las dos pertenecían a la misma red y ese era su puente de conexión.
El sistema de direcciones electrónicas es fundamental para poder enviar un mensaje que quedará almacenado en la red hasta que el destinatario lo retire: primero va el nombre de quien lo recibirá, luego el símbolo de la arroba @ que, en inglés, equivale a la preposición 'en', y luego el servidor donde el destinatario aloja su casilla electrónica, por ejemplo servidorX.com. Así, el resultado final es nombre@servidorX.com
Estas direcciones son únicas, y eso permite que los destinatarios puedan recibir correo de sus casillas sin importar el lugar del mundo donde estén, siempre que el computador utilizado tenga una conexión a Internet: basta informar al programa de correo cuál es nuestra dirección o casilla electrónica, y cual es su clave o 'password'.
Tomlinson hizo el primer mensaje de correo electrónico del mundo que era una sola palabra: 'qwertyiop'. Faltaban 23 años para que fueran inventados los programas de navegación de Internet, y unos 27 años para que la conectividad comenzará a explotar en América Latina.
Durante dos décadas el correo electrónico quedó confinado al ámbito de los académicos. Los profesores universitarios de muchos lugares del mundo tenían acceso a cuentas que les permitían intercambiar mensajes con otros colegas.
Pero cuando la invención de la World Wide Web o telaraña mundial permitió publicar sitios web con imágenes e Internet comenzó a crecer a gran velocidad, el correo que había sido una herramienta casi oculta también se hizo público y desde entonces se ha convertido en la aplicación más utilizada del entorno de la red.
El correo electrónico ahora es manejado a través de programas evolucionados que permiten filtrar contenido, crear listas y agendas, recibir suscripciones de prensa, y sobre todo ir mucho más allá del texto: podemos enviar todo tipo de archivos, desde programas de computación o fotos, hasta música o videos. Basta insertar esos archivos en un mensaje, o como se dice en la jerga de Internet que proviene del inglés, 'atachar', por el original 'attach'.
Ahora también las agendas electrónicas portátiles y los buscapersonas reciben email, las computadoras manejan sistemas de envíos de mensajes automáticos, y los teléfonos celulares pueden leerlos. En el futuro, hasta los refrigeradores tendrían la capacidad de enviar correos cuando detecten la necesidad de reemplazar algún insumo agotado.
El correo nos permite tener un contacto inédito con nuestra realidad, entre otras cosas porque es veloz. Y según algunos observadores del mundo de Internet, estimuló una recuperación de la escritura como elemento de comunicación… aunque esto podría cambiar en el futuro, cuando sea más fácil aún enviar mensajes de voz o video.
Los usuarios de Internet tenemos dos tipos de casillas de correo electrónico, diferentes en su maturaleza aunque su funcionamiento es muy similar.
El correo tradicional, también llamado POP por el sistema utilizado, implica la comunicación entre computadores que operan como servidores de mensajes, y suelen requerir el uso de programas especiales para recibirlos. Entre los más comunes podemos mencionar Outlook o Eudora, que tienen versiones gratuitas.
Para tener un correo POP es necesario tener una conexión personal o corporativa a Internet, en cuyo caso la dirección electrónica es asignada por una empresa, por ejemplo la compañía telefónica que nos conecta o el lugar donde trabajamos, o ser parte de un proyecto de sitio web que cuente con la facilidad de asignar casillas.
Otro sistema es el denominado 'webmail', en el cual la casilla reside en un sistema habilitado dentro de un sitio web, como los populares Yahoo o Hotmail (aunque hay muchos más). Para recibir mensajes, basta utilizar el mismo programa con el cual navegamos a través de Internet, habitualmente Explorer o Netscape.
El webmail tiene un enorme poder de democratización de Internet porque generalmente es gratuito y cualquier persona puede obtener un nombre y una clave propios, aunque sea desde un computador ajeno o desde un cibercafé. El resultado es una dirección electrónica propia. Que es como una marca registrada de nuestros tiempos.
Es el primer síntoma de que perteneces a la era digital.
Fuente: el-planeta.com
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