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Margo Glantz, una apasionada por la obra de Sor Juana (Foto: Alfaguara). |
La escritora e investigadora mexicana, varias veces premiada y reconocida internacionalmente a través de 25 libros publicados, recibió el Premio de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz 2003. Para una apasionada de la obra de la monja escritora del siglo XVIII, el galardón tiene un gran significado.
(Mujereshoy) El Premio de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz, que se concede sólo a escritoras, fue creado en 1993 por la escritora nicaragüense Milagros Palma con el propósito de premiar una obra escrita por mujeres. Este Premio se entrega todos los años en el marco de la Feria del Libro de Guadalajara (FIL), en colaboración con la Escuela de Escritores Sogem y la Asociación de Clubes de Libro A.C. de Guadalajara.
Margo Glantz, quien viajó especialmente a Guadalajara, recibirá el galardón por su novela El rastro, durante una ceremonia especial en el salón Juan Rulfo de la FIL. Posteriormente, el nombre de Margo quedará grabado en una placa conmemorativa para ser colocada en el Ágora Sor Juana Inés de la Cruz, un famoso conjunto escultórico de Guadalajara.
El Premio consiste en la traducción al inglés y la publicación de la obra ganadora por la editorial estadounidense Curbstone Press, y si la autora lo autoriza, la Editorial Universidad Católica de Salta, Argentina, elaborará una edición crítica de El rastro.
Sorjuanista
Al conocer la noticia que se le había concedido este Premio, Margo Glantz dijo sentirse muy feliz. “Me da mucho gusto, soy sorjuanista. Sor Juana es uno de los personajes que más me interesan, y me he dedicado muchos años a estudiarla. Es una figura fundamental en cualquier literatura. Es una de las grandes poetas del mundo. Ganar este premio es como si lloviera sobre mojado”.
En efecto, Margo Glantz lleva cerca de 15 años sumergida en la obra de la monja mexicana, nacida en 1648, que vivió gran parte de su vida en un ambiente monacal, dedicada a la escritura y al estudio. Es natural, entonces, que El rastro, comience con un epígrafe de un soneto de Sor Juana: “Mi corazón deshecho entre tus manos”, pieza de antología y una de las cumbres de la poesía universal.
Publicada por Anagrama en 2002, El rastro, es “la metáfora del corazón enamorado”, según el crítico peruano Julio Ortega, quien, siguiendo la trayectoria del famoso soneto, advierte que esta novela “recorre la vida, pasión y muerte del corazón: emblema amoroso, enigma novelesco, cita sentimental, tema médico y, por fin, exangüe y muerto”.
Unas variaciones musicales
En la novela, la protagonista, Nora García, regresa a un pequeño pueblo para asistir al entierro de su ex marido. Nora está frente a un “cuerpo muerto, el cuerpo exangüe del amado, de alguien con quien se compartió la vida, la profesión y el cuerpo y que de repente aparece frente al otro desangrado como un cuerpo de ataúd, listo para ser depositado en la tierra”.
El rastro sigue la tradición de las novelas de funerales, de entierros, ha dicho su autora. Pero fundamentalmente, el relato “recorre la vida, pasión y muerte del corazón”, a la manera de cómo se desarrollan las partituras musicales, especialmente las Variaciones Goldberg de Juan Sebastián Bach.
Todo es pasión en la escritura de Margo Glantz, hija y nieta de judíos emigrados. Pasión y erudición, subrayan quienes conocen a fondo su trabajo. Profesora emérita de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, es doctora en Letras por la Universidad de París.
En 1996 ingresó a la Academia Mexicana de la Lengua y su actividad literaria cubre la creación y la crítica. Autora de más 25 libros, en 1982 obtuvo el Premio Magda Donato, por Las genealogías, un brillante relato autobiográfico sobre sus orígenes familiares. También ha recibido el Premio Xavier Villaurrutia por Síndrome de naufragios, además del Premio Nacional de Literatura 1991.
Ha combinado la literatura con la docencia. Fue profesora visitante en muchas universidades, como Cambridge, Princeton, Berkeley, Siena y París. Entre 1986 y 1988 fue Agregada Cultural de México en Londres.
Sor Juana y las otras
La crítica reconoce en la escritura de Glantz un abierto propósito por el desparpajo y la ironía, dos notas que resaltan y hacen juego con su personalidad. Reconocen también que después de Octavio Paz, es quien mejor se aproxima a la obra de Sor Juana Inés de la Cruz. En 1991, a propósito del Homenaje Internacional a Sor Juana, en el Colegio de México, la escritora presentó un brillante trabajo titulado Sor Juana y otras monjas: la conquista de la escritura.
En este trabajo, como en otros dedicados a la célebre monja, destaca su interés por la relación que existe entre el cuerpo de las monjas y su escritura. En especial, “el sentido de la flagelación y el odio al cuerpo”. Para una conocedora de la obra de Bataille y Sade, esta zona oscura y al mismo tiempo fascinante, es la clave para entender la ambigüedad y las contradicciones que cubren el discurso de Sor Juana, sobre su vocación literaria.
Refiriéndose a este trabajo, Margo Glantz quiso resaltar que “a diferencia del bordado, el deshilado, el labrado, labores de mano propiamente femeninas, catalogadas como actividades lícitas y normales, la producción de la escritura femenina es ambigua y sufre los vaivenes que le imprime el dictamen de los confesores. Es una actividad sospechosa vigilada, por lo que puede volverse intermitente o desaparecer por completo”.
Fuentes: Centro de documentación e información de Isis Internacional. Mujereshoy.
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