VIDA COTIDIANA/Sexualidad
04.12.2003
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ARTÍCULO
¿Cómo le hablo de sexo a mis hijos?
Evadir o simplemente ignorar las consultas de los menores son las reacciones de algunas madres (Foto: detalle de pintura en Teach with Movies.com).
 
Dos educadoras venezolanas investigaron las conductas de las madres cuando sus hijos e hijas comenzaban a preguntar sobre sexo: como era de esperar, el nerviosismo, la falta de naturalidad y hasta la invención marcaron la pauta. Al parecer, no hay liberación femenina ni apertura social que pueda, todavía, enfrentar la educación sexual libre de prejuicios.

(Mujereshoy) Hay aspectos de la vida que hoy son prácticamente resueltos con guías y manuales de psicológos/as a la mano en cualquier estantería de librería.
Lamentablemente, con pesar de las editoriales, aún no se ha encontrado el manual de instrucciones mágico que entregue la llave maestra para aprender a ser madre o padre.

Psicólogos/as y educadores/as coinciden en que la tarea no es fácil, y hay momentos realmente complejos de afrontar: como, por ejemplo, cuando un niño o niña manifiesta sus inquietudes sobre temas sexuales y los padres y madres sólo atinan a mirarse impertérritos las caras, atorarse y responder con vaguedades.

La educadora de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), de Caracas, Valentina de Paz, bajo la tutoría de la profesora Rosario Orta de González, realizó una investigación sobre las actitudes que adoptan los progenitores, específicamente las madres, antes las conductas y preguntas sexuales de sus hijos e hijas en edad preescolar, de acuerdo a una crónica del diario El Universal de Venezuela.

“Aunque la investigación fue muy reducida y no se puede generalizar, es un hecho que las madres se muestran ansiosas y angustiadas cuando sus hijos de entre tres y seis años asumen los temas sexuales. No saben enfrentarlo con naturalidad”, explica Orta.

Paz agrega que las madres sienten mucho temor con respecto a lo que deben hacer en cada situación y muchas veces expresan la necesidad de contar con la asesoría de un especialista para atender las demandas intelectuales y físicas de sus hijos o hijas.

Durante el estudio, las educadoras descubrieron que los niños y niñas abordan, al contrario de sus apesadumbrados procreadores, la sexualidad de una manera muy natural y siempre respondiendo a los parámetros de la edad: estudios han comprobado que entre los 43 y 48 meses de edad (alrededor de los 3 años y medio) comienzan a diferenciar entre niños y niñas, luego inician la exploración de sus genitales y a distinguir las diferencias físicas entre los progenitores hasta que aparecen los juegos con connotaciones sexuales como jugar al doctor o la doctora o al papá y la mamá.

Valentina de la Paz aclara, entonces, que alrededor de los tres o cuatro años es normal que los pequeños y pequeñas hagan preguntas sobre cosas que no entienden. Por ejemplo, cómo nacen los niños o qué es el pene, ante las cuales los padres y madres generalmente se sienten intimidados. “Ellos preguntan porque lo escucharon en alguna parte y hay que hablarles con claridad, pero sin darles más información de la que necesitan para no confundirlos. Pero lamentablemente, en la mayoría de los casos las madres no saben cómo reaccionar”, dice la investigadora.

Las educadoras explican que es justo en este momento –y no antes- cuando las progenitoras comienzan a preocuparse porque no saben cómo actuar. “Hay conductas básicas que asumen las madres ante estas situaciones: manipulan, reprimen, evaden y distraen, algunas dialogan y otras piden ayuda a un especialista”, asegura.

En su investigación, De la Paz comprobó que las madres que asumen una conducta de represión optan por prohibir “a sus hijos la ejecución individual de una conducta o compartir con otros niños si eso implica una situación de alta carga sexual”.

Cuando optan por un comportamiento manipulador, “las madres procuran manejar a sus hijos con diferentes acciones o juegos para que olviden el tema sexual”, y si se trata de adoptar mecanismos de evasión y distracción, las madres simplemente prefieren ignorar la pregunta y buscan actividades que distraigan la atención del niño o niña.

Pero hay casos, lamentablemente los menos, en los que impera el diálogo y se les aclaran las dudas al pequeño o pequeña.

También es cada vez más frecuente que los padres y madres, al no saber cómo actuar, decidan buscar asistencia profesional y hasta se documenten con libros antes de hablar con los hijos e hijas. “Los padres y madres tienen que entender que la sexualidad infantil existe y que es muy diferente a la del adulto. Hay que valerse de los medios que se tengan para aclarar las inquietudes del niño, puede ser buscar un libro, una película o simplemente hablar con ellos ocupando el criterio común, pero siempre de la forma más clara posible y adaptada a la edad”, aconsejan las educadoras.


Fuente: Diario El Universal, Mujeres Hoy.