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El trabajo estable es cada vez más escaso (Foto: J. Maillard, OIT). |
Paradójica es la situación laboral de las mujeres en América Latina: Hay más trabajadoras, pero menos acceso al trabajo decente. Así lo señala la Oficina Internacional del Trabajo (OIT) en su Panorama Laboral de 2003, el que indica que disminuye la brecha de género a la par que aumenta la discriminación sexual en el mercado de trabajo.
(Mujereshoy) Según el Panorama Laboral de la OIT de 2003, Argentina, Bolivia, Honduras, Nicaragua, Paraguay y Perú, experimentan un aumento creciente de la participación de mujeres en el mercado de trabajo, pese a que la mayoría de la población femenina activa no goza de mínimas condiciones de protección social y seguridad laboral.
Los resultados de este estudio, que podrían extrapolarse con ciertas reservas a toda América Latina, evidencian que si bien hay más mujeres trabajando en el continente, la gran mayoría de ellas –más de un 40 por ciento en el sector urbano– se encuentran en el sector informal de la economía, donde la desigualdad y la discriminación sexual son mayores que en empleos con condiciones básicas de estabilidad laboral.
El estudio indica que las tasas de ocupación femeninas han crecido en una mayor proporción que las tasas de ocupación masculinas entre 1995 y 2002, aunque paradójicamente, se observa una tendencia ascendente en la tasa de desocupación de mujeres en la mayoría de estos países.
Los factores relacionados con la brecha existente entre hombres y mujeres en puestos de trabajo están vinculados a causas y situaciones muy diversas que en ocasiones difieren entre país y país. Sin embargo, lo común a los seis países estudiados en el Panorama Laboral 2003, es el aumento de la presencia femenina en el mercado laboral sin que esto se traduzca en una reducción importante de la discriminación hacia ellas.
Por ejemplo, las brechas por género muestran en 2001 que, independientemente del nivel educativo de la población económicamente activa, en empleos formales e informales, las mujeres reciben el 60 por ciento del ingreso laboral de los hombres y su acceso al trabajo, incluso en el mercado informal de trabajo, se encuentra en niveles altos. En el año 2000, en Paraguay por ejemplo, 73,5 por ciento de las mujeres se encontraban en ocupaciones de este sector, mientras que en el Perú ellas representan el 62 por ciento.
Mujeres al borde de la pobreza
El Panorama Laboral 2003 de la OIT analiza las transformaciones ocurridas en los seis países estudiados, durante los años noventa, revelando una clara contradicción de sociedades que experimentaron crecimiento económico sin generar desarrollo sociolaboral.
El documento analiza las causas de esta situación, entre ellas, la falta de estrategias que contribuyan a una distribución más equitativa de la riqueza mediante la implementación de políticas sociales que se adapten a los desafíos de una economía moderna.
En este contexto de deterioro sociolaboral, las mujeres se han visto obligadas a buscar ocupaciones que en la mayoría de los casos se encuentran en la economía informal. Por esta razón, en 2002 se evidencia cifras amplias en la tasa de participación de mujeres en el mercado laboral (por encima del 40 por ciento en cinco de los seis países estudiados y en ninguno de ellos por debajo del 30 por ciento), pero los tipos de empleo que se les ofrecen suelen ser de corta duración, alta inestabilidad contractual y escasa protección social. La tasa de ocupación femenina se ha incrementado, en términos generales, entre 1995 y 2002 en todos los países del estudio, aunque hay un ligero estancamiento en el último año.
Así las cosas, la gran paradoja para las trabajadoras en América Latina consiste en que si bien hay más mujeres que participan en actividades laborales, la precariedad aumenta. Esto, porque la gran mayoría de ellas tienen ocupaciones temporales que las devuelven a la desocupación en breve tiempo o bien se dedican a ocupaciones que no son consideradas por la OIT como trabajos decentes, debido a la falta de condiciones mínimas de estabilidad y protección social.
Brechas de género
Las brechas de participación masculina y femenina en el mercado laboral, en términos generales, se han reducido entre 1995 y 2002 en todos los países estudiados y en el caso de Argentina, las estadísticas son las más óptimas, seguidas por el Perú. Entre 1997 y 1999, la brecha se redujo en cuatro de cinco países, pero después, entre 2001 y 2002, aumenta o permanece sin cambios, con la excepción de Argentina.
En el caso de la evolución de los ingresos, hay diferencias notorias entre país y país. Si bien las brechas de ingreso por género persisten en todos los países, con excepción de Paraguay, hay una tendencia a la disminución, lo que es más atribuible al deterioro salarial entre los hombres que a una mejora de la situación entre las mujeres.
El Panorama Laboral 2003 considera que la perspectiva de género otorga una visión importante para identificar los problemas que afectan la realidad sociolaboral y por lo tanto, auxilia en el análisis que permite hacer recomendaciones puntuales para enfrentar sus desafíos. La OIT sostiene que es impostergable la conveniencia de examinar cuáles medidas de políticas de empleo son más eficaces para asegurar una participación sostenida y equitativa de hombres y mujeres en el mundo del trabajo.
La paradoja de la pobreza según la perspectiva de género
El aumento de la participación de mujeres en el mercado laboral también debe analizarse a la luz del problema de la pobreza, indica la OIT. Durante los años noventa aumentó la población de pobres en los seis países del estudio a pesar del incremento de la tasa de trabajo femenino.
La OIT considera que el aumento de la participación femenina en el mercado laboral podría tener repercusiones muy positivas en la reducción de los niveles de indigencia, siempre y cuando se apliquen políticas sociales que permitan crear fuentes de trabajo decente y abordar el problema del sector informal de la economía, que según el Panorama Laboral, es el ámbito en el cual se reproduce la pobreza ya que sus actividades comerciales apenas generan excedentes y en la mayoría de los casos, los trabajadores informales se dedican a “actividades de baja productividad e ingresos, incluso insuficientes para cubrir las necesidades básicas alimentarias”.
Sería un espejismo creer que el aumento de la participación femenina en el mundo laboral conducirá a la resolución de la pobreza, pero la OIT considera que esta tendencia, que se incrementó en la década de los noventa, es un logro que no se debe menospreciar.
Más allá de las brechas de género, los pequeños progresos que revelan los estudios de los seis países mencionados, indican que en América Latina hay cierto espacio para la esperanza, puesto que las mujeres están aportando ingresos a sus hogares que de alguna manera atenúan los efectos de la pobreza.
Las conclusiones son tan simples como el problema complejo: La pobreza está relacionada con las barreras que enfrentan hombres y mujeres pobres para acceder al empleo y mientras más mujeres tengan opción a trabajos decentes con protección social, remuneraciones adecuadas y garantías mínimas de estabilidad laboral, habrá más posibilidades de no sólo atenuar los males crónicos que engendra la pobreza, sino también, de aspirar a erradicarla algún día.
Fuente: Oficina Internacional del Trabajo, Sede Regional para América Latina y el Caribe.
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