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Ellos lloran más que antes, que duda cabe. |
Aunque la diferencia entre ambos sexos parece amplia, ellos antes lloraban incluso mucho menos. La actual duración de lágrimas masculina se empina por los cuatro minutos, mientras ellas las prolongan por seis. El significado cultural también es distinto: el llanto femenino sigue siendo visto como una debilidad; el de ellos es interpretado como emotiva fortaleza.
(Mujereshoy). El llanto emocional ya no parece ser monopolio de las mujeres. Al parecer, el rígido rol de género que impedía a los hombres soltar sus buenas lágrimas de vez en cuando también se ha evaporado.
“Hoy, en muchos contextos, ser calificado como un hombre sensible es un auténtico halago”, dice Tom Lutz, autor del ensayo El llanto. Historia cultural de las lágrimas. Es que, según este profesor de la Universidad de Iowa, Estados Unidos, “a finales de los años 60, la idea de que las mujeres fueran más emocionales y los hombres más racionales fue explícitamente atacada por sexista”.
Muchos grupos feministas estaban convencidos de que, “en una cultura que premiaba la racionalidad, identificar a las mujeres con la emotividad era humillante. Curiosamente, en aquella misma época se plantó la semilla del argumento opuesto: la idea de que la emotividad de las mujeres constituía una cierta superioridad moral”, asegura el académico.
Esta última idea parece haber germinado estos últimos años: sólo es cosa de ver cómo los cines se llenan de jóvenes hombres que no se reprimen en llorar en alguna escena romántica o triste, hijos de padres que, “de ninguna manera se habrían permitido tal debilidad”, ejemplifica Lutz.
El profesor va más allá y otorga nuevas cualidades a las lágrimas masculinas: “Incluso, el llanto de los hombres puede ser interpretado como un signo de fortaleza más que como un rasgo de debilidad, mientras que el de las mujeres empieza a ser visto como una señal de inestabilidad en vez de ser considerado una flaqueza”.
Hasta los más relevantes personajes públicos han renunciado a la dureza total para recoger los créditos de las lágrimas: al parecer, el público no sólo no condena sino que premia un buen llanto masculino, por considerarlo producto de la sinceridad.
Como ejemplo de lo anterior es cosa de recordar al presidente estadounidense George W. Bush, quien gozó su peak de popularidad cuando la televisión lo mostró llorando en la llamada zona cero, el sitio donde estaban las Torres Gemelas, en Manhattan.
Clasificaciones y estadísticas lagrimosas
De acuerdo al oftalmólogo español Juan Murube del Castillo, hay tres tipos de lágrimas: la basal, la refleja y la emocional. La primera, explica el médico, se encarga de lubricar el ojo conformando una membrana líquida que lo protege y permite el contacto visual con el mundo. La córnea tiene una superficie que dista de ser perfecta: es irregular, rugosa. Las lágrimas basales suavizan estas irregularidades, posibilitando el sentido de la vista.
Por su parte, las lágrimas reflejas son las provocadas por una estimulación de la córnea, como, por ejemplo, la intrusión de un granito de arena.
¿Y las emocionales? “Qué duda cabe de que son las más misteriosas y complejas. Hasta donde se sabe, ninguna otra especie animal produce lágrimas emocionales. Los seres humanos son los únicos capaces de llorar de emoción. Casi siempre se trata de una exhibición para los demás”, dice Murube del Castillo.
La falta de información al respecto es tal que la primera investigación sobre el llanto sólo fue realizada a fines de los años 70. Entonces, el resultado fue que las mujeres lloraban un promedio de 30 veces al año y los hombres, menos de 6.
En cambio, un estudio actual realizado por el investigador y fisiólogo William Frey, autor del libro Llorar, el misterio de las lágrimas arrojó un resultado levemente diferente: 64 episodios de promedio anual para las mujeres y 17 para los hombres, lo que implica un volumen cuatro veces menor de lágrimas masculinas que femeninas.
Además, el informe señalaba que los hombres lloran un promedio de cuatro minutos por episodio, mientras las mujeres lo hacen durante seis o más. Pero, aunque, hoy, los hombres lloran sin pudor, los estereotipos de género siguen teniendo un peso decisivo.
Al menos eso fue lo que manifestó otro estudio, que comprobó que las mujeres lloran más que los hombres si miran una película emotiva en compañía de alguien del sexo opuesto que cuando lo hacen con alguien del propio.
Y aunque no existe ninguna evidencia científica de que un buen llanto reporte beneficios fisiológicos, el 85 por ciento de las mujeres confiesan que se sienten mejor después de llorar largo y tendido. Por su parte, los hombres parecen decididos a no quedarse atrás: también confiesan que les hace bien soltar sus lágrimas.
Fuente: Diario El Clarín/Diario La Vanguardia.
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