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María Moliner trabajó 15 años en su Diccionario (Foto: http://cvc.cervantes.com) |
Este año se cumplen veintitrés años de la desaparición física de María Moliner, una mujer que logró una hazaña colosal dentro del campo de la lingüística, elaborar el Diccionario de Uso del Español. Publicado en 1966, es actualmente el diccionario de mayor popularidad en el mundo de habla hispana.
(Mujereshoy) Una mañana de 1952, María Moliner se instaló en el comedor de su casa madrileña, sin más elementos que una máquina de escribir portátil, dos atriles y una montaña de hojas de papel que fue doblando en cuatro para elaborar las fichas de cada palabra. Ese fue el inicio de su gran tarea. Tenía 51 años y pensaba terminar su trabajo en dos años, se demoró 15. Fue un trabajo solitario.
Una herramienta útil
La posteridad se ha encargado de revalorar la figura de María Moliner, que sin ser filóloga, ni lingüista de carrera, legó una obra de gran magnitud para el idioma español. Las sucesivas reimpresiones de su Diccionario, además de una nueva edición corregida y aumentada, publicada al finalizar el decenio de 1990, así lo acreditan.
Es necesario anotar, que para esta segunda empresa, trabajaron cerca de 40 personas. María Moliner no estuvo para verlo, puesto que falleció el 23 de enero de 1981.
Cuando el escritor Gabriel García Márquez acusó recibo del envío de la edición actualizada del María Moliner, recordó que su autora se había hecho la promesa de “escribir sola, en su casa, con su propia mano, el diccionario de uso del español”.
“Lo escribió, contó García Márquez, en las horas que le dejaba libre su empleo de bibliotecaria y el que ella consideraba su verdadero oficio: remendar calcetines. Lo que quería en el fondo era agarrar al vuelo todas las palabras desde que nacían. En realidad, lo que esta mujer de fábula había emprendido era otra carrera de velocidad y resistencia contra la vida. Es decir: una empresa infinita, porque las palabras no las hacen los académicos en las academias, sino la gente en la calle”.
El Diccionario de Uso del Español, o el María Moliner como se le suele llamar, está en las bibliotecas de gente muy variada: periodistas, estudiantes, escritores/as, académicos/as, traductores, lingüistas. Este público fiel dice que el mayor valor del Diccionario son sus definiciones, precisas y sencillas. Ahí reside su fama.
En este sentido se diferenciaba del Diccionario de la Real Academia Española, porque no dictaba normas de uso de la lengua, sino que recuperaba palabras de uso diario. La propia autora lo corroboró, al contar que ella iba en busca de las palabras, “sobre todo las que encuentro en los periódicos, porque allí viene el idioma vivo, el que se está usando, las palabras que tienen que inventarse al momento”.
Ruptura con la tradición
Son varios los aspectos del Diccionario resaltados por los especialistas del idioma. La claridad de sus definiciones es uno de ellos, además de la cantidad de información que proporciona. La otra cualidad es la ruptura con los cánones tradicionales. Según la Editorial Gredos, responsable de la última edición de la obra de Moliner, ella rompió con la tradición de definir los términos a partir de sinónimos.
Este Diccionario evita las frases estereotipadas y/o anticuadas, propias del habla de otras épocas. El lingüista Manuel Seco, advierte que María Moliner acaba con ese estilo dieciochesco, “que se había hecho hábito en los lexicógrafos sumisos al modelo académico. No sólo evita la definición circular, para lo cual inventa una minuciosa jerarquización lógica de los conceptos, sino que desmonta una por una todas las definiciones de la Academia y las vuelve a redactar en español del siglo XX, dándoles, en muchos casos, una precisión que les faltaba y desdoblándolas a menudo en nuevas acepciones y sub-acepciones que recogen matices relevantes”.
Además, una pionera
Considerando que María Moliner trabajó sola durante 15 años, destinando diez horas diarias alternadas con las labores domésticas, su tarea fue titánica que le exigió una gran disciplina de trabajo y una enorme concentración. Con el paso del tiempo, afinó su sensibilidad lingüística y se adentró más segura en el mundo de las palabras.
Esto le permitió una mirada más ecléctica y aguzada que se tradujo en la inclusión de palabras de otros idiomas que ya estaban incorporadas en el habla cotidiana de la gente y que la Real Academia se rehusaba aceptar, como “emergencia”, “control”, o “test”, que María Moliner recogió en su Diccionario. Así como la introducción de lo que es considerada “una auténtica revolución en la ordenación alfabética”. Nos referimos a las letras dobles: CH y LL, como simples, algo que la Real Academia de la Lengua adoptó recién en 1994.
Cuando la universidad era un ghetto
María Moliner nació el 30 de marzo de 1900 en la localidad de Paniza, Zaragoza. Su padre, Enrique Moliner, era médico rural. En 1912, abandonó a su familia empleándose como médico en un barco que se dirigía a Argentina. Esta situación obligó a su madre, Matilde Ruiz Laneja, a dejar Madrid y regresar a Aragón.
En 1918, María ingresa a la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Zaragoza. Fue una de las pocas mujeres universitarias de su tiempo. En 1921 obtiene su licenciatura en Historia con honores. Pero su vocación fue siempre la lingüística y la gramática. Al año siguiente, empieza a trabajar en el Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos.
Su compromiso con la Segunda República, se expresó en el proyecto de las Bibliotecas Populares y como directora de la Biblioteca de la Universidad de Valencia. Casada con Fernando Ramón Ferrando, catedrático de Física, con quien tuvo a Enrique, Fernando, Carmen y Pedro, ella y su marido sufrieron represalias al quedar cesantes al término de la guerra civil y el triunfo del franquismo.
Refugiados en la Universidad de Salamanca, deciden trasladarse definitivamente a Madrid, donde María consigue un puesto en la Biblioteca de la Escuela de Ingenieros Industriales. En esta etapa da inicio a su proyecto más caro: el Diccionario de Uso del Español.
En marzo de 2000, España recordó el centenario del nacimiento de María Moliner con una serie de actividades. En especial, el Gobierno de Aragón –a través de su Departamento de Cultura– que organizó varios actos para revivir la vida y obra de la mejor lexicógrafa española de todos los tiempos.
Fue un acto de justicia para quien le fuera negado el ingreso a la Real Academia de la Lengua Española, luego de que su nombre fuera propuesto en 1972. En vida, María Moliner actuó fuera del establishment académico. Modesta y en silencio, trabajó día a día frente a su mesa de trabajo en el comedor de su casa, buscando atrapar las palabras, consciente de que su empresa debía durar toda la vida.
Fuentes: Meridiana, España; Centro de documentación e información de Isis Internacional; Mujereshoy.
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