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(España) ¿Cuántas necesitamos ser para detener la violencia? ¿Cuántas para aplicar las medidas drásticas y acertadas que impidan que continúen muriendo mujeres víctimas de la violencia de género?
No podemos olvidar que, en España, durante el año 2003 hubo 78 mujeres muertas (según los datos suministrados y en los que debemos confiar), víctimas de la crueldad de sus esposos o compañeros y, en algunos casos, por hombres totalmente desconocidos por ellas, como el caso de Sandra Palo y Sonia Carabaote, a quienes se les arrebató el derecho a disfrutar de la belleza de la juventud.
Reconocemos la preocupación del Instituto Andaluz de la Mujer y de la Delegación de la Igualdad, quienes permanentemente están promoviendo manifestaciones en protesta y minutos de silencio por las víctimas de la violencia de género.
Sin embargo, nos damos cuenta que esta grave situación continúa existiendo, porque iniciamos el 2004 con una mujer muerta a manos de su ex compañero, quien también arremetió su criminalidad ante los dos hijos de la víctima.
Con el alto número de mujeres muertas en el 2003 y lo sucedido el 1 de enero del 2004, constatamos que las actuales medidas para evitar la violencia de género, no son las adecuadas y que deben ser modificadas al más breve plazo y desde todo punto de vista.
La mujer sometida a la violencia pierde su autoestima y entra en el proceso de sentirse víctima, pero al mismo tiempo se siente culpable de los hechos.
Estas contradicciones causan en ella confusión y temor, lo que es aprovechado por el autor del maltrato, quien juega de manera astuta con su personalidad para hacer creer a la víctima que es ella la causante del mal comportamiento.
Éstas y muchas otras razones hacen que la mujer no s atreva a denunciar al maltratador. Cuando lo hace, muchas veces es ella misma quien le dice a su maltratador que ha tomado medidas para evitar ser maltratada, acción que la arriesga a pagar con su vida.
Lo sucedido a Sandra y a Sonia es la otra cara sucia de la moneda, ya que fueron asesinadas sin ni siquiera conocer a los autores de su muerte.
No es posible que este problema social esté sucediendo en un país donde se cuenta con profesionales capacitados, con un gran potencial humano y con los medios necesarios para evitar que continúen muriendo más mujeres a manos de criminales.
Lo anterior colmó la copa y en España debemos elevar nuestro grito de: BASTA YA.
Si basta ya de manifestaciones, basta ya de minutos de silencio, basta ya de pañitos de agua tibia. Basta ya de tener que escuchar que aumentan las estadísticas de mujeres víctimas de la violencia de género. Basta ya de que las jovencitas sean presa fácil de los criminales.
Es absolutamente justo pedir que los entes representativos e involucrados en la defensa y representación de la mujer deben exigir nuevas normativas al Estado. Solicitar la presencia de grupos políticos y aumentar la participación de profesionales idóneos que, con sus experiencias y conocimientos, ayuden a determinar y a enriquecer las medidas que den mayor seguridad a las mujeres sometidas a la brutalidad del verdugo. Sólo así evitaremos el dolor de ver que mujeres llenas de deseos de vivir entren a engrosar la lista de mujeres muertas y saber que aumentan los niños y las niñas huérfanos.
No podemos olvidar el dolor que sentimos al saber que jovencitas llenas de ilusiones, de esperanzas y sueños fueron muertas a manos de quienes se sienten grandes y fuertes ante la impotencia y la debilidad a que somete la crueldad de estos actos.
En ningún momento quiero criticar o desconocer el esfuerzo de todas aquellas personas que idean o realizan acciones para evitar la muerte de mujeres inocentes. O las de aquellas que creyeron, en muchos casos, que su maltrato era merecido, o las de que soñaron con ese cínico amor que les profesaba ese hombre que, un día cualquiera, sería quien les impediría sonreírle a la vida. O las de todas las personas que repudian estos hechos. Hechos que gritan por justicia, hechos que piden la urgente modificación de las leyes, del sistema, de todo aquello que, voluntaria o involuntariamente, sea cómplice de la muerte de mujeres víctimas de la violencia.
Hechos que exigen la programación y realización de encuentros y reuniones con padres y madres, en donde se converse sobre la importancia de que el cambio debe comenzar en la casa, siendo amigos de nuestros hijos, compartir sus actividades fuera del hogar y siendo concientes de que no sólo somos padres y madres porque damos lo material, sino porque somos los guías de nuestros hijos.
Por otra parte, es necesario integrar en la orientación educativa en el colegio, en la escuela, a los niños, las niñas, a los adolescentes, jóvenes y jovencitas la enseñanza del respeto a sus valores, así como el respeto a los valores de los demás.
Mi llamado al cambio está reflejado en cada una de mis palabras, plasmadas con el corazón en este escrito que manifiesta mi dolor, mi tristeza y mi indignación ante la crueldad e impotencia a que son sometidas las mujeres, sin importar su edad, su color, su raza o su credo.
Sólo porque es mujer…
Nací de una mujer. Soy madre de una jovencita. Abuela de una hermosa niña y soy mujer.
Por ti mujer, para ti mujer que, donde estés, seguirás siendo grande porque eres “MUJER”.
* Presidenta de la Asociación Colombia sin Fronteras, con sede en España.
Email: colombiasinfronteras@hayoo.es ; sopade_letras@yahoo.es
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