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Detalle de afiche dedicado a Gertrudis Gómez de Avellaneda (Foto: www.damisela.com) |
Escritora cubana y una de las figuras femeninas más resaltantes de la literatura hispanoamericana del siglo XIX, Gertrudis Gómez de Avellaneda tuvo una destacada actuación como dramaturga, poeta, narradora, ensayista, periodista y defensora de la capacidad intelectual de las mujeres.
(Mujereshoy) Nacida en Camagüey, Cuba, el 23 de marzo de 1814, pero transplantada muy joven a España, Gertrudis Gómez de Avellaneda concentra en su personalidad, inteligencia, audacia, pasión y rebeldía. Su historia es la de una mujer decidida a tomar el mundo en sus manos, empresa muy costosa para una mujer del siglo XIX.
Gómez de Avellaneda fue hija de un oficial de la marina española, Manuel Gómez de Avellaneda y Gil de Taboada, y de la cubana Francisca Arteaga y Betancourt. La posición social y económica de su familia facilitó el entorno adecuado para que Gertrudis accediera al privilegio de una educación que, aunque elemental, la familiarizó con los clásicos de la literatura. A los nueve años inicia su aventura literaria, escribiendo sus primeros cuentos.
Soy libre
Empeñada en seguir el oficio de las letras y en buscar por sí misma un camino propio, rechaza la imposición familiar de un matrimonio arreglado, situación que se repetirá años después, cuando ya establecida en España, no acepta la proposición de su tío paterno de casarla con un personaje influyente.
La muerte de su padre, cuando ella tenía nueve años y el nuevo casamiento de su madre, la empuja a viajar a España, la tierra de su progenitor, cuya muerte es la primera de una serie de pérdidas irreparables. Como la de su única hija, Brenhilde María, fruto de su amor extraconyugal con el poeta Gabriel García Tassara. Más tarde, la viudez la marcará dos veces.
Tanto en su Autobiografía, como en Diario de Amor, Gertrudis Gómez de Avellaneda explicitó sus deseos de autonomía y libertad, a contrapelo de su naturaleza empecinadamente romántica reflejada en sus varias relaciones amorosas. “Soy libre, escribe en Diario de Amor, y lo eres tú; libres debemos ser ambos siempre, y el hombre que adquiere un derecho para humillar a una mujer, el hombre que abusa de su poder, arranca a la mujer esa preciosa libertad: porque no es ya libre quien reconoce un dueño”. El interlocutor de este Diario es Ignacio Zepeda, el gran amor de su vida, según apuntan algunos biógrafos.
El itinerario
Inscrita dentro de la escuela Romántica española, Gómez de Avellaneda será fiel a esos postulados. Su extensa obra como autora teatral así lo demuestra. Instalada en Madrid en 1840, inicia un ciclo creativo sin tregua. Aunque ya en Sevilla, donde vivió un tiempo, se hizo conocida en los círculos intelectuales por sus artículos en varios periódicos y revistas, además de escribir su primera obra teatral, el drama en prosa Leoncia que dio a conocer bajo el seudónimo de La Peregrina.
Pero será Madrid, el lugar donde reciba el reconocimiento y el aplauso. Es admitida con honores en el Liceo Artístico y Literario, el más importante cenáculo literario de la época. Frecuenta las tertulias y veladas literarias donde traba amistad con los poetas románticos, Manuel José Quintana, José de Espronceda y José Zorrilla.
En 1841 publica la primera edición de Poesías y Sab, considerada la primera novela hispanoamericana que aborda críticamente el tema de la esclavitud. Otra de sus novelas que también recibió el beneplácito de la crítica fue Guatimozín, el último emperador de México publicada por entregas en 1846, por el periódico El Heraldo.
Su trayectoria como dramaturga es notoria. En 1859 da inicio oficialmente a su labor de autora teatral, estrenando el drama Baltazar, donde aborda el tema de la independencia y libertad de los pueblos. Fue un período de intensa creatividad. Avellaneda llegó a escribir 13 obras dramáticas, la mayoría con éxito de público y crítica. Los Reyes de España asistieron varias veces al teatro donde se escenificaban sus obras.
El Álbum y sus consecuencias
En 1859 Gertrudis y su segundo marido, el coronel Domingo Verdugo, llegan a La Habana, luego que Verdugo sufriera un atentado criminal que, según se dijo, tuvo motivos políticos y odios personales, relacionados con los ataques a la representación del drama de la escritora Los tres amores. Verdugo nunca se repuso de las heridas y murió en 1863 en Cuba.
Durante la permanencia en la Isla, la escritora funda El Álbum cubano de lo Bello y lo Bueno. Revista quincenal de moral, literatura, bellas artes y modas. Dedicada al bello sexo (1860-1864). De la serie de artículos que Gertrudis escribió para El Álbum, destacan los titulados, “La mujer considerada respecto a su capacidad para el gobierno de los pueblos y la administración de los intereses públicos”, y “La mujer considerada particularmente en su capacidad científica, artística y literaria”. En este último, su autora advierte que es imposible encontrar mujeres notables dedicadas a las ciencias y las artes, porque el acceso al conocimiento y la educación superior está vetado para ellas.
También critica las actitudes peyorativas y de menosprecio hacia las literatas que deben soportar que el “exclusivismo varonil” las considere poco menos que intrusas y usurpadoras, siendo tratadas “con ojeriza y desconfianza, que se echa de ver en el alejamiento en que se las mantiene de las academias barbudas”.
“Como desgraciadamente, la mayor potencia intelectual no alcanza a hacer brotar de la parte inferior del rostro humano esa exuberancia animal que requiere el filo de la navaja, ella ha venido a ser la única e insuperable distinción de los literatos varones, quienes –viéndose despojados día a día de otras prerrogativas que reputaban exclusivamente suyas– se aferran a aquélla con todas sus fuerzas de sexo fuerte, haciéndola prudentísimamente el sine qua non de las académicas glorias”.
El sexismo de la Academia
Y es que Gómez de Avellaneda nunca le perdonó a la Real Academia Española de la Lengua impedirle ocupar, en 1853, uno de los sillones de esa institución que quedó vacante a la muerte de su amigo, el escritor Juan Nicasio Gallego. A modo de respuesta a la campaña que la escritora emprendió a favor de su candidatura, los varones académicos tomaron el acuerdo de rechazar el ingreso de las mujeres.
En su campaña para acceder a la Academia, Gertrudis pidió el apoyo y comparecencia de sus más influyentes amigos a la sesión donde se iba a decidir sobre la vacante. Con talante decidido les dice que se siente merecedora de ese nombramiento, ya que la Academia “debe compensarme en cierto modo, mostrando que no es en España un anatema ser mujer de alguna instrucción; que el sexo no priva del justo galardón al legítimo merecimiento”.
Lejos estaba de imaginar que la decisión de la Academia sellaría su suerte y la de muchas escritoras e intelectuales de las siguientes generaciones. Recién en 1978, después de casi tres siglos de existencia, la Academia recibió a la primera mujer, la poeta Carmen Conde. En 1983, otra mujer, la novelista Elena Quiroga, es elegida para ocupar el sillón vacante de Conde, y en 1995, la escritora Ana María Matute se convierte en la tercera mujer en trasponer las puertas de la Academia. La más reciente incorporación es la de la historiadora Carmen Iglesias en el año 2002.
A Gertrudis Gómez de Avellaneda la vida la puso a prueba muchas veces. Pero por encima de sus amores frustrados y de las muertes que la obligaron a llevar luto varias veces, se proclamó afortunada por el don de la escritura deparándole honores en vida. Defensora de la libertad amorosa, no quiso tener dueño. En esto siguió fielmente a George Sand, por quien tuvo una gran admiración.
Adelantada para su época, su vida se extinguió el 2 de febrero de 1873, luego de luchar contra una diabetes. Contrariamente a la fama que había alcanzado en años anteriores, murió prácticamente olvidada. A su entierro asistieron pocos escritores y la prensa madrileña apenas le dedicó unas breves líneas.
Será una mujer, la Baronesa de Wilson, la escritora viajera y gran conocedora de la obra de las escritoras americanas, quien le dedique un elogioso artículo a manera de homenaje póstumo, en la revista La América, publicado el 28 de febrero de 1873.
Fuentes:
Raimundo Lazo. Gertrudis Gómez de Avellaneda. La mujer y la poetisa lírica, 1972. Editorial Porrúa, S.A. México.
Juana Martínez Gómez. Almudena Mejías Alonso. Hispanoamericanas en Madrid (1800-1936). 1994. Dirección General de la Mujer. Comunidad de Madrid.
Inmaculada Jiménez Morell. La prensa femenina en España. 1992. Ediciones de La Torre. Madrid.
Centro de Documentación de Isis Internacional.
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