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NO + VIOLENCIA/Intrafamiliar
08.03.2004
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PUNTO DE VISTA
8 de marzo: Nombrar la violencia
Tere Maldonado/Asamblea de Mujeres de Viscaya, España

 


Nombrar las cosas es alumbrarlas. Las palabras hacen visible la realidad. Pero también pueden ocultarla. O maquillarla. Victor Klemperer documentó cómo y con qué consecuencias se apropiaron los nazis del lenguaje. No es indiferente decir lucha armada o terrorismo. El feminismo ha ido sacando a la luz lo que estaba en sombra, lo ha hecho presente al nombrarlo. Expresiones como feminización de la pobreza, doble jornada o acoso sexual han hecho visible lo que no tenía nombre.

Hace no tanto, sólo las feministas denunciábamos la violencia contra las mujeres. A veces se nos llamó victimistas. Hoy la violencia sexista ha pasado de los sucesos a las primeras páginas de la prensa y ha dejado de ser disculpada. Aunque ello no signifique, como es evidente, que nos hayamos acercado al fin de las agresiones, son pasos en ese camino.

En el siglo XX el mundo mejoró mucho gracias al feminismo. De nuevo eso no implica que esté todo conseguido. Los cambios que persigue el feminismo no son sencillos ni posibles sólo con medidas legales, por importantes que éstas puedan ser. Lo que el feminismo plantea afecta no sólo a lo que las personas hacemos, cosa susceptible de regulación legal, sino también a lo que somos, a nuestra identidad, cosa no abordable desde la ley. El Derecho debe abstenerse de juzgar formas de ser y referirse sólo a acciones; los delitos han de ser tipificados con detalle para establecer con exactitud qué no puede hacerse: lo que resulte lesivo para terceras personas.

Claro que lo que hacemos está en relación con lo que somos: una arquitecta o una futbolista son tales porque hacen determinadas cosas y, al revés, hacer esto o lo otro las convierte en lo que son. La literatura feminista sobre la construcción de las identidades explica cómo hombres y mujeres hacemos cosas distintas y desarrollamos identidades personales diferentes. Estas diferencias van siendo menores en la medida en que son asumidos los postulados del feminismo y la sociedad es más igualitaria.

Pero la persistencia de la violencia sexista, algo que algunos hombres hacen y que está en relación con la identidad masculina más hipertrofiada, muestra que queda mucho camino. Como son actos de ciudadanos que vulneran los derechos de otras ciudadanas, esta violencia ha de ser castigada penalmente; y como está en relación con la identidad social masculina, ha de ser abordada desde la educación, fomentando valores y actitudes respetuosas y no sexistas. Pero será difícil acabar con ella si no explicamos correctamente qué es, a qué responde. Y la expresión que ha triunfado para nombrarla, la famosa “violencia de género”, en lugar de aclarar, esconde y desvirtúa la naturaleza de la violencia masculina.

El concepto de género fue elaborado por el feminismo. Gracias a él hemos podido explicar mejor la subordinación histórica de las mujeres distinguiendo las diferencias naturales (biológicas, genéticas) entre hombres y mujeres de las establecidas por la sociedad. A lo que se basa en la naturaleza lo llamamos sexo y a lo que tiene origen social, género. Ser macho o hembra sería un cuestión biológica, de nacimiento; devenir hombre o mujer, producto de una determinada socialización, de la interiorización de una educación.

Se trata de modificar esto último creando modelos de feminidad y masculinidad no jerárquicos o disolviendo todo modelo de género (hay dos planteamientos feministas: para unas, se trata de redefinir qué es ser mujer y qué ser hombre; para otras, hay que deshacer todo modelo para que aflore la individualidad sin marca de género; todas estamos de acuerdo en rechazar las formas tradicionales de feminidad/masculinidad). La noción de género permite también sacar a la luz que la subordinación de las mujeres tiene que ver con los hombres. La discriminación femenina es inseparable de los privilegios masculinos, es imposible acabar con aquélla sin tocar éstos. Los géneros están interrelacionados, lo que el feminismo plantea no tiene que ver sólo con las mujeres.

El concepto de género sirve para explicar muchas cosas, pero eso no significa que pueda usarse siempre que se traten cuestiones relativas a la discriminación de las mujeres. La expresión “violencia de género” esconde quién ejerce esa violencia y contra quién lo hace, oculta que son los hombres los que agreden a las mujeres. Por eso Urdaci pudo presentar así una noticia: “Un nuevo caso de violencia de género, pero en esta ocasión la víctima ha sido un hombre”.

Denominarla “violencia doméstica” también lleva a engaño porque la equipara con la que puede darse entre dos hermanos, relegando a un segundo plano lo que debería estar en primero: la naturaleza sexista de esa violencia. La violencia que sufre una mujer a manos de su marido es de la misma especie que la que sufre una mujer violada: son dos ejemplos distintos de violencia masculina contra las mujeres. La subordinación de las mujeres se encuentra detrás de ambos casos y los explica.

Todo proceso de liberación comienza por describir con palabras adecuadas qué sucede. La violencia masculina que sufren las mujeres no es la única que existe, pero si nos referimos a ella, a la que sufren las mujeres por serlo, deberíamos reconocerla como lo que es: violencia sexista contra las mujeres. Si así la identificamos habremos dado el primer paso para erradicarla.


Fuente: http://www.diario-elcorreo.es. Enviado por RIMA.

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Nota: este portal de Internet fue abierto el 15 de enero de 2003