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Desarrollar habilidades para aprender a defenderse (Foto: www.eisen8m). |
La violencia contra las mujeres es una clara expresión de la desigualdad entre hombres y mujeres. Dicha violencia se ha incrementado considerablemente, en comparación con años anteriores, lo que nos obliga a estar más atentas, a actuar con más prudencia y a tener, en todo momento, todos nuestros sentidos en alerta. Para ello es la defensa personal.
La Organización Mundial de la Salud, en su Informe Mundial sobre la Violencia y la Salud, define la violencia como “El uso deliberado de la fuerza física o el poder, ya sea en grado de amenaza o efectivo, contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones.”
El colectivo femenino es considerado uno de los más vulnerables, junto con niños y ancianos, debido a nuestra condición física, factores sociales, entre otros, por lo que somos víctimas potenciales de agresiones y todo tipo de abusos.
En consecuencia, nos deberíamos preparar física y psicológicamente para afrontar los mismos, porque cualquier mujer puede sufrir un intento o una agresión en algún momento de su vida.
La defensa personal no está basada en la ley del más fuerte, sino, en la ley del más inteligente. Jamás podremos ganar con la fuerza a un hombre, pero sí con astucia, con habilidad y utilizando una poderosa arma que poseemos: nuestro cerebro.
El miedo es una falta de confianza, por lo que es necesario confiar en sí misma, ponerse pruebas o retos cada día, afrontar los riesgos que se presenten para aumentar la autoconfianza y aprender a conocerse, educar la mente para asegurar la supervivencia.
La reacción instintiva que surge de inmediato ante una agresión es la de huir, pero si dicha acción es imposible o difícil de llevar a cabo, nos quedarán dos alternativas: actuar (enfrentamiento físico y psicológico) o dejar hacer (soportar pasivamente la violencia contra nosotras).
Se puede distinguir la mujer agredida que se siente víctima de aquella que no lo siente a partir de la decisión de luchar o de dejar hacer frente a una agresión. La mujer que no quiere sentirse víctima es la que intenta salvaguardar su propia integridad, es una mujer luchadora, segura y responsable de sí misma. Una mujer agredida no tiene que sentirse víctima, es una mujer que ha sufrido una agresión.
La actitud es la confianza que se debe tener antes, durante y después de una agresión o intento de agresión. Siempre debe ser positiva, no sólo en defensa, sino en todos los aspectos de la vida. Para mantenerla, se debe ignorar el dolor e intentar apartar de la mente cualquier sentimiento de miedo, culpabilidad o inferioridad.
Nuestro estado de alerta o atención lo debemos programar constantemente, consciente de sí misma y del entorno, nunca dar la impresión de estar distraídas. Hay que estar alerta porque nunca sabemos con lo que nos vamos a enfrentar, no hay que tener miedo de ser demasiado desconfiadas frente a los demás.
Aprendiendo diferentes técnicas de defensa lograremos despertar nuestro lado animal o tigre y con ello lograremos ser tanto o más efectivas que cualquier hombre, ya que de nuestro lado está el factor sorpresa, porque ningún agresor espera que la mujer agredida se defienda con toda la rabia del mundo.
Hay que confiar en nuestro instinto, oír nuestra voz interior, reaccionar y recuperar de nuevo la confianza. En estas situaciones no debemos comportarnos como la sociedad nos marca, no debemos ser señoritas, ni niñas, ni tener educación, ni ser amigables. Debemos gritar, enfadarnos y por supuesto, defendernos.
Existen una serie de reglas de prevención que hay que tener en cuenta para evitar cualquier tipo de peligro, acompañadas de diversas medidas de seguridad.
Conocer estas técnicas no quiere decir que nos volvamos mujeres violentas o agresivas, sino que adquiramos los conocimientos y tácticas necesarias para afrontar y reaccionar ante cualquier agresión, pero, ante todo, ser capaces de prevenir cualquier situación de peligro, ya que el estudio de la defensa personal comienza en la prevención.
La prevención es el mejor medio para garantizarnos una seguridad integral. El agresor es un depredador que elige su presa; la prevención permite que no seamos una presa fácil.
¿Por qué existe una diferencia de sexos a la hora de aprender a defendernos? Respondo con una pregunta: ¿cuántas violaciones, vejaciones, malos tratos, abusos de cualquier tipo existen en el colectivo masculino?
Las clases de defensa personal para mujeres tienen su razón de ser: aprender a defendernos, aprender a evitar una agresión, defensa legal, técnicas de defensa física, lo que hay que hacer si sufrimos una violación, medidas de prevención y seguridad aplicadas a nuestra vida diaria, fomentar nuestro espíritu combativo, preparación psicológica. Todo dirigido a las mujeres, porque todavía, y es una lástima decirlo, vivimos en una sociedad retrógrada, donde muchos hombres se creen superiores ¡y para ello lo tienen que demostrar a ostias!
Lo importante es que desarrollemos nuestra mente y nuestro cuerpo... sin dejar de ser mujeres.
Almudena Ruiz Gimeno: almu_arg@hotmail.com
Instructora de Defensa Personal Femenina en Zaragoza-España.
Fuente: Almudena Ruiz.
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