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La escritora argentina Patricia Suárez (Foto: Escritoras.com) |
Florencia Abbate, María Fasce y Patricia Suárez tienen menos de 35 años y debutaron hace unos meses con sus primeras novelas: son jóvenes escritoras argentinas que quieren revertir décadas de hegemonía masculina. Quiénes son y qué piensan estas mujeres que irrumpen en la literatura latinoamericana, en entrevista con el diario Clarín.
“Bueno, bueno, cuando titulan una nota 'Mujeres que escriben' es como si dijeran 'Monos que piensan'. No acepto verme obligada a confirmar un imaginario banal sobre qué debe escribir una mujer”.
Florencia Abbate, que acaba de publicar su primera novela, El grito, habla con firmeza, rápido, asegura que no tiene padres ni madres literarias, que le parece una lástima que Borges (tan libresco) sea el modelo de escritor argentino, que la literatura femenina no le interesa.
Algo parecido, “cuando uno escribe no está pensando a qué generación pertenece, ni si es argentina o mujer”, dice María Fasce, que también acaba de debutar en la novela, con La verdad según Virginia. Sin embargo, ellas dos están sentadas aquí junto a Patricia Suárez, ganadora del último premio Clarín de novela por Perdida en el momento, a partir de estos datos: son mujeres, ninguna pasa los 35 años y fueron publicadas por sellos importantes.
¿Será que la literatura argentina entra al siglo XXI con una firme generación de mujeres narradoras? Sobre la mesa -en un café de San Telmo- aparecen enseguida otros nombres: Paola Kaufmann, que el año pasado, a los 33, ganó el premio Casa de las Américas por La hermana, o Samanta Schweblin, que publicó El núcleo del disturbio.
¿Hay, entonces, una nueva generación? “Ya es hora de que se produzca una renovación -dice Abbate-; acá los escritores jóvenes tienen alrededor de 40 años.”
Entre esos escritores, dicen, los hubo muy intelectuales y otros que hablaron de Buenos Aires como si fuera Nueva York. Ellas no quieren una cosa ni la otra.
Abbate dice que no hay por qué elegir entre una literatura “culta”, que trabaje con el lenguaje, y otra que cuente historias. “Esa es una polémica vetusta”.
Intelectuales no; yuppies, no. ¿Cuál es la tradición de estas narradoras? ¿A quién tuvieron que admirar y denostar para poder plantarse en el mundo? “No tuvimos padres”, suelta Abbate. “Hay mucho vacío, páramo, desierto. La literatura argentina ha abandonado la búsqueda de lectores”.
Suárez sonríe: “¿Un gesto de parricidio? Qué se yo, yo no maté a nadie... Y por otro lado: ¿qué nombre de la generación anterior ha influido tanto como para tener que tomar una posición? Mmmmm. Se podría polemizar sobre las mujeres escritoras. Hebe Uhart, Alicia Steimberg, Ana Shúa, Liliana Heker... ¿Podés leer a Heker y no sentirte pariente en tu escritura? Quizás no sea parricidio sino matricidio”.
Abbate se fastidia, no quiere hablar de eso: “Soy mujer y supongo que eso se plasma en lo que escribo como se plasman otras cosas. En la literatura latinoamericana quizás una de las cosas más desgraciadas es que en ese afán por hacer una literatura femenina muchas escritoras escriben como si fueran mujeres. Que es distinto que ser mujer y escribir. Escribir como si fuera mujer es responder al imaginario que ya existe sobre qué es ser mujer y así colaborar con una idea banal de la femineidad”.
Patricia Suárez, toda de negro, se diferencia: “Yo sí leo literatura femenina argentina. Porque son mis pares. Hay que distinguir entre literatura femenina que es literatura escrita por mujeres y literatura femenina que responde a un mercado editorial. A un mercado de mujeres que esperan leerse y decir: 'Yo amo igual, de esta manera'”.
“Pero cuando escribimos no pensamos en eso -insiste Fasce-, lo que queremos es escribir, publicar, ser leídas...”
Claro, escribir. Pero ¿para qué? ¿Para contar qué? Y también -la polémica “vetusta”- ¿partiendo de la vida o de otros libros?
“¡Ambas cosas!”, dice Abbate. “Para componer la voz de un montonero estuve leyendo a Chandler. Pero ese personaje hubiera sido imposible si yo no hubiera conocido gente que participó en la militancia de esos años. Ese personaje tiene una parte de construcción libresca y otra que es totalmente de la experiencia ¡y gracias a Dios! Por eso no me gusta que Borges sea el modelo de escritor: es una literatura muy libresca que a mí no me interesa como apuesta. La literatura es mi manera de intervenir, de hacer cosas que están vinculadas con otras personas, no con mi biblioteca”.
Fasce discute que haya que ser “universal”: “Los libros que nos conmovieron tenían que ver con cosas que le pueden pasar a la gente en cualquier lado pero le pasan en un lugar determinado”.
A ellas les tocó un lugar determinado, este país. Y un tiempo, que no fue un dato menor a la hora de la literatura. Diciembre de 2001, dicen, fue una marca. Fecha del estallido de la crisis política y social en Argentina.
“Fue el primer acontecimiento histórico del que me sentí parte”, dice Abbate, la más joven. “Es una elección ética elegir personajes que sufren, que están medio descolocados: yo no voy a hacer la crónica del éxito. Viviendo en un país periférico, donde las cuestiones sociales condicionan la vida cotidiana, me parece legítimo representar eso que tiene que ver con lo local”.
Sí, para Fasce también fue un acontecimiento político central: “Mi novela transcurre semanas antes de diciembre de 2001. Es una historia intimista, los personajes están metidos en una burbuja y la realidad externa no los toca. Eso hubiera sido imposible después de diciembre”.
Suárez sonríe: “Hablamos del 2001 Odisea Espacial, como si lo hubiéramos vivido así... La novela Perdida en el momento es lo que ocurre después de 2001, con una protagonista que se va a los Estados Unidos. La escribí de un tirón: se iban mis amigos, mis parientes. Yo les decía: 'Vos sos arquitecto, no te podés ir a cortar sándwiches...' En la novela apareció el exiliado que ni siquiera puede hablar cómodamente en su propia lengua”.
Abbate está convencida: “Una ética con el lector es hablar de algo próximo: está pasando todo esto que sacude las vidas de todo el mundo: ¿qué te voy a contar? ¿De unos zares en el siglo nosecuanto? La poesía de los últimos años estuvo más cerca del habla coloquial y captó cambios en el habla mejor que la narrativa”.
-También es un momento de auge del documental. ¿Ustedes hacen algo parecido a lo del nuevo cine argentino?
- Sí, dice Fasce. Sí, dice Abbate: “más que en el resultado, en el impulso de estar cerca de lo que pasa”. No, dice Patricia Suárez: “A mí me interesa usar una lengua que pueda leer desde un catamarqueño hasta alguien que viva en Filipinas. No un lenguaje neutro pero sí que sea entendible y que el localismo esté usado cuando se justifica”.
Avanza la tarde, se acabaron todos los cafés, la charla es entusiasta y desborda la mesa: alrededor, más de uno se quedó un ratito más y casi casi opina. Es que acá se habla fuerte de lo que es escribir. En la Argentina. Después de 2001. Tres mujeres.
Fuente: Diario Clarín.
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