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PANORAMA/Trabajo
17.05.2004
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ARTÍCULO
Las mujeres en el nuevo mundo laboral
Soledad Ortega, Mujeres Hoy
Foto: Mujeres trabajando en la llamada "industria de la aguja" en el Puerto Rico de los años 30 (Foto: Hunter.com)
 
¿Cómo ha cambiado la relación trabajo-vida familiar para las mujeres desde los tiempos de nuestras abuelas? ¿Es distinto el vínculo de las mujeres y los hombres con el mundo laboral? Esta y otras reflexiones busca resolver El trabajo se transforma, publicación del Centro de Estudios de la Mujer de Chile, a cargo de las investigadoras Rosalba Todaro y Sonia Yáñez.

(Mujereshoy) La flexiblidad y precariedad laboral a la que están sujetas las mujeres, los cambios experimentados en las jornadas de trabajo, las distintas formas de contratos que las empresas plantean y las potencialidades de las nuevas tecnologías de información y comunicación, entre otros, son los tópicos abordados en esta investigación publicada en Chile el mes pasado.

Sus compiladoras -y también autoras, junto a otras expertas- Rosalba Todaro y Rosa Yáñez enfrentaron las trayectorias laborales de hombres y mujeres en distintas épocas y dentro de distintos contextos sociales para entregar un completo panorama de lo que es el mundo laboral hoy en día para las mujeres.

Para las autoras, los profundos cambios surgidos en la última década en las relaciones de trabajo son parte de la ruptura y la emergencia de un nuevo paradigma de producción y de flexiblidad en el mercado.

Los trascendentales cambios en el carácter del trabajo remunerado estarían determinados, según las investigadoras del Centro de Estudios de la Mujer (CEM), por las nuevas tecnologías, las organizaciones de empresa, pero, sobre todo, por las profundas transformaciones socioculturales donde las modificaciones en las relaciones de género son protagonistas.

“La incorporación flexible del factor humano en un nuevo organismo objetivo de producción hace que el trabajo remunerado estará cada vez menos representado por el empleo estándar: aquel relacionado con las rígidas estructuras de la maquinaria clásica preinformática, a la gran empresa jerárquica de fabricación de bienes en masa estandarizada y las condiciones del trabajador-obrero masculino como único proveedor de la familia”, señalaron las investigadoras en conversación con Mujeres Hoy.

El trabajo actual, en cambio, se caracterizaría más bien por una hasta ahora no conocida heterogeneidad de las formas contractuales, y por desarrollarse en estructuras descentralizadas y en horarios y lugares flexibles, dijeron.

Por lo tanto, el eje principal del cambio en las relaciones laborales actuales es la “deslimitación” del trabajo remunerado o, en otros términos, la demolición de las fronteras entre trabajo y vida. De este modo, la flexibilidad laboral constituye un nuevo nivel de explotación de la fuerza de trabajo o de la producción de plusvalía, un nuevo tipo de reproducción y acumulación del capital que nace como reacción a la crisis de valorización del capital en los años setenta del siglo XX.

-¿Cuáles son los principales costos que deben pagar las mujeres trabajadoras por ingresar a un mercado laboral a través de los mecanismos de la flexibilidad laboral? ¿El género determinaría más discriminaciones?
-La demanda de trabajo flexible generada por la economía chilena a partir de los años ochenta encuentra en las mujeres la oferta adecuada. Se trata de mujeres para las cuales el empleo atípico o flexible se vuelve atractivo, en la medida en que les permite ejercer un trabajo remunerado que es a la vez compatible con las tareas de cuidado, culturalmente asignadas al sexo femenino. Influyen en esta dirección las necesidades monetarias de las familias y el deseo de muchas mujeres de autoafirmarse y generar ingresos propios.

Respecto a sus efectos sobre el trabajo de las mujeres y las relaciones de género, las transformaciones en curso en las relaciones laborales son contradictorias. Por un lado, no se debe subestimar los efectos positivos del aumento de la participación laboral de las mujeres, incluso en condiciones de trabajo precarias como las generadas por la inestabilidad, los magros ingresos y la escasa protección social.

Como muestran nuestros estudios, el acceso de las mujeres a tales trabajos puede representar un progreso respecto a condiciones previas, al aumentar su autonomía personal y económica y mejorar, de este modo, su capacidad de negociación al interior de la pareja y familia. La generación de ingresos propios, la ampliación de las relaciones interpersonales y el aprendizaje de nuevas competencias debilitan la habitual dependencia de las mujeres respecto de los hombres, y dirigen las relaciones sociales de género existentes hacia otras con mayor potencialidad de equidad.

Por otro lado, las características del sistema de relaciones de género propio de las sociedades actuales no sólo llevan a que hombres y mujeres entren en condiciones de desigualdad al proceso de reorganización del trabajo hoy en curso. Además, se ven afectados de diferente manera por dicho proceso, dado que su característica determinante, la flexibilidad, se apoya en una estructura de relaciones sociales desiguales entre los géneros. De manera bastante clara, la inequidad de género pasa a formar parte de la estrategia flexibilizadora del mercado laboral, que se apoya en la necesidad de las mujeres de compatibilizar trabajo remunerado y trabajo reproductivo y en la segregación sexual del mercado de trabajo, con ocupaciones masculinas y femeninas a las que se atribuye distinto valor.

En efecto, si bien algunos grupos de trabajadores se benefician de la flexibilidad laboral y sus oportunidades en el mercado laboral mejoran, otros pierden terreno y tienen que soportar empleos inestables, bajos salarios y bajos niveles de protección social o ninguna protección. Las mujeres están en ambos grupos; sin embargo, los análisis han demostrado que una alta proporción de mujeres pertenecen al segundo grupo. Las experiencias de las mujeres en el mercado laboral flexible se ha llamado también un proceso de integración-resegregación.

-¿Cuáles podrían ser algunas estrategias sociales, políticas y comunicacionales para enfrentar este escenario?
-Es importante que las mujeres continúen ganando espacio laboral, pero sin que se proyecte la desigual distribución por géneros de los dos tipos de trabajo -para el mercado y reproductivo- sistemáticamente a futuro, como ocurre hoy en día.

A la hora de diseñar y emprender políticas de regulación de la flexibilidad, deberá tomarse en consideración que mujeres y hombres participan de manera diferente en el trabajo productivo y reproductivo. Esto es, al identificarse campos y modalidades de promoción, protección y regulación del empleo flexible, las políticas aplicadas debieran contener criterios para impedir que se perpetúen la discriminación y la segregación de género dentro y fuera del mercado laboral.

Por el momento, una revisión crítica de las políticas de empleo, familia, salud y otros en Chile, muestra que el objetivo de cambiar la específica división sexual del trabajo carece de suficiente prioridad política. El interés está dirigido en primer lugar hacia el crecimiento del empleo femenino.



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