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Las jóvenes reconocen más cercanía con su vagina, el uso de tampones fue la primera puerta para su conocimiento. |
Recientes estudios señalan que el 80 por ciento de las mujeres adultas nunca se ha mirado sus genitales con un espejo y desconoce aspectos relevantes de su propia fisonomía. Tabúes y prejuicios atentan contra el conocimiento de la parte del cuerpo, quizás, más gravitante en nuestra vida.
(Mujereshoy) “No, nunca me he mirado mi vagina; no he tenido ni curiosidad ni necesidad de hacerlo. La verdad es que preferiría no tener que mirarla, porque encuentro que es algo poco atractivo a la vista, que da como nervios, siento que es algo más bien feo, poco estética...”
Esta fue la reacción de Elena, una ejecutiva de marketing, de 42 años, al ser consultada si se había mirado alguna vez su vagina.
Según una encuesta cualitativa a mujeres profesionales encargada por la filial chilena del laboratorio holandés Organon, la gran mayoría de ellas no ha sentido curiosidad de mirarse su vagina. Más aún, se mostraron reacias a conocer su cuerpo.
Para la sicóloga clínica y terapeuta sexual, Daniela Campos Schwarse, la mujer “no se atreve a reconocer su vagina más que nada porque la sociedad no se lo permite, en un mundo que sí habla del pene y de su poder”.
La profesional añade que “la vagina es una parte fundamental de la mujer, porque va integrada toda su intimidad y femineidad. Por eso hay que conocerla, cuidarla y preocuparse por ella”.
“Yo sí me la he mirado. Me interesó cuando la vi en la película Hable con ella, y quise descubrir cómo era la mía”, responde Carolina, profesora de 25 años, en contrapunto a la ejecutiva y tal vez marcando una diferencia cultural entre las mujeres de generaciones distintas.
No obstante, el estudio arroja una constante que atraviesa los rangos etarios: la gran parte de las mujeres encuestadas siente vergüenza e incomodidad al hablar de su vagina. Gladys, contadora de 30 años, es enfática: “No me la he mirado porque me da lata y por pudor. Es algo que siento no me corresponde y no me la miraría, salvo por instrucción médica.”
Pese a lo anterior, la investigación revela que las jóvenes tienden a ser más abiertas respecto al tema. Muchas se han mirado su vagina con un espejo o han estado en constante contacto táctil con ella desde la adolescencia, siendo un primer paso el uso de tampones. Así lo demuestra Paula, economista de 26 años, “Me la miré para saber cómo ponerme el tampón y me di cuenta de que no la conocía y que estaba ahí, olvidada. Fue un grato descubrimiento”.
La mayoría de las veces es la curiosidad lo que detona la motivación a conocer el cuerpo, como cuenta Andrea, 23 años: “La primera vez que me la vi fue cuando me llegó la menstruación a los 12 años, era como para saber qué me estaba pasando (y si realmente no me estaba desangrando por algún problema)”.
En nuestra cultura latinoamericana, la sola palabra vagina aún representa un tabú. No se habla de ella, no se la nombra, como si fuera algo prohibido. Por ello ese amplio amplio vocabulario figurativo para reemplazarla por palabras como “zona íntima”, “mi cosa”, ''florcita'', ''sapito'', “lo que está ahí abajo”. O en sectores rurales, “la manito, la chaucherita o el choco”.
Según la Real Academia Española, Vagina (del latín vagina, vaina), es “el conducto membranoso y fibroso que en las hembras de los mamíferos se extiende desde la vulva hasta la matriz”.
La vergüenza asociada a la vagina queda de manifiesto al recordar el revuelo que causó en su mometo la pieza teatral Monólogos de la vagina de Eve Ensler, obra que en países como China o Kenia fue incluso prohibida. Pero en los lugares que pudo montarse simplemente batió record de público, demostrando el desconocimiento y la falta de libertad existente en los medios para hablar del tema.
Según la teoría de la sexóloga belga Goedele Liekens, “los médicos tienen mucho que decir en la fuerte distancia sicológica que presentan las mujeres con sus vaginas”. En su opinión, “todo profesional debería ofrecer un espejo para que las mujeres miren el examen que se les realiza, aprendan a conocer sus genitales, explicándoles que se les hace”.
A lo que la sicóloga Campos Schwarse agrega: “En la medida en que seamos capaces de aceptar nuestros órganos genitales tal como son, en la medida en que seamos capaces de sentarnos de forma relajada, en un lugar cómodo, y simplemente mirar nuestra vagina, contemplarla, aprendiendo a cuidarla, limpiarla y acariciarla, vamos a ser capaces de crear toda una comunidad de mujeres responsables con su condición, orgullosas de plantearse frente al mundo sin que haya ninguna parte de nosotras mismas que no reconozcamos en su cabalidad”.
Cómo usar el espejo
Sentada en un lugar cómodo, seguro e iluminado comience por desvestirse y tocar sus genitales, luego de localizar los labios vaginales mayores (externos), acerque un espejo, de preferencia de bolsillo, y observe los colores y las formas que se le muestran.
Comience distinguiendo su clítoris, diferenciándolo del prepucio clitoroideal. Tóquelo lentamente y verá como la capucha que vestía al clítoris cede, y notará como el clítoris sin protección se vuelve más sensible.
Distinga también el meato urinario (situado dentro de los labios menores, los internos), y más abajo ubique la entrada vaginal. La vagina es parte de su cuerpo y, por lo tanto, de sí misma.
Fuente: Colaboración de Mónica Vicuña.
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