 |
La contradicción es evidente. Foto: Montaje propio. |
¿Qué relación puede existir entre una audaz mujer de principios del siglo pasado, Matilde Hidalgo de Prócel, que luchaba por los derechos de las mujeres y una actual reina de belleza que se somete a los más tortuosos rigores de la moda y estándar social? En Ecuador está la respuesta.
(Mujereshoy) Porque el Congreso de ese país ha decidido entregarle a la reinante Miss Ecuador, María Susana Rivadeneira, el máximo galardón que tenía como finalidad original destacar a las mujeres comprometidas y activas en la vida cultural y social.
He ahí la extraña coincidencia o más bien, contradicción. Porque más allá de la cuestionable relación entre “concursos de belleza y cultura”, esa respetable condecoración fue creada en honor a la pionera en la lucha por los derechos de las mujeres en el Ecuador y que por tanto, lleva su nombre: Matilde Hidalgo de Prócel.
Una mujer que entrando apenas en el siglo XX, ya escribía en sus versos: “es preciso abrirse paso, entre envidia y mezquindades, y burlando tempestades, dedicarse ya a estudiar.” Una mujer que contra viento y marea comenzó a estudiar medicina en 1909, que llegó a ser la primera mujer en ocupar un cargo de elección popular y que justamente, hoy la historia recuerda como la gestora de que el Ecuador fuera uno de los primeros países en el mundo que concedió el derecho a voto a las mujeres (1922).
Sin duda, la incompatibilidad conceptual de esta decisión parlamentaria queda a la vista. Nadie puede negar que la naturaleza inspiradora de tal galardón, se contrapone esencialmente con la lógica subyugadora de los concursos de belleza actuales que -retrocediendo prácticamente a la época de los corsés medievales- estandariza la visión femenina en una masa que se somete a las más absurdas pruebas televisadas.
Sin embargo, el Congreso Ecuatoriano ha tomado la solemne decisión de convertir a la Miss María Susana Rivadeneira en la nueva destacada mujer del Ecuador en ámbitos sociales y culturales.
Y sobre ello, la periodista ecuatoriana, Alexandra Ayala, reflexiona con agudeza:
“Desde la perspectiva populista que representa el PRE, todo es posible. La cultura, entonces, puede ser concebida como la exhibición de cuerpos en pasarelas o el fugaz papel de anfitriona de limitadas representantes de 80 países. Limitadas, sí, porque la esencia de ninguna nación se basa en la belleza física y en unos cuantos conocimientos de ocasión. Le recuerdo, por si acaso, la declaración televisada de Miss Bolivia, que menospreció las características físicas de los indios y mestizos de la zona central de su país, y puso en evidencia un \"inocente\" racismo.”
Pero no es la única, porque mientras el Parlamento Ecuatoriano prepara la ceremonia de condecoración, la Directora de la Fundación Casa Matilde manifiesta su rechazo indignada y afirma que “aunque no tiene nada en contra de la Miss Susana Rivadeneira”, lamenta que el Congreso decida entregarle esta simbólica presea de la lucha femenina.
Para la periodista Ayala, es una cuestión de intereses y objetivos. Porque si el premio en cuestión fuera a la belleza o la moda, no habría contradicción. “Pero que se quiera ver en ella aportes a la cultura, solo cabe en mentes populistas que convierten en espectáculo la política y llevan a elegir, por lo mismo, a cantantes y personajes de la farándula como diputadas o diputados.”
Fuente: Diario Hoy, Ecuador.
|