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Muchas mujeres religiosas se sobreponen a la dominación masculina. |
Diosas de Nepal, mujeres cristianas de todos los continentes, jóvenes musulmanas de Marruecos, santeras de Cuba, sacerdotisas anglicanas de Londres y novicias de claustro, son sólo algunas de las religiosas que la fotógrafa Anna Boyé ha inmortalizado con su lente. La muestra de este impresionante trabajo está abierta en el Forum de Barcelona, España.
(Mujereshoy) En el trabajo de Anna Boyé no hay solo imágenes. Porque hace siete años que esta fotógrafa española recorre el mundo en busca de religiosas, compartiendo y comprendiendo profundamente, la relación de las mujeres con la fe, sea cual sea el credo.
“El proyecto explora el papel de la mujer en las diferentes religiones del mundo y reproduce las desigualdades que marcan el resto de su vida. Pero esto pasa al mismo tiempo que viven con una intensidad especial las diversas creencias, hasta el punto de plantearse si existe una manera femenina de relacionarse con Dios”, dice Boyé al describir la tremenda experiencia acumulada en este tiempo.
Fue hace una década, durante el funeral de su madre, cuando Anna Boyé sintió una especial atracción por la fe y la religión. Tres años después, Anna estaba emprendiendo una aventura al ser la primera mujer que conseguía fotografiar a las religiosas de claustro en un convento de Cataluña, España.
Comenzó entonces un largo camino de conocimiento y fotografías, un proyecto entero de intenso trabajo, que hoy se resume en la muestra Mujeres y Dios, abierta en el edificio central del Forum de Barcelona, en el marco de Parlamento de las Religiones.
Experta en reportajes de contenido social, esta fotógrafa intenta mostrar la manera en que muchas mujeres religiosas logran sobreponerse a la dominación masculina, a través de la fe que profesan. Sobre todo en países donde el rol de la mujer está exclusivamente centrado en la reproducción.
Historias detrás del lente
Cada imagen capturada por Anna Boyé es una intensa historia, repleta de gestos que, en un abrir y cerrar de ojos, revelan la fuerza y presencia femenina de cada religiosa.
Ahí está María Teresa. Una monja de claustro del Sant Benet de Montserrat, que arregla cuidadosa y coquetamente, su velo sagrado frente al espejo.
Un par de fotos más allá, una sacerdotisa de la Iglesia Anglicana llamada Catherine, abre su clásica camisa gris, para amantar a su bebe. Ruth, otra religiosa de la misma iglesia, carga a cuestas con su hijo porque siempre lo lleva al trabajo. Mientras celebra la misa está a su lado y no le quita ojo de encima.
“Ellas son mujeres como cualquier otra, pero su presencia en el púlpito facilita que otras mujeres se sientan más cómodas en la iglesia”, dice la fotógrafa.
Como estas, cientos de historias. Pero sin duda una de las que más ha impactado a Anna Boyé, es la de la Diosa de Nepal. Una frágil niña que probablemente no sobrepasa los 10 años y que es venerada con fervor por su pueblo.
Elegida por el Sacerdote de Katmandú entre todas las niñas de la casta Sakya, la Diosa cumple estoicamente su misión.
Después de superar 32 requisitos fundamentales para acceder a tal estatus, la pequeña debió enfrentar una dura prueba de valentía: permanecer toda una noche con la imagen de la diosa Taleju, rodeada de las cabezas de los búfalos sacrificados para la ceremonia. De haber mostrado algún indicio de temor, esta niña no sería la Diosa que es.
Hoy por hoy, permanece impávida cumpliendo su rol, parece no expresar sentimientos y se somete con tranquilidad a largas jornadas de acicalamiento, para después mágicamente volver a convertirse en una menuda escolar de uniforme que se confunde entre los demás.
Hace unos siete meses, la fotógrafa visitó en la India “la ciudad de las viudas”. Vindravan es un lugar sagrado al norte de ese país en el que se refugian casi 5.000 mujeres de las castas más bajas de la sociedad y que han perdido a sus maridos.
Cada día acuden a rezar a los 18 templos de mujeres repartidos por la ciudad. Por su ofrenda reciben una rupia simbólica cada ocho horas de oración. Es la única forma que ellas tienen de sobrevivir.
Boyé consiguió acceder a uno de los templos en el que no se permiten tomar fotografías. Escondida y perseguida por un guardia, las mujeres congregadas para rezar la ayudaron a que su cámara captara imágenes de lo que ocurre allí dentro cada día.
Toda una fotógrafa Anna Boyé.
Fuentes: www.annaboye.com, acceso.com, elmundo.es
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