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16.07.2004
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ARTÍCULO
Eva Perón: ¿Santa o perversa?
Dafne Sabanes Plou
(Foto: www.todotango.com)
 
Adorada por sus seguidores y despreciada por la clase alta argentina de su época, Eva Perón puede ser recordada actualmente en el museo que lleva su nombre: Evita. Creado en la misma mansión que recibió, durante el primer mandato de Perón, a decenas de mujeres de escasos recursos, el museo fue visitado por la periodista Dafne Sabanes Plou. He aquí su crónica.

(Buenos Aires) Que la visita a un museo dedicado a un personaje histórico comience con imágenes del funeral de esta persona es extraño. Pero también de gran impacto. La proyección, en una enorme pantalla que pareciera circular sin fin, de las imágenes de la procesión que en 1952 acompañó al cadáver embalsamado de Eva Perón desde el Congreso hasta que fue depositado en la sede de la Confederación General de Trabajadores, es sumamente elocuente.

La grandiosidad del acto, la solemnidad que rodeó el traslado del féretro, los miles de ramos de flores que la gente apiló en la puerta del Congreso y el fervor popular que en todo momento acompañó la ceremonia dan cuenta de que, a pocas horas de su fallecimiento, Evita ya era un mito. Los encargados del museo, con sutileza, juegan entre la realidad y el mito en toda la muestra, otorgando un marco entre histórico y mágico a la trayectoria de quien fuera primera dama entre 1946 y 1952.

Uno de los aspectos interesantes del museo –fundado en el 2000 e inaugurado el 26 de julio de 2002, en el 50 aniversario de su muerte– es su ubicación. A poco más de una cuadra del Jardín Zoológico y a escasos 200 metros del Jardín Botánico de Buenos Aires, el museo ocupa una casa de gran estilo y lujo, que perteneció a una familia adinerada y que luego pasó a ser parte del patrocinio de la Fundación Evita, creada durante el primer gobierno de Juan Domingo Perón (1946-1952) para llevar adelante la acción social de su administración.

El barrio, uno de los más caros y señoriales de Buenos Aires, en su momento debió haber recibido con desagrado la noticia de que en esa mansión iba a funcionar el Hogar de Tránsito “Luisa Comel” –en memoria de una abnegada enfermera– para alojar a las madres de escasos recursos que venían del interior del país para hacer atender a sus hijos en el Hospital de Niños cercano.

“De esta manera Evita hacía valer la dignidad de las madres pobres, que eran alojadas con todas las comodidades en la gran ciudad”, señala la arquitecta Cristina Álvarez Rodríguez, sobrina nieta de Eva Perón y presidenta ad honorem del Instituto Nacional de Investigaciones Histórica “Eva Perón”, entidad responsable del museo.

La casona, que ocupa 2.000 m2, con mármoles, revestimientos de madera, cielorrasos con molduras de yeso y un singular patio andaluz con mayólicas, traídas especialmente desde España por los dueños originales de la propiedad, habla de una época en la cual la alta sociedad argentina hacía gala de su fortuna. Las amplias habitaciones pudieron así albergar a decenas de mujeres con sus hijos pequeños, y es posible ver en fotos ampliadas a muchas de ellas disfrutando de las comodidades del lugar.

Con un buen trabajo de su curador, el museólogo Gabriel Miremont, en el recorrido del museo se aprecian objetos y recuerdos de la vida de Evita, desde su infancia y adolescencia en el campo bonaerense hasta su llegada a Buenos Aires, donde logró ingresar a uno de los elencos de las populares radionovelas de entonces, llegando a interpretar a alguna de las heroínas del libreto. Su belleza y carácter firme le valieron ser tapa de las revistas dedicadas a la farándula de entonces, donde los actores y las actrices de las radionovelas ocupaban un lugar destacado.

Entre los objetos personales que forman parte de la colección del museo, se destacan joyas y parte de su famoso vestuario, realizado por modistos de renombre, como Paco Jamandreu y el propio Christian Dior. Cada uno de sus trajes, vestidos, sombreros y zapatos, perfectamente conservados sobre maniquíes tamaño real, están acompañados por fotos de la ocasión en que Evita los usó, en actos públicos, ceremonias, y viajes.

Pero el interés en el Museo Evita se ve acrecentado por el hecho de que sus responsables dejaron lugar a la controversia que acompañó a esta mujer durante toda su vida pública. Adorada por sus seguidores, despreciada por la clase alta y los antiguos dirigentes de la Argentina, parte del mito son también las anécdotas, informaciones y rumores que buscaron denostarla y ensuciar su imagen.

Es así como junto a las publicaciones que ensalzan su persona y el controvertido libro de su autoría La razón de mi vida, que fue quemado durante el golpe militar que provocó la caída del segundo gobierno de Perón (1952-1955), se encuentran copias de El libro negro y La mujer del látigo, entre otros escritos, en los que los antiperonistas se despachan a gusto contra la que muchos consideraban “la abanderada de los humildes”.

Tampoco falta una escultura de Eva Perón con el rostro destrozado por el vandalismo y el odio, producto de las manifestaciones a favor del golpe militar. Fueron numerosos los monumentos y esculturas de los líderes peronistas destruidos en aquel momento, y esta silenciosa pieza no hace más que ser un testigo de la intolerancia y la violencia política que reinaron en el país por varios lustros, durante los cuales los nombres de Eva y Juan Domingo Perón no podían pronunciarse públicamente.

“Queremos que la gente que visita el museo se vaya con la imagen de Eva como parte de un proceso histórico”, señala Álvarez Rodríguez. “Nos interesa que la gente que vivió su época y las que no lo hicieron puedan reconstruirla con imágenes, objetos, recortes periodísticos y escritos”.


Fuente: Noticias Aliadas.

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Nota: este portal de Internet fue abierto el 15 de enero de 2003