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ESPACIOS/Educación
22.07.2004
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PUNTO DE VISTA
La crisis de la masculinidad
Francisco Cajiao*

 


Los asuntos de la educación son de nunca acabar. Al lado de las grandes políticas públicas relacionadas con acceso y permanencia, financiamiento, organización institucional y estrategias para el mejoramiento de la calidad, están los problemas cotidianos que afectan la vida de los estudiantes, en sus procesos de desarrollo individual y social. Muchos de estos temas se refieren a la convivencia y los ambientes educativos que condicionan la construcción de su identidad.

Con frecuencia recibo correspondencia de padres de familia y escucho las preocupaciones de maestros y jóvenes con quienes mantengo contacto. Uno de los temas que desde hace algunos años se repite con mayor frecuencia es la transformación que se ha dado en la relación entre hombres y mujeres y el aparente proceso de deterioro de la identidad masculina. Quiero recalcar la palabra aparente, pues no dispongo de datos serios que corroboren si esta tendencia es verificable.

Muchas mujeres jóvenes, capaces, independientes y llenas de cualidades se quejan de que no hay hombres que llenen sus expectativas, porque la mayoría de los que encuentran son superficiales, poco interesantes e incapaces de asumir compromisos serios, no sólo con ellas sino con sus propias vidas.

En algunos colegios ya empiezan a plantearse la necesidad de separar a niños y niñas en grupos diferentes, porque las relaciones se vuelven insostenibles por diferentes motivos, que incluyen la agresividad de las mujeres con los muchachos que reaccionan de manera violenta.

Es un hecho que el recato que muchos adultos desearían en las niñas ha desaparecido, dando lugar a actitudes de liderazgo, iniciativa y comportamientos que se expresan en su inteligencia, afectividad y sexualidad, lo cual es muy alentador en lo que se refiere a la participación activa de la mujer en la sociedad.

Algunos de estos cambios tienen relación con el desarrollo y la apropiación de una identidad femenina, que ha contado con el trabajo de varias generaciones de mujeres que han impulsado la reflexión y la reivindicación de sus derechos.

Infortunadamente no ha habido un esfuerzo similar en torno a la construcción de la masculinidad, de modo que a veces pareciera que ser hombre en esta sociedad se ha vuelto una carga pesada y muy dura de sobrellevar para muchos niños y jóvenes que no saben exactamente cuál es su rol en una sociedad que parece no ocuparse de ellos, de sus retos, de sus angustias y de sus necesidades en el proceso de crecimiento.

Aunque este es un fenómeno que afecta de alguna manera a todos los hombres y, desde luego, a las mujeres que todavía quisieran compartir su vida emocional e intelectual con el otro sexo en los diferentes entornos sociales, laborales y familiares, es preocupante que en el mundo escolar no parezca un tema de discusión y reflexión importante.

Ya va siendo hora de preocuparse de nuestros niños y jóvenes hombres, de indagar sobre sus problemas y ofrecerles algo diferente a una competencia despiadada o a vestir camuflados para defender la bandera de la patria.

Los colegios tienen que pensar que hombres y mujeres son diferentes en muchas cosas y, por lo tanto, deben hallar la forma de ayudarles a convivir, a respetarse, a quererse y a complementar sus perspectivas.

Por la limitación de espacio, sólo puedo enunciar esta preocupación, esperando que tenga algún eco en quienes se ocupan de la formación de todos esos niños y niñas que requieren atención, apoyo y comprensión. Es inconcebible una educación sexual que no esté centrada en la relación humana entre hombres y mujeres, mientras padece de la obsesión por los órganos genitales.


* Correo electrónico: frcajiao@yahoo.com


Fuente. Publicado en El Tiempo, Colombia, 13 de julio 2004.

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