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VIDA COTIDIANA/Sexualidad
02.09.2004
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ARTÍCULO
Romper la rutina sexual

 
La sociedad occidental divide el encuentro erótico en los preámbulos y todo lo demás, que hoy parece ser solo el orgasmo. Fatídico error, porque el placer es, en cualquier momento del acercamiento romántico, un fin en sí mismo y para lograrlo, basta incluso una caricia bien dada y bien sentida. Hablar del juego sexual es hablar del acercamiento íntimo en toda su dimensión.

(Mujereshoy) Tecnificar la relación sexual, buscar “fórmulas” mágicas, rápidas y automáticas que despierten la libido, erecten el pene o lubriquen la vagina, son algunas de las opciones que hoy se encuentran en el mercado de las terapias sexuales.

Sin embargo, los seres humanos somos un todo integral y si estas recetas se piensan solo “funcionalmente”, se convierten en un arma de doble filo que pueden deshumanizar la relación sexual.

Diversos especialistas en la materia coinciden al decir que en nuestra machista cultura occidental existe la creencia implícita de que el contacto sexual tiene como fin último lograr el orgasmo y la eyaculación. Y es justamente ahí donde se alojan gran cantidad de disfunciones sexuales que tienen que ver con la ansiedad de conseguir esa “supuesta meta”.

Una ansiedad que limita el encuentro íntimo, sobre todo el heterosexual, a la penetración o el coito, entendiéndose comúnmente que solo aquellas relaciones que tienen un orgasmo son las verdaderas, las completas, diferenciándolas claramente de los contactos entendidos como preliminares.

Nada más erróneo y peor aún, peligroso. Porque un círculo vicioso amenaza cualquier intento por quebrar esta rutina. La angustia por lograr la relación entendida como “ideal”, genera mitos, prejuicios y rígidas fórmulas eróticas que en realidad están muy lejos del verdadero goce que representa entender el ejercicio de la sexualidad como un juego en todas sus etapas.

La dimensión erótica del ser humano es tan amplia como su propia imaginación y en toda la extensión de su piel. Al igual que en cualquier acto voluntario que busca la diversión, cada paso del juego sexual es un juego en sí, desde que se inicia hasta que se termina. Cada etapa tiene su sentido, y se vive y disfruta sin que ninguna parte tenga que ser considerada más o menos importante.

Pero para que los y las amantes puedan realmente disfrutar del juego sexual, deben entenderlo como tal y, por sobre todo, comprender que se trata de generar las condiciones para propiciar una verdadera relación lúdica entre ambos.

El adulto decide ceder terreno a la parte más sincera y menos condicionada por su madurez, a su parte más infantil. Se trata de despojarse de prejuicios, estar ajeno a tabúes y mitos prohibitivos, y llegar al juego por el placer de jugar, dando paso a la curiosidad, la exploración, la fantasía y la pasión.

Se trata de aprender de sí mismo, de conocerse más y desarrollar las potencialidades de un encuentro sexual, donde se hacen presentes la cooperación y el gozo. Se abandona la condición de persona aprendida y la máscara que obliga a aparentar, a controlar y, en definitiva, a saber, y se deja arribar la personalidad más niña.

El poder y la prepotencia aquí no sirven, pues el placer implica libertad, concedérsela a sí misma y procurársela al otro, propiciar risa y alejar la seriedad. Se trata de jugar, sabiendo que la satisfacción del juego no dependerá del amor ni de la habilidad, sino de permitirnos un código que nos aleje del autocontrol.

Ser una buena jugadora…

Nuestra actitud ante la vida determinará en gran medida qué tan abiertas estamos a las experiencias lúdicas y eróticas con la pareja. El código de comunicación con el que nos desenvolvemos en las relaciones y ante las situaciones, será un elemento importante porque una actitud positiva al placer y una comunicación abierta, serena y de encuentro, nos alejará de la competitividad y hará ridículas las comparaciones.

La seguridad y la autoestima son los resortes seguros que abren la puerta del deseo. Admitir el deseo y querer aprender a gozar es una opción consciente y educable, solo se necesita libertad para desarrollarla.

De esta forma, ciertamente la satisfacción sexual no vendrá de la mano de ese manual de posturas que ojeamos en alguna librería buscando teorizar ciertas habilidades que solo se aprenden de la propia capacidad de sentir placer.

La sexualidad, sin duda, es un proyecto que empieza por aceptarnos, respetarnos y amarnos, y sigue por querer y aprender a gozar y a hacer gozar. Sin prisas, sin retos y a nuestro propio ritmo.

Con el deseo bloqueado

Sentimientos de culpa, baja autoestima, miedos, prejuicios y hasta simplemente la falta de tiempo, son algunos de los factores que actúan con una perversa magia sobre el deseo sexual. Lo bloquean, lo anulan hasta el punto de volver insensible e inservible cualquier aliento de erotismo.

Querer experimentar con el placer sin estar consciente de las propias contradicciones que esto puede generar con ciertos valores morales arraigados intrínsecamente, es un hecho que coarta y solo conlleva angustia.

El placer suele estar asociado al egoísmo, a la falta de principios y a la frivolidad. En nuestro código moral, muchas veces aparece contrapuesto al deber y a la rectitud con la que debemos actuar en la vida.

Y en ellos, habitualmente, aparece la exigencia de que las mujeres vinculen necesariamente el amor con el placer. Ellas deben mantenerse en un papel pasivo y ser el “objeto de deseo”.

Mientras, muchos hombres son presa fácil de otros imperativos: cumplen un papel activo, deseante y son los responsables de que la mujer goce en la relación sexual. Pero de esta forma, en él también se asientan fuertamente los pudores y vergüenzas que frenan necesidades y deseos en el encuentro sexual.

La baja autoestima es, sin duda, una fuerte razón para no sentir deseo. Y en ello, tiene mucho que ver cuanto nos conocemos a nosotros mismos. El escaso autoconocimiento afectará nuestro autoconcepto, y éste incidirá directamente sobre nuestra confianza y seguridad, quebrándolas de tal manera que nos hace ser dependientes de quien nos diga que nos quiere.

Se pasa entonces a primar y priorizar las necesidades y deseos del otro, aun a costa de no atender a los propios. Una relación basada en la dependencia está lejos de un principio tan básico como es compartir las experiencias, donde finalmente se fundamenta el placer.

Otro flagelo silencioso que atrofia el deseo sexual es la existencia de prejuicios, tabúes y miedos que señalan el placer como algo sucio, pecaminoso y riesgoso, y que por tanto genera culpa. Pero, en realidad, no hay nada prohibido entre personas que responsablemente quieran compartirlo.

Ahí están los fantasmas del peligro. El embarazo no deseado o las enfermedades de transmisión sexual que, conscientemente y en una abierta comunicación con la pareja, pueden mantenerse bajo control.

Los genitales femeninos, en su oculta existencia, muchas veces se convierten en un misterio no solo para los hombres, sino para las mismas mujeres. El temor a no responder o a “no dar la talla”, es una realidad que frena e intimida a cualquier amante ansioso pero que solo está dejándose llevar por un falso estándar de comportamiento sexual.

Y aunque parece quizás una obviedad, la falta de tiempo es uno de los más grandes enemigos del placer. Amar, mimar, compartir, no es posible si no disponemos y dedicamos tiempo a ello y lo hacemos como una más de las prioridades que nos marcamos en la vida.

En este proceso, la comunicación resulta fundamental porque significa asumir que la búsqueda de placer es una aventura de a dos. En este plano, muchas parejas asumen que los enojos deben verse reflejados en la ausencia de actividad sexual, cerrando cualquier posibilidad de contacto físico cuando media un conflicto, quizás como una forma de castigar al otro.

Pero en realidad esta señal no indica otra cosa que el mal manejo de los afectos. Aunque suene muy fácil describirlo, ciertamente los conflictos se resuelven con una comunicación abierta, positiva y empática. Y en ello, una caricia, un gesto físico de acercamiento ayudan y propician en la fluidez de esa comunicación.


Fuente: Consumer.es, Mujereschile.cl, Androsex.cl

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Nota: este portal de Internet fue abierto el 15 de enero de 2003