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NO + VIOLENCIA/Sexual
09.09.2004
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PUNTO DE VISTA
“Por ser mujer”: El caso de Linda Loaiza
Ofelia Álvarez

 


(Caracas) El Dr. Gustavo Luis Carrera, padre del supuesto agresor de Linda Loaiza, profesor jubilado de la Facultad de Humanidades y Educación-UCV y Rector de la Universidad Nacional Abierta (UNA) envió una carta pública al diario El Nacional de Venezuela, el mismo día (hace aproximadamente tres años) que fue apresado junto a su hijo, chofer y secretaria luego que aquél se evadiera de la casa utilizando un vehículo oficial.

Refiriéndose al juez que encarcela a su hijo (extracto) señala: “¿Cómo no dudó de si la que es presentada como pobre e ingenua campesina, no es, más bien, avezada y experta conocedora de las calles y de las páginas de avisos sugerentes de los periódicos de Caracas? ¿Cómo no se preguntó sobre la posibilidad de la existencia de una organización, con ramificaciones internacionales que se especializa en la extorsión de hombres solitarios que logran contactar? ¿Cómo no investigó sobre la posibilidad de que esta aguerrida muchacha –y en ninguna forma dulce campesina– fue agredida con furia en un arreglo de cuentas internas de su grupo y luego decidió culpar a quien la acompañaba? ¿Y cómo aceptar, con esos antecedentes, la posibilidad de una violación? ¿Y cómo creer en un secuestro realizado en constante movilización en la calle, paseos y viajes?”

Todo un discurso culpabilizante y justificante de las vejaciones, torturas y privación de derechos fundamentales hacia una venezolana por el solo hecho de ser mujer, joven, campesina, leer la prensa, movilizarse por el país e interesarse por un hombre. Así de simple. De un solo golpe es la culpable de sus propias lesiones físicas, morales, psicológicas y sexuales y de derechos humanos; ella se lo buscó pues.

Algunas justificaciones socio-parentales para recibir tortura son las siguientes acusaciones.

Prostituta: con la frase “avezada y experta conocedora de las calles y de las páginas de avisos sugerentes”.

Traficante internacional: “miembra de organización con ramificaciones internacionales que se especializa en la extorsión de hombres solitarios”.

Delincuente en pandilla: “aguerrida muchacha agredida con furia en un arreglo de cuentas”.

Antecedentes incriminatorios (¿) “¿cómo aceptar, con esos antecedentes, la posibilidad de una violación?”

Venir del interior y movilizarse por el territorio nacional y la capital: “¿Y cómo creer en un secuestro realizado en constante movilización en la calle, paseos y viajes?”

¿Quién es Linda Loaiza?

Una joven que, en el momento de la agresión tenía 18 años, del interior del país, con 10 hermanos y hermanas y que se vino para Caracas a buscar ayudar a la familia, subsistir, trabajar, buscarse una vida mejor. Entonces se encuentra con el que finalmente fue apodado “El monstruo de Los Palos Grandes”, en alusión a las terribles torturas a las cuales sometió a esta joven y a algunas otras que lograron huir y a la [población de la] urbanización del este de la Capital, que quedó así estigmatizada.

Linda Loaiza estuvo tres meses en ese apartamento secuestrada, golpeada con objetos contundentes, violaciones sistemáticas, quemaduras de cigarrillos, mordeduras, golpes por puños, cortes de varias partes de su cuerpo y suministro de sustancias estupefacientes.

Algunas de las secuelas que aun sufre son: fractura severa del maxilar, labios destrozados y desfigurados, pabellones de las orejas destruidos, un ojo completamente desviado, varias costillas rotas, pezones cercenados, cicatrices por quemaduras, dificultades en el habla por pedazo de lengua cortado y desgarre vaginal. Le practicaron nueve operaciones y todavía recibe atención médica para algunas de estas lesiones.

Ella nos dice: “los daños que me causó son imborrables”, me arrebataron mi dignidad de ser humano, me arrebataron mis sueños”. Todavía hoy sigue sufriendo bajo el sol, la lluvia y la intolerancia del Tribunal Supremo de Justicia porque se mantiene desde hace una semana en huelga de hambre en sus escalinatas pidiendo justicia*. Su caso, aun cuando existen 20 pruebas en contra del asesino el juicio ha sido suspendido 29 veces, el expediente ha pasado por 20 tribunales y por 10 cortes de apelaciones. Influencia, pagos, sobornos, política, ¿poder en resumen? ¿O todo junto? ¿Dónde están las dos Defensorías de la Mujer del país? ¿Dónde el Instituto Nacional de la Mujer? ¿Dónde el Defensor del Pueblo? ¿El Fiscal General? Ella es pobre, muy pobre, ¿es este el Gobierno de los Pobres?

Algunos puntos de análisis. La violencia es de género, es de posesión literal del cuerpo de la mujer, de poder, de búsqueda de sometimiento total. Cumple todos los requisitos de las definiciones, discursos y afines.

Resulta evidente, por ejemplo, a partir del análisis anterior sobre las frases del padre en las cuales se encuentra la construcción de roles que se adecuan hace siglos (y nuevos posibles) al sexo femenino finalizando, en un discurso muy bien articulado y que un profesor de tanta trayectoria redacta brillantemente, para inducirnos a culpar a la víctima de su propia desgracia, a desconfiar de ella, a agregarle por capas sospecha tras sospecha para hacer a aparecer merecedora de tales horrores. Los medios le dan ese poder, le publican la carta de inmediato.

¿Y ella? Ella está hospitalizada, sin poder hablar por tener un pedazo de lengua menos y con los labios destrozados, casi ciega por los golpes en la cabeza, sin poder movilizarse después de meses atada a una silla mientras el ex Rector tiene ante sí a toda la prensa, sin conciencia de género, apoyando la reactivación de ese orden social establecido entre los géneros que necesitamos revertir. Además se transgreden, pisotean, desconocen y arrancan de raíz los siguientes derechos humanos irrenunciables (Constitución, 2000):

• Derecho a la vida.
• Derecho a vivir una vida libre de violencia.
• Derecho a la justicia.
• Derecho a la libertad.
• Derecho a la salud.
• Reconocimiento de convenciones internacionales.
• Asunción de inocencia.
• Prohibición de esclavitud.
• Prohibición de tortura.

Y si nos vamos a las tipologías, las reúne todas:

• Moral: contra su dignidad como persona, humillaciones, negación de sus expectativas en la vida.
• Psicológica: secuestro, vejámenes, insultos, abuso de confianza, amenazas, chantaje.
• Física: golpes con puños y con objetos contundentes y cortantes; consumo de estupefacientes bajo coerción, cortes de partes del cuerpo con objetos cortantes.
• Sexual: violaciones sistemáticas durante tres meses.
• Estadal: no facilitación de acceso a la justicia y ausencia de aplicación de políticas públicas al respecto.

¿Y qué la protegería? El Código Penal. La Ley sobre la Violencia contra la Mujer y la Familia. La Convención de la OEA. La Convención contra la Tortura de Naciones Unidas. ¿No debería estar ya su caso bien documentado en un escrito dirigido a las Relatoras de los Protocolos Facultativos correspondientes? ¿Es que las organizaciones no gubernamentales, que no reciben apoyo del Estado porque eso solo se organiza políticamente, son las que tenemos que ocuparnos nuevamente de ayudar a conseguir una justicia que debería ser para todos y todas?

Y un aparte para los medios de comunicación que ahora proliferan en llamarnos para declaraciones. Muy bien, pero no debería ser por un solo caso, ni porque una mujer tiene que llegar al extremo de una huelga de hambre porque hace tres años que no consigue justicia. Debería ser permanentemente, porque aun cuando no he conocido un caso que contenga casi todas las vejaciones y agresiones que se han establecido como posibles hacia una mujer (además por parte de un hombre que la sedujo, le prometió trabajo y protegerla) existen otras vidas de mujeres que piden ayuda por centenares, semanalmente en todo el país, que también son graves para ellas y para sus familias. ¡Invitamos a los medios a abrirse a esas vidas!

Finalizo con la valiente invitación de Linda Loaiza, que ya es una activista, “ayúdame a protestar y pedir se resuelva mi caso, mañana puedes ser tú. Tenemos que unirnos para combatir los delitos contra los abusos a la mujer y defender nuestros derechos humanos”

Caracas, 1 de septiembre de 2004.


* Nota de la editora del portal: Ofelia Álvarez escribió este texto días antes de que Linda Loaiza decidiera poner fin a su huelga de hambre y que el proceso contra el agresor de Linda Loaiza, Luis Carrera, se iniciara el 6 de septiembre (ver links internos).


Fuente: Ofelia Álvarez, Venezuela.

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Nota: este portal de Internet fue abierto el 15 de enero de 2003