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En Barcelona, ciudad multiforme y multicultural, se realiza Kosmópolis, el Festival Iinternacional de la Literatura, un evento donde se alzan voces contra la no violencia. De manera sorprendente, dos de los escritores invitados, Mario Vargas Llosa y Amos Oz, hablaron de la intolerable violencia contra las mujeres.
(Mujereshoy) Casi todo el mundo esperaba el análisis profundo de la guerra y la paz. Esperaba que Tolstoi fuera diseccionado. Y resulta que dos de las estrellas invitadas, Mario Vargas Llosa y Amos Oz, escritores de Perú e Israel, abordaron un tema difícil: el de la violencia contra las mujeres.
Esa, que dice Amos Oz, se origina en la cocina de la casa. Entre Teo y Noa, los personajes centrales de su novela No digas noche. Oz ha dicho, por ejemplo, que la guerra en Palestina puede resolverse si se respeta el derecho de judíos y palestinos de dividirse su casa. Es lo que pasa dentro, quién ocupa la cocina y quién el cuarto de estar, cómo se reparte la tarea doméstica y cómo se respetan los derechos.
En el Estado español, más de 300 mujeres han sido asesinadas por sus parejas en los últimos tres años; en el mundo, el sufrimiento infantil –recuerda Amos Oz en su libro autobiográfico– es inenarrable y no se puede resolver esta violencia con una cápsula de buen humor. Se necesita tolerancia, imaginación, resistencia y acuerdo.
Leer a Amos Oz en estos términos no puede dejar de referirnos a la violencia que se ejerce contra las mujeres; a la discusión sobre el mejor método para resolverla y lo que significa que yo fui primero en cualquier construcción social, comercial, imaginativa o creadora, y lo demás no vale.
La guerra del siglo XXI es global contra las mujeres
“La guerra del siglo XXI es global contra las mujeres. La agresión contra ellas parece no detenerse. Son tan arraigados los prejuicios y tan fuerte la cultura que unos cuantos derechos han provocado el poder de los hombres”. Fue lo que Mario Vargas Llosa respondió a la interrogante de Cimacnoticias en Kosmópolis.
Una hora después, en la conferencia oficial de Amos Oz, éste también diría que la familia es el lugar más peligroso para la paz y que frente a eso sólo puede proponer tolerancia, acuerdo. Hablar de amor y conmiseración es insuficiente.
Y Vargas Llosa que, en su ponencia habló de cómo existen nuevas características en los conflictos mundiales y cómo el terrorismo está jugando su papel, afirmó que el asesinato de mujeres en Ciudad Juárez, en Guatemala y en el Estado español tiene como explicación este breve tiempo en que la humanidad les ha reconocido derechos.
La situación –advirtió– es tan rápida, que no alcanzan leyes, diagnósticos ni explicaciones. Que la fuerza de la costumbre ha aturdido a muchos sectores, que la reacción es tan violenta contra el cambio que se puede hablar de respuestas terribles.
El proceso todavía generará nuevas sorpresas en la vida cotidiana. Porque los derechos de las mujeres significan, poco a poco, verdaderos cambios en la sociedad. “Me temo que un factor ha sido la información”.
El escritor peruano, autor de Conversaciones en la Catedral, célebre por haber hablado de la dictadura perfecta en México, se explicó: Antes no se sabía, “creo que la violencia contra las mujeres es ancestral”, pero ahora las mujeres saben que son personas.
También ha influido la información diseminada de sus derechos y la democratización de los medios de comunicación, la horizontalidad con que éstos medios pueden distribuir ideas. Dijo, hay que prepararse a nuevas resistencias.
En el evento, que se realiza desde 14 al 19 de septiembre en las instalaciones del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), donde convive la arquitectura del medioevo y la cristalería fantástica del siglo XXI, Vargas Llosa habló de la interculturalidad de la democracia, de las dificultades previsibles en el futuro, de los cambios en las relaciones de pareja. Todo ello, afirmó frente a sus anfitriones, alterará a Europa en los próximos años.
El patio de la Kosmópolis también reúne a las mujeres de negro en la persona de Jasmina Tesanovic, quien ha llegado desde Belgrado en Serbia. Ella fue una de las tres organizadoras de la primera conferencia Feminista en Europa del Este y ha sido una activista permanente desde la mitad de los años setenta. Junto a Jasmina, Uha Al-Radi, de Bagdag, Irak, son las dos mujeres, entre apenas media docena, que comparten el escenario de la discusión con más de medio centenar de varones de tres continentes.
Amos Oz, un hombre bajo de estatura, diría todo lo que hoy puede esperarse del futuro. La individualidad, la familia, que dijo no desaparecerá, las relaciones de pareja, el sufrimiento infantil. La urgente necesidad de diálogo entre palestinos y judíos.
Las jóvenes y los jóvenes que se sentían poscontemporáneos frente al feminismo, reflexionaban acerca de cómo es verdad que no hay respeto en la familia.
Amos Oz discrepó: La familia no desaparecerá, el problema es cómo se construye, cómo se edifica, qué se entiende por diálogo. Muchas personas hablan y hablan del mundo, de la política, pero son incapaces de hablar de sus sentimientos. Y entre otras cosas, esta falta de educación emocional está trayendo la guerra a casa.
Amos Oz ha escrito para los participantes un pequeño libro amarillo y verde dedicado a analizar el fanatismo. Un verdadero manual para evitar que sigamos pensando cada cual que nuestra idea principal debe instalarse en la creencia de todos, porque es nuestra. Él dice que mientras exista quien quiera cambiar a su semejante, sólo porque piensa que sus ideas son mejores, no habrá paz posible.
Y es que el trasfondo de la guerra está en el fanatismo que surge por doquier. Con modales silenciosos, como en la casa, más o menos civilizados a veces, con golpes frecuentes, y que está presente en nuestro entorno. El fanatismo puede conducir a que algunas personas no fumadoras estén dispuestas a quemarte vivo por encender un cigarro.
Y también conoce a muchos vegetarianos que te comerían vivo por comer carne. Existen algunos pacifistas deseosos de dispararle a alguien a la cabeza por defender una estrategia ligeramente diferente a la suya para lograr la paz. Y, agrega, la semilla del fanatismo siempre brota al adoptar una actitud de superioridad moral. Es lo que, en castellano, se llama autoritarismo.
Fuente: Sara Lovera, Cimac, enviada especial a Barcelona, editado por Mujereshoy.
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