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(República Dominicana) La gran preocupación suscitada en las últimas semanas por los crímenes sexuales en los que se han visto implicadas víctimas mujeres y entre ellas, menores, ha sido recogida por los medios de comunicación, algunos de los cuales han tenido que fungir como enlaces con las autoridades para la denuncia, además de servir de espacios de desahogo para las familias y hasta para las mismas sobrevivientes.
Bien hecho por quienes utilizan su poder de comunicar para solidarizarse al punto de evidenciar el tema, pero como hay que mantener la continuidad de información, es bueno que el mensaje se trasmita con cuidado en los enfoques que se le dan al tema de la violación sexual, en el sentido de no establecer fatalismos para el futuro de estas mujeres y niñas que, por haber sido testigos principales al sufrir las agresiones, están en el verdadero “día después”, momento trascendental para evitar que se conviertan en víctimas permanentes y vulnerables.
En nuestra cultura, es tradicional ver a las mujeres y a las niñas violadas sexualmente como a personas a quienes se les ha quitado “lo más precioso”, refiriéndose a la “honra femenina” y a la “virginidad”, atributos femeninos exigidos por el androcentrismo patriarcal. Comentarios pretendidos solidarios como el que “más nunca se podrán recuperar” o que “jamás volverán a ser las mismas”, además de no ser ciertos, hacen mucho daño a las sobrevivientes de este tremendo crimen de la masculinidad violenta.
El mejor ejemplo lo da una de las mismas niñas que, como refería su padre ante las cámaras de televisión, le pedía a él que no se preocupara tanto ya que su mente no había sido tocada. Un padre que, por cierto, dio un ejemplo pocas veces visto en nuestra cultura dicotómica al presentarse al país con la preocupación de que las cosas no se repitan y con la seguridad de que su hija se recuperará completamente. Y no dudamos que así sea: él es una garantía de lo especial que es su hija, con una formación desmitificada que en estos casos significa la sanación.
Después de tantos años de dar apoyo, a propósito de estos crímenes y convencida de que la reflexión no debe circunscribirse a las acciones u omisiones de la policía, colaboramos con algunas ideas fundamentales. Lo primero, si nos incorporarnos a la lucha contra la violencia sexual a menores, es hacernos dos grandes preguntas: ¿Cuál es el lugar de una persona menor en la sociedad? ¿Cuál es la actitud de los adultos en relación con los y las menores? La sorpresa será descubrir el poco valor que les damos y el sentido de utilidad en nuestras relaciones con menores, más si son niñas.
Por otro lado, las personas especialistas destacan el estrés postraumático como un agente patogénico muy fuerte con posibilidad de causar trastornos graves de personalidad y otros problemas psíquicos, diciendo que no es una amenaza para la mayoría de las víctimas si se las apoya de la manera correcta.
La doctora Zahava Solomon, del Adler Center, Universidad de Tel Aviv, dice que la “intervención precoz, la proximidad y la expectativa”, son tres estrategias que han demostrado su eficacia a la hora de minimizar el sufrimiento que puedan padecer las víctimas en un futuro. Intervención precoz, es atender a las víctimas lo más rápido posible; la proximidad significa que esa atención se produzca lo más cerca posible del lugar y del momento de los hechos; y la expectativa es conversar con las sobrevivientes, reconociendo sus reacciones como normales ante una situación anormal que no hubieran podido evitar porque ellas no son responsables de los hechos.
Lo que más llama la atención en estos estudios, es cómo el tiempo y grado de la recuperación dependerá de la personalidad de la persona afectada y de su entorno.
Por lo tanto, la actitud que como colectivo tengamos frente al crimen de la violación sexual, puede significar la diferencia en el proceso de sanación de las sobrevivientes. Por eso es que siempre hablamos tanto de la importancia que tiene desmontar nuestra cultura mítica y estereotipante para las relaciones entre los géneros.
* Abogada dominicana.
(susipola@hotmail.com)
Fuente: Susi Pola.
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