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(Mujereshoy) En sus inicios, la epidemia del VIH/Sida se manifestó sobre todo en hombres homosexuales. Hoy día también las mujeres están severamente afectadas: a nivel mundial representan el 50 por ciento de los casos de Sida.
Para cambiar el rumbo de la epidemia, la Campaña Mundial “Mujeres, muchachas, VIH y Sida” propone varias líneas de acción:
• Se debe propiciar la participación activa de las jóvenes en general y de aquéllas que viven con VIH, como sujetos de derecho, en acciones que den cuenta de la problemática, orientadas a la prevención y apropiadas a sus condiciones, gustos y contextos socioculturales.
• Es necesario asegurar el acceso a información sobre el VIH/Sida y sus vínculos con la condición de las mujeres en la sociedad.
• La distribución gratuita del condón, sin preguntas, es imprescindible.
• Como es obvio, las y los jóvenes tienen una vida sexual activa. A la gente adulta nos compete ayudar a que ello no les implique una muerte temprana.
Las mujeres son biológicamente más vulnerables que los hombres. Se estima que la transmisión del VIH de hombre a mujer es dos veces más probable que a la inversa. Ello debido, entre otras causas, a que el semen presenta una mayor concentración de VIH que el fluido vaginal y permanece más tiempo en contacto con las paredes de la vagina.
Las jóvenes corren más riesgo que las adultas, ya que su vagina y cuello del útero son menos maduros y resistentes al VIH y otras infecciones de transmisión sexual (ITS), como la clamidia y la gonorrea.
La receta de abstinencia, fidelidad y uso del condón, que es promovida a nivel mundial por el actual gobierno de los Estados Unidos, cae en saco roto cuando se dirige a personas con poco poder, entre ellas las jóvenes que viven en contextos culturales conservadores, violentos y con doble parámetro sobre la moral y la sexualidad.
La creencia de que “es peligroso educar a las jóvenes sobre su cuerpo y sexualidad” puede inhibir a aquéllas que son sexualmente activas de solicitar información preventiva.
La normativa sexual dicta que las jóvenes dejen al hombre la responsabilidad del encuentro sexual, con lo que entregan la seguridad de su cuerpo y su placer a otro más ignorante. Si tienen suerte, esa primera experiencia sólo será incómoda, pero la mayoría de las veces suele ser violenta o coaccionada. Entre una quinta parte y la mitad de las muchachas indican que su primera relación sexual fue forzada.
Tampoco la fidelidad es una garantía, pues en la cultura sexual latinoamericana la identidad masculina se asocia a la virilidad que se demuestra teniendo múltiples parejas. Las mujeres con relaciones estables presentan tasas más altas de VIH que las solteras, debido a que contrajeron el virus de sus maridos; es decir, por el comportamiento riesgoso de otros.
Las mujeres tienen serias dificultades para negociar medidas de protección, como el uso del condón, ya que generalmente existen barreras económicas y culturales.
Gracias a estudios de los impactos de la epidemia realizados en países parecidos al nuestro, hoy sabemos que el Sida aumenta la carga laboral de las mujeres pues son ellas quienes cuidan a los enfermos de la casa, e incrementa la pobreza femenina porque el tiempo que ellas dedican a esos cuidados reduce las actividades generadoras de ingresos. También disminuye la escolaridad de las niñas, ya que son las primeras a quienes se retira de la escuela para que apoyen en el cuidado de las personas enfermas.
Fuente: La Cuerda, Paula Irene del Cid Vargas.
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