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Las feministas brasileñas recordamos que en el periodo de implantación del aborto legal en el país, en el decenio de 1990, parlamentarios y sectores conservadores alegaban que esta legalidad involucraría un “riesgo”: el riesgo de que las mujeres utilizaran el mecanismo legal para poner término a un embarazo indeseado, no por violación, como estipula la ley, sino como resultado de una relación extraconyugal.
Además de la profunda indignación que este argumento de parlamentarios y sectores conservadores provocó entre las feministas, en ese momento y hoy, el hecho muestra que, para esos sectores, nosotras las mujeres somos siempre sospechosas y que a los hombres no les queda otro recurso que controlar nuestra sexualidad.
Luchamos por la igualdad y por la autonomía de las mujeres. De ahí que, este año, la Campaña 28 de Septiembre –por la legalización del aborto en América Latina y Caribe–, difunde el derecho de las mujeres a interrumpir un embarazo no deseado con el lema: “Aborto: las mujeres deciden, la sociedad respeta, el Estado garantiza”.
En los inicios de la historia de Brasil, gran parte de la población se constituyó a partir de variados actos de violencia sexual (estupros) de hombres blancos sobre mujeres negras e indígenas. Por esto, la lucha por la autonomía y por los derechos sexuales de las mujeres también asume un carácter de lucha por la reparación de las desigualdades de género y raza.
Habiendo sido el movimiento el que politizó y desarmó la relación obligatoria entre sexualidad y reproducción, el feminismo considera que la legalización del aborto es un marco fundamental en la lucha por los derechos reproductivos, por los derechos sexuales y por una democracia que sea vivenciada en el cotidiano de mujeres y hombres. De ahí que, la Campaña 28 de Septiembre diga: las mujeres deciden, la sociedad respeta.
La Conferencia Nacional de Políticas para Mujeres (Brasilia, julio de 2004) aprobó entre sus directrices que Brasil debe revisar la legislación punitiva que recae sobre mujeres y profesionales que realizan abortos, considerando los compromisos internacionales firmados por Brasil en la Conferencia sobre la Mujer (Beijing, 1995).
Al criminalizar el aborto, el Estado brasileño niega la autonomía y el derecho de las mujeres a que se reconozca su libertad individual y revela, además, la responsabilidad de la democracia brasileña en la contaminación del Estado, que es constitucionalmente laico, por valores religiosos que oprimen a todas las personas que no los comparten. De ahí que, proclamamos: Aborto: las mujeres deciden, la sociedad respeta, el Estado garantiza.
* Revisión de la traducción: Sylvia Hernández.
Fuente: Articulaçao de Mulheres Brasileiras (AMB).
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