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PANORAMA/Trabajo
01.10.2004
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ARTÍCULO
Uruguay: Plan de igualdad en el empleo
Isabel Villar/La República de las Mujeres*
¿Las mujeres tendrán que seguir esperando? (Foto: Resistenciaglobal.org).
 
La Comisión Tripartita de Igualdad de Oportunidades en el Empleo presentó un documento base para elaborar el Plan Nacional de Igualdad en el Empleo, el que pretende equilibrar las oportunidades y condiciones en que mujeres y hombres acceden y permanecen en el mercado de trabajo. Pero ni siquiera el ministro del ramo asistió a su presentación.

(Montevideo) Si las ausencias son reveladoras de falta de interés, colorados y blancos fueron por muy elocuentes el pasado 21 de septiembre, cuando en la Sala Paulina Luisi del Palacio Legislativo se presentó en sociedad el documento aprobado por la Comisión Tripartita de Igualdad de Oportunidades en el Empleo –asesora permanente del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social– como base para la discusión de un Plan Nacional de Igualdad en el Empleo.

No sólo el convocante ministro del ramo faltó a la cita: tampoco comparecieron las esperadas representaciones en el panel de partidos políticos.

El documento en cuestión viene siendo discutido desde hace tres años por representantes de gobierno, empleadores y trabajadores, los que conforman la Comisión Tripartita de Igualdad de Oportunidades en el Empleo.

Tampoco es casual que el consenso se haya alcanzado en momentos previos a definiciones electorales. Si bien no se trata de un plan en sí mismo, aporta los elementos básicos para su posterior elaboración con el concurso de todos los actores sociales que se sientan comprometidos con la propuesta.

Los números de la discriminación

En el marco de los derechos humanos, la construcción de la justicia social y la necesaria profundización de la democracia, las estadísticas oficiales del 2003 respecto a empleo y género hablan por sí mismas de la necesidad de un Plan Nacional de Igualdad en el Empleo.

En Uruguay, el 45 por ciento de la Población Económicamente Activa (PEA) es femenina pero, aunque la tendencia es creciente, la tasa de actividad de las mujeres alcanza el 48,9 por ciento y la de los hombres el 70 por ciento. En materia de empleo, los guarismos son de 39 por ciento y 60 por ciento, respectivamente. La tasa de desempleo de las mujeres asciende a 20 por ciento, contra el 13,5 por ciento para los hombres, y ellas constituyen el 56 por ciento del total de desempleados. La cobertura del seguro de desempleo beneficia en un 68 por ciento a unos y apenas en un 32 por ciento a otras.

Si bien la brecha salarial viene disminuyendo, en promedio las mujeres ganan un 70 por ciento de lo que perciben los varones, lo que pasa a un 50 por ciento en los puestos de mayor jerarquía.

Subsiste la segmentación tanto horizontal como vertical del mercado de trabajo, y las mujeres, pese a contar con mayor formación, se concentran en los sectores menos calificados y más desprotegidos, caracterizados por la informalidad y precariedad. En el servicio doméstico, único sector que no tiene derecho a seguro de desempleo, y que para aspirar a indemnización por despido tiene que haber trabajado durante un año completo, el 99 por ciento son mujeres.

Objetivos y compromisos

En una propuesta de máxima, el documento consensuado en la Tripartita identifica 16 objetivos. La aspiración es que el Primer Plan de Igualdad en el Empleo contemple por lo menos 5 de ellos, según explica Ana Santesteban, representante del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS).

Los objetivos consideran acceso y promoción en condiciones de igualdad a todos los empleos, incluyendo cargos de decisión; formación profesional equitativa; condiciones adecuadas de seguridad, higiene y salud laboral, disminución de la brecha salarial, promoción de la presencia femenina en la representación gremial y participación de mujeres en la negociación colectiva y el diálogo social; acceso a recursos productivos y desarrollo de capacidad empresarial; incremento de los niveles de protección social; disminución de la pobreza a través del empleo; integración regional con enfoque de género.

Destacan la efectiva protección de la maternidad, la distribución equitativa de las responsabilidades familiares –uno de los escollos más difíciles de superar en todos los países– y la construcción de una cultura de igualdad aplicada al mundo del trabajo.

Representadas por Tatiana Ferreira, las cámaras empresariales que integran la Tripartita se comprometieron a la implementación del plan, advirtiendo que su éxito depende de que sea debatido y consensuado entre empleadores y trabajadores. Desde la central sindical uruguaya PIT-CNT, Ofelia Ogara anunció que el documento base será debidamente discutido entre hombres y mujeres de las diferentes estructuras de esa instancia, para identificar los objetivos que se compromete a llevar adelante. Conciente de que la implementación del plan tiene un costo para la sociedad, Ogara recordó que la igualdad en el empleo es una deuda que la sociedad tiene con las mujeres.

Consuelo de Lucio Cáceres: En Tanganica están peor

La diputada encuentrista Raquel Barreiro, sin perjuicio de valorar el trabajo hecho por la Tripartita, consideró “lamentable” que el MTSS esté aplicando tan poco de su contenido, incluso entre su propio funcionariado. Afirmó también que el contenido del documento presentado está recogido en el programa de gobierno de su fuerza política, el centro de cuya propuesta es la creación de trabajo genuino y digno.

En ausencia de contendores de otros partidos, el diputado colorado Lucio Cáceres decidió pasar de la platea al estrado, pero su intervención no fue nada feliz. Buscando convencer de que en Uruguay las cosas no son tan malas como las pintan, invitó a comparar con “los problemas de Tanganica”, por ejemplo. También le adjudicó a la tecnología el mérito de facilitar la inserción de mujeres en el mercado de trabajo, en tanto marcó el paso del “sudar al pensar”, o dicho de otra manera, “del músculo al pienso”.

La primera observación le fue contestada rápidamente por Santesteban, en el sentido de que “Uruguay tiene que tomar conciencia de que estamos estancados y recuperar la capacidad de adelantarse”.

Alma Fernández, integrante del Departamento de Género del PIT-CNT, recordó a Cáceres que “El cambio tiene que ser para progresar, y no podemos esperar 60 años para hacerlo”. La respuesta a la segunda aseveración del ex ministro vino de una trabajadora del Correo, cartera ella, que reivindicó el derecho y la voluntad de las mujeres de avanzar no sólo en el ámbito del pienso sino también en el del músculo.

Cerró la actividad Daniel Gutiérrez, director Nacional de Empleo, marcando, a su juicio, las virtudes y debilidades del documento. Entre las primeras, señaló su origen tripartito, su carácter propositivo y abierto, y su visión abarcativa y realista. Observó que dificultará su implementación la escasa o nula coordinación de los organismos públicos entre sí, dinámica para él indispensable desde la propia elaboración del Plan.



* Este artículo será publicado en La República de las Mujeres, el 3 de octubre de 2004. Cortesía de Isabel Villar.



Fuente: Isabel Villar.

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