|
¿Existen las mujeres perfectas? En la última película de Frank Oz parece ser que sí. Por lo menos la perfección considerada desde el punto de vista de unos maridos tradicionales: casas idílicamente ñoñas en un pueblo color pastel, mujeres bellas, siempre dispuestas y disponibles, con marcado look años cincuenta (conjugando a la perfección lo retro y el marcaje sexy), que hacen bizcochos de manzana, cortan el césped y juegan con los niños sin aparente esfuerzo, tal y como le gusta a George Bush. Para que nos entendamos: en esta fantasía retro las mujeres perfectas son las mujeres sumisas.
Una ejecutiva, interpretada por Nicole Kidman, aterriza con su familia en esta utopía macho. Se rebela y descubre que a las mujeres se les ha implantado un chip para que respondan al modelo sin rechistar.
El filme tiene elementos para indagar en los procesos vitales de transformación personal y colectiva que han supuesto los cambios experimentados por hombres y mujeres en las últimas décadas. Se queda en una comedia sin muchos matices. Sin embargo, nos alerta sobre el hecho de que sólo un uso emancipador de las nuevas tecnologías merece la pena. Lo contrario es tecnología social paleolítica en tiempos de microchip.
La tecnología publicitaria utiliza a mansalva la perfección estereotipada de los cuerpos femeninos. Es lo que han hecho los organizadores del Masters de Madrid. En los clubs de tenis hay muchas chicas y chicos que esperan los torneos para trabajar como recogepelotas. Lo hacen con ilusión, ganas y entendimiento. En esta ocasión ha primado el énfasis visual y han contratado a modelos para recoger las bolas.
Soledad Murillo, un lujo que tiene este gobierno como secretaria de Estado para la Igualdad, ha denunciado el reduccionismo sexista. Por supuesto que la cosa no va de feminismos monjiles. Agassi dice que hubiera preferido unas faldas más cortas para las modelos. ¿Le haría tanta gracia si estuviera absolutamente normalizado que los hombres jugaran al tenis marcando paquete, que todo el mundo hablara de ello sin hacer caso a su tenis?
Fuente: E-leusis.net
|