 |
La población uruguaya se volcó a las calles para celebrar el triunfo de Tabaré Vázquez (Foto: BBC). |
Miles de personas celebraron en Uruguay el triunfo de Tabaré Vázquez, el nuevo presidente electo de ese país. La alegría es inmensa, pero los medios de comunicación ignoraron a las candidatas al Parlamento. Sólo mostraron una imagen: actores con traje, corbata, pilosidades faciales; la del poder en masculino que ofende a la democracia que, justamente, se intenta perfeccionar.
(Mujereshoy) ¿Dónde estuvieron las uruguayas el 31 de octubre? En todas partes, como de costumbre, aunque ese día más públicamente visibles. Votaron, recepcionaron votos, embanderadas recorrieron las calles, esperaron ansiosas en espacios públicos, saltaron, bailaron y cantaron hasta la madrugada.
Las candidatas –en verdad pocas con reales posibilidades– defendieron sus legítimas expectativas de representar al sexo femenino en el Parlamento. Otras estuvieron en los comités de base, informando y facilitando a la ciudadanía el ejercicio del sufragio, sea entregando listas o habilitando transportación, entre otras tareas imprescindibles.
También las hubo en los comandos electorales partidarios, en la Corte Electoral, velando por la seguridad ciudadana, y en las más diversas actividades que demandó la coyuntura. Algunas aprovecharon las bondades del clima para dorarse un rato al sol, o coparon los parques citadinos con hijas, hijos, parientes, amistades, en tanto el esparcimiento no está reñido con el deber.
Sin embargo, en los principales diarios capitalinos del primero de noviembre las mujeres, que constituyen el 52 por cento de la población, brillaron por su ausencia. Sólo excepcionalmente treparon a las numerosas planas dedicadas a cubrir la gesta electoral.
Entre ellas, Lily Lerena de Seregni, viuda del general Líber Seregni; María Auxiliadora Delgado de Vazquez, esposa del presidente electo Tabaré Vázquez; la madre de Jorge Larrañaga, el aspirante nacionalista que no llegó; la esposa y la nuera de Guillermo Stirling, el frustrado ex presidenciable colorado.
Fuera de las esposas-viudas-madres- nueras, no siempre dotadas de otros datos identitarios, la única candidata que mereció una imagen impresa fue Lucía Topolansky. Claro que su presencia mediática fue accesible sólo a quienes fueran capaces de reconocerla de espaldas: con José (Pepe) Mujica a su lado, ninguna mención la aludía.
Sin datos masculinos de referencia, por sí mismas, sólo merecieron atención la dirigenta de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, y Norma Toucedo, presidenta de la Fundación Braille.
La cobertura incluyó testimonios y opiniones, escritos, gráficos y mixtos. Entre ellos estuvieron los de algunas jóvenes que votaban por primera vez, la visión de una senadora electa –Marina Arismendi–, y la Mary Cioli, dueña de la principal agencia matrimonial del Uruguay. A diferencia de los demás casos, para la senadora, líder además de la lista 1001, no hubo foto.
Algunas mujeres anónimas treparon a las páginas, ya fuera por estar a cargo de los circuitos donde votaron varones destacados, o porque casualmente quedaron en la mira de las cámaras fotográficas durante el registro del militante peregrinar por las calles de Montevideo o de la alegría desbordante de los festejos posteriores a la develación de la incógnita. Sin olvidar algún cuerpo femenino descubierto por un escueto biquini y reposando en las arenas costeras, o la mujer de avanzada edad, ejemplo de conciencia cívica e inquebrantables ganas de participar hasta el fin.
Candidatos y/o principales líderes políticos merecieron ser esperados y abordados insistentemente por periodistas, amén de retratados en el momento preciso de emitir su voto. Candidatas y/o líderes del sexo femenino, ninguna. Tampoco sus respectivos partidos se preocuparon tanto como en el caso de los hombres de hacer saber a la prensa cuándo y dónde votarían ellas.
Se podrá decir, y con razón, que no hay mucho nuevo bajo el sol, a juzgar por los resultados de una compulsa cotidiana de la prensa nacional. Ya se sabe que la presencia femenina en los medios de comunicación es minoritaria siempre, y estereotipada la mayoría de las veces.
No obstante, esta vez se trataba de la gesta electoral más impactante en la historia del Uruguay, la que luego de 170 años lograría quebrar una tradición bipartidista anquilosada para que nuevos vientos soplen también sobre la injusta distribución del protagonismo y el poder en términos de género.
Nada puede empañar la alegría reconquistada el domingo, pero en defensa del ahora menos utópico “cambia, todo cambia”, vale advertir que del día de ayer los diarios –soportes privilegiados de la memoria colectiva– proyectan una imagen distorsionada de la realidad. Una sola cara de la moneda: la de actores con traje, corbata, pilosidades faciales; la del poder en masculino que ofende a la democracia que, justamente, se intenta perfeccionar.
Fuente: Isabel Villar, Uruguay.
|