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La falta de compromiso de los hombres en la lucha contra la violencia hacia las mujeres, es más que evidente. A la mayoría de nosotros, nos basta con autoproclamarnos no violentos para no sentirnos responsables. Sin embargo, esto es, a todas luces, insuficiente.
La violencia de género provoca sentimientos encontrados en la mayoría de los hombres. Cada víctima, cada mujer muerta, cada mujer maltratada que aparece en los medios de comunicación o en nuestras vidas a partir de cualquiera de las redes sociales en que nos movemos, nos recuerda que algo no marcha bien y que no es verdad, que no se sustenta esa idea que se pretende generalizar y que viene a decir, más o menos, que lo peor de la discriminación ya ha pasado y que la igualdad ya está entre nosotros/as.
La violencia de género, las decenas –de mujeres– víctimas mortales que hay cada año, las miles de agredidas que acuden a los hospitales, las cientos de miles de mujeres que, en sus hogares, sufren una presión insoportable de manera silenciosa, nos demuestran cada día que eso no es verdad. Son un toque continuo a las puertas de nuestra conciencia, una llamada a nuestros sentimientos de justicia, dignidad, respeto, solidaridad... a esos sentimientos-valores de los que tanto alardeamos.
Y, sin embargo, la falta de sensibilización y compromiso de la inmensa mayoría de los hombres con respecto a este problema, es manifiesta. En las múltiples actividades y actos que se producen a lo largo del año y, especialmente, durante este mes de noviembre, apenas si acuden, de media, un 5 por ciento de hombres. En las manifestaciones, la proporción es similar, quizás un poco mayor porque ahí, como de lo que se trata es de hacer manifestación pública, nos encontramos mucho mejor, mejor situados, más motivados.
Nos basta con pensar que nosotros no agredimos, que nosotros no somos maltratadores. El resto de la cuestión es ya… “un problema de mujeres”. Pareciera que son ellas las que deben ocuparse de luchar contra los maltratadores. Nada más lejos de la verdad. Contra los maltratadores debemos luchar todas las personas que estamos en contra de la violencia y de la injusticia. La violencia de género no es un problema de mujeres, es un problema de mujeres y hombres que se posicionan contra el sexismo y su más cruda manifestación, que es la violencia sexista, doméstica, de género, contra las mujeres, como quiérase llamarla.
¿Hasta cuándo vamos a esperar los hombres para implicarnos de verdad en la lucha contra la violencia de género? Este tema exige de nosotros un compromiso personal y también social. Por un lado, en el ámbito de lo personal, es necesario un proceso de cambio en la mayoría de los hombres. De cambios en valores, de reconocimiento de nuestras trabas y deficiencias y de empeño en abrirnos hacia un mundo en el que las relaciones en igualdad sean la norma.
Socialmente, los hombres debemos implicarnos en la lucha contra la violencia. Debe haber una voz, clara y contundente, que llegue de forma nítida a la sociedad, de que cada vez hay más hombres luchando contra la violencia. Los violentos, los maltratadores, deben sentirse cada vez más aislados y acosados. Debemos conseguir que cuando un hombre maltrate, sepa con toda seguridad, que está transgrediendo todas las normas y códigos éticos y de convivencia. Debe saber que nadie apoyará ni comprenderá sus actos. Debe saber que estará solo en contra de toda la sociedad, de las mujeres y también de los hombres. Debemos borrar todo atisbo de complicidad y/o tolerancia hacia la violencia.
A los hombres, en el tema de la violencia hacia las mujeres... el silencio nos hace cómplices.
Fuente: Asociación de Hombres por la Igualdad de Género/España
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