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Condoleezza Rice sustituye a Colin Powell en la diplomacia estadounidense. Ella logró sortear todos los obstáculos como mujer negra y, ¡ay!, hoy pretende ser la más hombre, la más blanca, la más halcona, la más WASP * (arquetípicamente hablando, se entiende).
Es bochornoso observar cómo en las palabras armadas de los hombres de la guerra (y también de Condoleezza) jamás están presentes los hombres y mujeres de Irak, las víctimas que fueron, que hoy son en Faluya, y que volverán a ser; nunca jamás un espacio para la consideración de quienes no pueden defenderse, de quienes mueren, murieron y morirán por vivir en un país que tiene en su territorio el petróleo que ellos, los aspirantes a amos ilegítimos de la Tierra, desean poseer. Porque nunca todos los muertos ni todas las víctimas fueron iguales, ni valen lo mismo, nada importa la población iraquí. No reconocen que la guerra, no importa su nivel de sofisticación técnica, mata a civiles, en su mayoría mujeres y niños que ellos y Condoleezza denominan “daños colaterales”. Además, la guerra y el militarismo somete a las mujeres a la violencia sexual, y la cultura de la agresión invita a una mayor violencia doméstica.
Ni a ellos ni a Condoleezza les interesa poner rostro a las víctimas cuando la mirada está bunkerizada, pertrechada en dicotomías simples y falsas, armada de informes con gráficos, siglas y códigos secretos. A Condoleezza le vendría bien, para variar, imaginarse hablando con un grupo de mujeres. Pensar que, por un momento, puede olvidarse de ser la fiel servidora de su jefe. Y suponer que está, por ejemplo, en un parque de Vermont, los colores ocres en pleno esplendor otoñal, charlando con ellas, hablando de sus cosas, de sus sentimientos, de los miedos y de sus esperanzas, de los hijos. De la vida. Quizás sólo entonces podría volver la mirada a esas otras mujeres en Irak, ampliar el horizonte de sus lecturas vitales e imaginar el miedo en sus vidas. Pero, claro está, esta escena es imposible porque Condoleezza (y sus compañeros) están perfectamente instalados en su búnker físico y mental. Es la mejor forma de no atreverse a dudar.
* Sigla en inglés con la que se identifica a sí misma la oligarquía norteamericana, y que significa: Blancos Anglosajones Protestantes (Nota de Mujereshoy).
Fuente: E-leusis.net
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