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(Mujereshoy) Jessica tiene 17 años, una pancita redonda donde está Milagros, y la ilusión de seguir la secundaria después de que nazca su niña. Mariela tiene 20, en marzo tendrá a Ludmila o Alejo, y quiere ser maestra jardinera. Abril, la bebé de Rocío Casal (16 años), nació el 12 de diciembre. Las tres se levantaron todos los sábados a la mañana, desde agosto, para participar del taller de madres adolescentes que se realizó en Casa de la Mujer, coordinado por las docentes Claudia Mauri y Mónica Arrighi, de larga trayectoria en el trabajo con derechos sexuales y Reproductivos, informa el diario Rosario 12, de Argentina.
“Ya no tengo miedo, antes estaba aterrada, pero ahora sé cuáles son mis derechos, aprendí a respirar y relajarme, ya no veo el parto con miedo”, dice Mariela con una sonrisa. Con menos palabras, Jessica –valiente como para afrontar sin pareja la crianza de una niña– cuenta que durante el taller se conversó sobre la violencia en el noviazgo. El disparador fue un juego donde se consignan actitudes violentas y no violentas, bajo del título de “Amor y odio”. “Todas las que están en la columna de la violencia las sufrí yo en mi noviazgo”, dice con candidez y cierta vergüenza. “Ahora sé qué derechos tengo durante el parto”, agrega con voz suave. También sabe cuáles son sus derechos como alumna madre.
La experiencia se desarrolla en el Fonavi de Donado y Mendoza, donde Casa de la Mujer tiene una vasta trayectoria. En el centro de salud del barrio, las chicas se reunieron durante ocho sábados para conversar y aprender. Uno de los talleres, el de métodos anticonceptivos, lo dieron las chicas de Mujercitas, un grupo de adolescentes que realizan tareas de prevención en el barrio y las escuelas donde concurren. La recién nacida es sobrina de una de las integrantes de Mujercitas, Erica, de 17 años. “Cuando te explica alguien que siente lo que a vos te pasa, que habla como vos, te sentís más confiada y la entendés más”, sintetiza Jessica, quien confiesa haber recibido clases de educación sexual en las escuelas, y sólo sonríe para dar a entender que no las pudo aplicar.
“La mayoría de los chicos no quiere usar preservativos”, apunta Jaqueline, de 16 años, otra integrante del grupo Mujercitas. El taller tuvo una observadora, Zoe Obaid, una adulta del barrio que siguió el proceso. Con desazón, cuenta que su hija de 14 años recibió unos folletos de anticoncepción en La Florida, pero sin ninguna mediación. “Se los daban personas que sólo le decían que eran de anticoncepción”, relata. De este modo, el folleto no llegó a interesar a su hija. Para Zoe, el proceso que hicieron las talleristas en estos meses fue muy importante. “Se sienten más seguras ahora, al principio sentían vergüenza de plantear sus dudas, sentían que eran las únicas a las que les pasaba, tenían miedo”, afirma.
El proyecto nació de observar la soledad y confusión que sentían las adolescentes embarazadas de la escuela media donde trabaja Mauri. “El embarazo adolescente existe, aunque se haga prevención”, afirma con conocimiento de causa, porque hace años que realiza un proyecto educativo. “En mucha menor medida que en las escuelas donde no hay educación sexual”, acota Erica, de Mujercitas. “Me preocupaba la falta de contención de las chicas. Las someten a una falta de respeto a su integridad, y si bien ahora hay más información sobre lo que yo llamaría parto sin violencia, también es cierto que no se respeta en la mayoría de los lugares y las que sufren son las mujeres”, relató Mauri sobre la génesis del proyecto, que contó con financiamiento de la Associazione de Argentinos en Italia, una organización no gubernamental (ONG) surgida a fines de 2001 para apoyar proyectos sociales en Argentina.
“Existe mucho mito con los partos”, aporta Arrighi, la otra docente, para mencionar la imagen espectacular que construyen sobre las parturientas en los programas de ficción televisiva. “Y las mujeres creen que muchas cosas innecesarias, lo son, porque así se abona el estereotipo de que para ser madre hay que sufrir”, agregó.
Lo primero que dicen Mariela y Jessica sobre el taller, antes de mencionar otros aprendizajes, es que llegarán con menos miedo al parto, que ahora saben respirar y relajarse. Que estaban atemorizadas. Cuando la conversación avanza, y siempre con mucha timidez, Mariela dirá que su hijo “no fue buscado pero sí deseado”. El taller también le sirvió para aprender que no sólo se trata de conocer métodos anticonceptivos, sino también de saber lo que se quiere. Una apuesta difícil para muchas adolescentes agobiadas por una realidad sin horizontes. Después del taller, también saben que seguirán estudiando, porque lo desean tanto como estar con sus bebés.
Fuente: Sonia Tessa, diario Rosario 12, Rosario, Santa Fe (vía RIMA).
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