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Una mujer iraquíe llora a uno de los suyos (Foto. Spokesmanreview.com). |
La argentina Karen Marón tiene una amplia experiencia en la cobertura de conflictos. Los relatos de la gente de Palestina, Colombia, Perú, Chipre y, por supuesto, Irak, han centrado sus crónicas. “Mostrar cómo es el otro también es una forma de educar y de abrir la mente de la gente”, sostiene.
(Mujereshoy) Karen Marón es una joven periodista argentina que ha cubierto los conflictos armados de Colombia, Medio Oriente, Perú y Chipre. Ha entrevistado a dirigentes políticos y a la gente que sufre los desgarros de la irracionalidad. Ella se distingue por su valentía, ingenio, compromiso, sentido de la ética y libertad personal y profesional.
Uno de los trabajos “más difíciles y gratificantes” para la periodista Karen Marón fue entrevistar a las madres de los detenidos en la prisión iraquí de Abu Ghraib, conocida por las difusión de las fotos en las que soldados de la coalición occidental torturaban a presos.
Marón, que ha trabajado para medios de Colombia y México, Radio France Internacional y BBC Mundo, ha vuelto a Irak para cubrir el periodo electoral, previsto para este mes de enero.
También fue una de las participantes del IV Encuentro de Corresponsales de Guerra, celebrado en octubre de 2004 en Cuba. En la entrevista al diario español Gara aborda su visión sobre los conflictos y el sufrimiento de las madres de los presos de la siniestra prisión de Abu Ghraib.
–¿Cómo definiría la situación en Irak en estos momentos?
Karen Marón: Me parece que todavía está viviendo un momento muy especial por la dinámica y las condiciones del conflicto. Parece que las elecciones se producirán en las fechas previstas, en enero. Un sector de la sociedad tiene ansias de organizarse y de participar en este sistema que, para ellos, es novedoso. También hay que tener en cuenta el tipo de organización social de Irak, de carácter tribal y con una concepción diferente a nivel político, social, cultural y religioso. Desconocen lo que es el modelo de democracia occidental y, obviamente, muchos sectores lo rechazan por una cuestión lógica: consideran que es un modelo importado y que no es acorde a su idiosincrasia.
Además, hay que seguir contando la historia de la ocupación y, sobre todo, las consecuencias. Las causas ya son harta y públicamente conocidas y denunciadas. Es una ocupación absolutamente ilegítima; han violado todas las leyes del derecho internacional y el derecho de las personas. En mi opinión, de lo que hay que ir a hablar es de la situación de los iraquíes, que están ocupados de una manera casi obscena.
–¿Cómo fue su experiencia con la madres de Abu Ghraib?
Karen Marón: En lo personal fue uno de los trabajos más difíciles y gratificantes. Ver aquellas imágenes, transmitidas mundialmente, me provocó un impacto muy fuerte porque sabía lo que Abu Ghraib significaba para millones de iraquíes: era un símbolo siniestro, porque durante el régimen de Sadam Hussein por allí pasaron más de 150 mil personas que fueron torturadas, asesinadas y desaparecidas.
Por eso, cuando suceden los hechos, decido hablar con las madres de los detenidos y de las personas que habían sido torturadas. Elijo a estas mujeres porque son las más vulnerables, por el sufrimiento que reciben de forma constante por su condición de mujer y porque, al mismo tiempo, simbolizan la fortaleza. Muchas de ellas denunciaron que habían sido testigo de la violencia e incluso torturas que infligían a sus hijos los soldados estadounidenses cuando los sacaban de casa. Antes de que salieran a la luz las fotos, llevaban meses reclamando por sus hijos, no sabían nada de ellos y no tenían ninguna respuesta de las autoridades de Estados Unidos. Esa fue la sensación que me dio trabajar con las madres de Abu Ghraib: por un lado, conmoverme con su sufrimiento, y por otro, valorar inmensamente su lucha por sus hijos. El dolor de una madre es casi indescriptible; pese a sentir una desesperación y una profunda angustia, de ninguna manera bajan los brazos. Son las primeras que se expresan, gritan y reclaman.
–¿Qué es lo que no se olvida?
Karen Marón: Una no puede olvidarse de esas caritas y esos ojos que parece que te reclamaran algo. Aunque no eres responsable directo de lo que sucede en las guerras, sí que tienes cierta responsabilidad como ser humano y hasta cierta culpa entre comillas.
–¿Cómo es el día a día de los corresponsales de guerra?
Karen Marón: Las guerras son todas diferentes y no hay un conflicto igual a otro por razones políticas, sociales, geográficas y culturales. Lo vivido en Irak es muy diferente a lo que he experimentado en otros conflictos. Esta sensación es compartida por otros compañeros corresponsales de guerra. El día a día es el tiempo en forma constante. Estuve cuatro meses y medio en Irak, y el hecho de trabajar para tantos medios diferentes implicaba que, según para quien tenía que elaborar la información, estuviera trabajando a las 3 ó 7 de la mañana o a las 3 de la tarde.
Los hechos suceden de manera constante, lo que te obliga a ejercer el periodismo a tiempo completo; no hay sábados ni domingos ni descansos. Describir un día en Bagdad…, te diría que suele comenzar a las 7.00 o 7.30, cuando sabes que va a explotar el primer coche-bomba. Ese es el despertador, que implica empezar a chequear la información e ir al lugar de los hechos.
–¿Qué papel juegan los medios de comunicación?
Karen Marón: En mi opinión, lo profesional va unido a lo personal, y a la inversa. Es decir, la forma que una tiene de trabajar como periodista guarda relación directa con la forma de ver la vida y su sistema de valores. Cuando, por ejemplo, explota el primer coche-bomba y tengo que salir a trabajar, lo primero que me pregunto como ser humano es cuánta gente ha muerto, cuántas familias han quedado destruidas y cómo se va desgarrando la sociedad.
En cuanto al rol del periodismo, no creo que haya verdades absolutas. Cada cual tiene una manera de hacer periodismo y, lamentablemente, también en el periodismo hay mercenarios: gente que se lucra con la guerra y desea que haya guerra para tener réditos económicos. Además, hay turistas bélicos: aquellos que se ponen su casco y chaleco, se sacan la foto y vuelven a sus países convertidos en grandes corresponsales de guerra aunque nunca se involucraron ni con la gente ni con el conflicto. Aparte de los mercenarios y los turistas bélicos, están los farsantes. ¡Cuánta gente cubrió el conflicto de Irak desde Jordania!
También hay periodistas comprometidos. El comprometerse va directamente ligado al periodismo en todo el sentido de la palabra; periodismo como una función social, con responsabilidad y con honestidad. Decir que los periodistas podemos hacer una aportación a la paz parece una postura utópica o ingenua. Yo no trabajo en un organismo de ayuda humanitaria. Cuando me refiero a la aportación a la paz, quiero decir que se debe enfrentar a los seres humanos a través del miedo y el desconocimiento. Cuando desconocen algo, lo temen y, a veces, incluso lo combaten.
–¿Qué tipo de periodismo hace?
Karen Marón: Trabajo mucho con testimonios y me involucro con la gente del lugar. Son ellos los que hablan. Cuando los lectores leen que del otro lado hay una historia, unas causas y consecuencias, y que los que mueren, los heridos y los que sufren todas estas violaciones de los derechos humanos son personas exactamente iguales a ellas –con las mismas esperanzas, que quieren criar a sus hijos, ser respetados y mantener su dignidad–, se produce una empatía y una comprensión hacia el otro, aun teniendo religiones, culturas y formas de vida diferentes. Mostrar cómo es el otro también es una forma de educar y de abrir la mente a la gente para que sea más tolerante y no tenga miedo.
–Ha trabajado en muchos escenarios. ¿Considera que en ocasiones se transmite una imagen cliché sobre estos conflictos? Por ejemplo, de Colombia se habla de la guerrilla, el narcotráfico y los paramilitares, pero la información no va más allá.
Karen Marón: Sí, por supuesto. El conflicto de Colombia, donde estuve un año trabajando, es sumamente complejo, muy rico y tiene muchas explicaciones. Lo que hacen los medios, de manera constante y sobretodo los latinoamericanos, es difundir noticias tales como ‘murieron tantas personas en un enfrentamiento entre paramilitares y guerrilla’, sin explicar absolutamente nada. Entonces, la gente cree que en Colombia todo el mundo es narcotraficante, insurgente o contrainsurgente. Eso es muy negativo porque estigmatiza a los países y a los ciudadanos.
Esa es una responsabilidad de los periodistas. Debemos abrir la mente de la gente explicándoles de qué tratan estos conflictos. El de Colombia, por ejemplo, tiene más de 40 años y causas objetivas, entre ellas, la ausencia del Estado, la desigualdad social, el hecho de que haya más de 20 millones de campesinos e indígenas desplazados del sistema político, económico y social. Los fenómenos insurgentes o cualquier tipo de fenómeno político-social no surgen de manera espontánea. Yo estuve 28 días en el Caguán intentando comprender de qué se trataba el fenómeno insurgente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Los periodistas tenemos que explicar la historia hablando con las personas que la han vivido, con especialistas e investigando.
Me parece una gran injusticia que no se expliquen las causas y eso es absolutamente responsabilidad de los medios, editores y directores. En Bagdad he visto a periodistas que se iban tras haber estado una sola semana. ¿Qué pudieron ver de Irak en una semana? ¿Cómo puede inmiscuirse con los ciudadanos, comprender la cultura... y qué puede palpar, ver, oír u oler en una semana?
El periodismo también está relacionado con la intuición, la observación y la puesta en marcha de todos los sentidos. A veces, los olores son claves para contar una historia. El olor a muerte, a sufrimiento, a hambre. ¿Por qué hay todo ese tipo de olores? Para poder responder se debe estar en el lugar.
–¿Por ello ha optado por trabajar como free lance?
Karen Marón: Fundamentalmente, sí. Necesito estar mucho tiempo en los lugares. En Irak estuve cuatro meses y medio, mucho tiempo en cuanto al agotamiento físico y mental: la tensión, el estrés y ser depositario del dolor. Pero me siento conforme con haberme quedado todo ese tiempo. Puedo entender las razones económicas de los medios para no enviar mucho tiempo a una persona pero, indudablemente, eso repercute en la calidad del trabajo periodístico, porque obliga al periodista a novelar, a hablar de lo que no sabe.
Por ejemplo, antes de salir de Irak, fui a unos campos de refugiados kurdos que estaban regresando al Kurdistán. En Kirkuk habían montado un campo y estaban haciendo sus casitas. Me dieron agua; yo sabía que estaba contaminada pero me la tomé. Yo tenía mi agua mineral y les podía haber dicho ‘ah no, gracias’. Pero eso hubiera sido una agresión y una falta de consideración como ser humano. Esa agua contaminada me produjo una infección renal, urinaria y estomacal. Me contaban unas historias horrorosas: un hombre que perdió a su bebé de cinco meses congelado camino a Irán cuando Saddam Hussein los expulsó... Son los que menos tienen y, paradójicamente, los que más te dan. Cuando se relaja el tema de la grabadora es cuando te cuentan más cosas y te abren su corazón.
Para no arrastrar en mi estilo de trabajo a otras personas prefiero ir sola, porque así me tomo mi tiempo. Necesito estar con la gente, no tengo apuro. ¡Para eso elegí ser free lance!
–¿Podría detallar algunas de las experiencias que han marcado su carrera?
Karen Marón: Colombia es supercomplicada. Estando en el Cagúan, recibí una amenaza de los paramilitares que me acusaron de ser integrante de las FARC, lo cual era una falacia, y totalmente inexplicable para mí. Tuve que salir de incógnito. Dos días después mataron al chofer de los periodistas. Lo sacaron de la zona de distensión, lo fusilaron y lo carbonizaron. Fue una de las cosas que más me dolió.
En Irak, todo es impactante. Recuerdo el caso de Ali, un niño de 4 años, herido en Faluya durante un raid aéreo con F16. Perdió a nueve miembros de su familia de manera instantánea, perdió su brazo y pierna izquierdas. A los 4 años quedó estigmatizado para toda su vida. Afortunadamente, la Cruz Roja italiana se hizo cargo de él. Fue un periodista inglés quien lo sacó de Faluya. Hay cientos o miles de Ali en Irak.
En Irak no hay un metro cuadrado que sea seguro para un periodista. Todos somos objetivos militares, tanto de las fuerzas insurgentes como del ejército de la coalición. Estuve alojada en lo que es el complejo Palestine Sheraton. A orillas del Tigris siempre hay niñitos jugando al fútbol; en un ataque de morteros de la resistencia, murieron dos chiquitos. Eso me conmovió profundamente, porque eran parte de ese grupito que una veía día a día.
Es muy fuerte saber que hoy estás con una persona y quizás, una hora más tarde, no la vas a ver más. Esto te va cargando emocionalmente y hay que tener mucha fortaleza. Un periodista, después de una guerra, nunca vuelve a ser la misma persona. Yo creo, firmemente, que hay que ser sensible. Trato de ser muy racional cuando estoy escribiendo pero, si no tuviera sensibilidad, no podría conectar con la gente.
–¿Existe la palabra miedo en su vocabulario?
Karen Marón: Algunos dicen que no tener miedo es patológico. Yo siento que si tuviera miedo me quedaría paralizada. La emoción del miedo me parece absolutamente negativa. Esto no significa que sea temeraria o imprudente. Honestamente, no tengo miedo; si lo tuviera, no estaría en ese lugar. El riesgo es una condición sine qua non que va de la mano con esta profesión. Una sabe que puede ser herida o secuestrada y que puede morir. Como no le tengo miedo a la muerte, eso me libera de paralizarme. Lo que se debe tener es sentido común. No hay que dejarse llevar por el miedo y la paranoia. Hay que ser ingenioso y creativo para ver cómo se puede llegar a la noticia. Obviamente, si me dicen que es imposible viajar por la ruta de Nayaf, sería ridículo que lo hiciera. Irak, sin lugar a dudas, es el peor lugar del mundo para trabajar.
Fuente: Gara, España.
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