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La leyenda lo dice todo (Foto: Carmen Torres, Mujereshoy). |
La semana pasada terminó en Nueva York “Beijing + 10”, sesión de Naciones Unidas que tenía como mandato evaluar la Plataforma de Acción Mundial, aprobada en Bejing, en 1995. Estados Unidos levantó la bandera conservadora, mientras Latinoamérica reafirmó la necesidad de políticas de género. ¿Pero qué pasó con los derechos sexuales y reproductivos?
(Mujereshoy) La evaluación preliminar del Comité Latinoamericano de Seguimiento a los compromisos de Beijing señala que los gobiernos latinoamericanos no dieron énfasis a los derechos sexuales y reproductivos, por lo que el tema fue poco abordado durante la 49 sesión de evaluación de la Plataforma de Acción Mundial, Beijing + 10, realizada en Nueva York.
De acuerdo con un documento publicado en la página web de Radio Feminista –que cubrió el evento junto a varias organizaciones no gubernamentales de mujeres–, durante las reuniones de evaluación se discutieron varios puntos de importancia para las mujeres, pero los temas controversiales fueron menos abordados y muchos de ellos ni siquiera se mencionaron.
Según la información, los derechos sexuales y reproductivos y el derecho de las y los adolescentes y las y los jóvenes a la información de prevención sexual, fueron las problemáticas que no se tomaron en cuenta, así como el aborto inseguro y la mortalidad materna.
El comité señala en su informe que la omisión de los diversos temas sexuales es muestra de la debilidad de los gobiernos de la región en esta materia. Además, subraya la presión política que Estados Unidos hizo durante las reuniones, al oponerse a ratificar estos compromisos.
Por su parte, María Gabriela Núñez, titular de la Secretaría Presidencial de la Mujer (Seprem) de Guatemala, quien presidió la comisión oficial en Nueva York, subrayó que en Guatemala se trabaja a favor de la promoción de los derechos sexuales y reproductivos, a través de proyectos que son ejecutados en su mayoría por el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS).
En el tema del aborto seguro, Núñez subrayó que Guatemala se rige por el artículo tres de la Constitución Política de la República, en donde se resalta que “el estado debe garantizar y proteger la vida humana desde su concepción”. O sea…
Otro balance
Otro balance realizado por Soledad Vallejos, del suplemento argentino Las/12 (del diario de ese país, Página/12) indica que el legado de la Cuarta Conferencia Mundial de Naciones Unidas sobre la Mujer “tiene una importancia equivalente a la Declaración Universal de los Derechos Humanos que inauguró el prestigio de la ONU en 1948, o, mejor dicho, está destinada a tener efectos tan profundos e intensos como los que la Declaración de los Derechos del Niño ejerció sobre el estatuto legal de niñas, niños y adolescentes para convertirlos en sujetos de derechos específicos. Permite y augura el desarrollo de nuevas legislaciones, jurisprudencias y políticas públicas. En todos los casos promete dar vuelta realidades absolutamente distintas y, sin embargo, de lo más parecidas”.
Para Soledad Vallejos, el encuentro mundial de 1995 marcó un antes y un después en lo que a igualdad de oportunidades entre mujeres y varones se refiere, y es uno de los avances más contundentes del movimiento de mujeres a nivel mundial: el reconocimiento de que los derechos de las mujeres son derechos humanos.
La Conferencia de Beijing dictó una suerte de hoja de ruta, la Plataforma de Acción, que –acuerdos internacionales mediante– permitiría ir dando pasos en firme para alcanzar la igualdad en todos los aspectos de la vida pública y privada. Eso fue hace exactamente 10 años.
Lo que pasó en Nueva York
Hace una semana terminó Beijing + 10 –más protocolarmente conocido como el 49º Período de Sesiones de la Comisión sobre la Condición Jurídica y Social de la Mujer de Naciones Unidas–, el encuentro convocado para reafirmar, profundizar y evaluar con la participación de 180 delegaciones gubernamentales y 2500 organizaciones no gubernamentales (ONG) los avances y obstáculos de los derechos de las mujeres a lo largo de la década en todo el mundo.
Y, aunque no gozó de la difusión que otras conferencias mundiales suelen concitar –a pesar de que los efectos de Beijing no fueron menores, como lo demuestra, por ejemplo, el hecho de que 15 países hayan modificado sus legislaciones en materia de aborto a raíz de las consideraciones sobre derechos sexuales y reproductivos de la Plataforma de Acción–, los debates que se dieron entre el 28 de febrero y el 11 de marzo en una Nueva York invernal permitieron vislumbrar algunos rasgos de lo que el futuro reserva para las mujeres de todo el mundo: pura lucha y bastantes promesas conseguibles.
“Antes de la Conferencia de Beijing, la mayoría de los países no tenía ni idea de lo que era una política de género. Hoy sí”, explica Cecilia Merchán, coordinadora nacional de la Red de Mujeres Solidarias y miembro del Movimiento Mujeres de Pie, que acaba de participar por primera vez en un encuentro de este tipo. “Más allá de lo que haya de verdad y mentira en lo que se dice en cada informe, desde Beijing casi todos los países se han visto obligados a impulsar leyes que demuestren la incorporación de la perspectiva de género en las políticas públicas.”
Quienes acaban de llegar de las nieves neoyorquinas están exultantes: se ha evitado el avance fundamentalista, se ha logrado por primera vez en mucho tiempo un consenso regional latinoamericano en torno a los derechos de las mujeres, se han cruzado nuevas voces para tejer otras tramas de colaboración.
La embajadora Juliana Di Tullio –responsable del área mujer de la Cancillería– encabezó la delegación gubernamental de Argentina en la Conferencia que, por primera vez, pudo presentar una posición compartida por los 19 países que integran el Grupo de Río (América latina y Caribe, con excepción del Caribe hispanoparlante).
Se trató, explica, de un “discurso importante, porque nunca había pasado que pudiéramos sostener una misma posición con el Mercosur. Se trabajó mucho con un consenso previo, y no hubo resistencias, sino todo lo contrario: el del Grupo Río fue un espacio para que los países pudieran protegerse sin tener que renunciar a sus propias convicciones”.
¿Qué quiere decir esto? Que mientras los países y las delegaciones de ONG de todo el mundo se presentaron en Beijing + 10 dispuestos a compartir experiencias, realizar seguimientos (sobre aplicación de los acuerdos en políticas públicas, leyes y jurisprudencia) y poner en común estrategias, en el primer día del encuentro Estados Unidos propuso –con el apoyo vaticano– realizar una enmienda a lo que fue acordado en 1995: que la Declaración Política de la Conferencia aclarara que reconocer los derechos de las mujeres como derechos humanos no crea “ningún derecho humano internacional” y tampoco incluye “el derecho al aborto”.
“La posición de Estados Unidos fue muy obstaculizadora –afirma Mabel Bianco, de la Fundación de Estudios e Investigación de la Mujer, de Argentina–; en primer lugar, intentó dificultar la reafirmación de la Plataforma de Acción ejerciendo presión sobre los países menos desarrollados, con el argumento de las ayudas económicas que da. Directamente los amenazaron, hicieron presión sobre este tema. Cuando decían que no querían reafirmar Beijing porque eso estaría creando nuevos derechos, se referían a los derechos sexuales y reproductivos, pero hay una cosa muy importante: no es que Beijing y las Conferencias que siguen creen nuevos derechos, sino que lo que se hace es especificar y reconocer e incluir entre los derechos humanos a los derechos específicos. Eso fue lo que se hizo en las conferencias, darles especificidad.”
Además, la representante estadounidense presentó dos proyectos de resolución (declaraciones que, en caso de generar consensos, quedan en letra firme para posteriores encuentros): uno sobre tráfico sexual de personas y trata, en el que no diferenciaba entre prostitución y tráfico y proponía penalizar por igual a las personas víctimas del tráfico como a quienes las trafican; otro, en el que recomendaba alentar los microemprendimientos y velar por las empresarias, como toda solución para el empoderamiento económico de las mujeres. En los dos casos, Argentina se paró en la vereda de enfrente y discutió los fundamentos.
La embajadora Di Tullio afirma que “en el texto de Estados Unidos era muy confusa la situación de las víctimas, y nosotras claramente decimos que de ninguna manera se puede sostener eso, porque no se puede ver a las víctimas como criminales. Los presidentes del Mercosur nos dieron un mandato diciendo que el tema de tráfico y trata nos importa, que hay que reducir al mínimo el tráfico de mujeres, niños y niñas. Nosotros tenemos los instrumentos internacionales para hacerlo, y una nueva ley migratoria que los complementa perfectamente”. Respecto de la relación entre las mujeres y la economía, “decimos que la liberalización del comercio es uno de los modelos, no el único, porque el proceso de feminización de la pobreza tiene que ver con las ventajas y desventajas de la liberalización del comercio”.
A Bianco, por otra parte, el énfasis estadounidense sobre las mujeres como microemprendedoras o empresarias se le antoja, cuando menos, limitado. “Si el único planteo es ese, se está dejando afuera todo el mundo del trabajo, es una visión restringida. Además, esto demuestra que no se comprende que las pobres son las que tienen mayores dificultades para acceder a la educación, a los servicios de salud. El debate sirvió para ir poniendo en esa resolución que se entendía que las pobres tenían que tener una atención especial para superar su desigualdad, porque la pobreza acrecienta la brecha.”
Teniendo en cuenta la escalada neoconservadora que a nivel mundial va ganando terreno de la mano de Bush y su alineamiento progresivo con posturas fundamentalistas de origen religioso, lo sucedido durante Beijing + 10 no fue, en realidad, sorpresivo. Así lo entiende, por ejemplo, la embajadora Di Tullio (“ellos vienen con una posición pública más que clara, en este sentido Estados Unidos es muy coherente”), mientras que la presidenta del Instituto Social y Político para la Mujer, María José Lubertino (que participó de la delegación de las ONG), acota que en ese gesto de poner en discusión un debate sobre algo ya acordado “Estados Unidos trató de meter temas que tienen que ver con sus propias prioridades políticas” y de esa manera impidió abrir otros, porque “no tuvimos oportunidad de realizar un verdadero monitoreo”.
Para Bianco, se trata lisa y llanamente de que “Estados Unidos está realmente muy en contra de lo que significan los derechos de las mujeres, y eso es peligroso, porque significa que, como es el principal donante de Naciones Unidas y tiene una gran influencia sobre el mundo y ejerce la cooperación en forma bilateral en negociaciones individuales, el riesgo que vamos a tener es grande”.
Por la oposición y los debates que encontró, Estados Unidos –que contaba con la afinidad de Panamá y Costa Rica– finalmente debió retirar su objeción sobre los derechos sexuales y reproductivos, como también el apoyo a sus propios proyectos sobre tráfico y trata sexual y sobre mujer y economía.
La representante de Estados Unidos pidió la palabra para aclarar que, para su país, “el aborto no es un método de planificación familiar, que los derechos sexuales y reproductivos no incluyen el aborto y que no consideran que la atención post aborto sea parte de la salud reproductiva. Recomendamos la abstinencia, la abstinencia y la fidelidad es lo más saludable para los adolescentes. La responsabilidad de los padres para tratar asuntos de sexualidad y salud reproductiva es prioritaria, debe prevalecer la autoridad paterna”.
Sin embargo, los días de debate perdidos por evitar un retroceso en la afirmación de Beijing impidieron inaugurar otros terrenos. Cientos de informes sobre la situación de las mujeres en diferentes países del mundo quedaron en carpetas nunca abiertas, y otras tantas experiencias no se pudieron compartir.
Finalmente, la periodista Soledad Vallejos plantea dos interrogantes: ¿Puede algo tan lejano a la vida cotidiana como un encuentro entre delegaciones gubernamentales y de la sociedad civil, realizado al amparo de la Organización de Naciones Unidas, cambiar la vida de cualquiera de las mujeres que leen esto, o de quien escribe? ¿En qué puede modificar los días de cualquier argentina [o de cualquier latinoamericana] que las representantes de Cancillería de países históricamente enmarañados en relaciones de poder (económico, político, entendido en la mayoría de los casos como una dimensión ajena a la perspectiva de género) se trencen en agudas discusiones sobre, por ejemplo, un término de más o de menos, o hilen fino para encontrar el espíritu de un texto?
Las dos preguntas –señala Vallejos– tienen, curiosamente, una respuesta de lo más parecida: a cualquier mujer de cualquier país representado en esos encuentros, lo que se diga puede cambiarle todo en su vida. Pero también puede no transformarla en nada. Todo depende del cristal con que las palabras lanzadas al viento en el terreno internacional sean asumidas en los territorios propios.
Fuentes: Cerigua; Soledad Vallejos, Las/12.
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