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El problema es determinar qué síntomas están asociados con la menopausia y cuáles son simplemente el resultado del envejecimiento (Foto: La Jornada, México). |
Aún no existen diagnósticos certeros sobre los efectos de los productos para “tratar” la menopausia, como si ésta fuera una enfermedad. Encontrar respuestas acercará a las mujeres a una mejor calidad de vida. En tanto, las mujeres en etapa de menopausia se debaten entre el abanico y los parches hormonales. Una discusión que continúa.
(Mujereshoy) La menopausia había sido tan desconocida para la medicina como la misma menstruación. De hecho, hasta los años noventa la única diferencia entre los hombres y mujeres se relacionaba con el embarazo. Ni siquiera el periodo post parto era considerado.
Por ejemplo, existen libros escritos por ginecólogos durante el decenio de 1980 en los que se dice: “Si la mujer tiene sofocaciones, que se abanique y si tiene sequedad que se ponga un lubricante”, señala Carme Valls, directora del Programa Mujer, Salud y Calidad de Vida de la Red de Investigación en Salud y Género (RISG), de España, en un artículo publicado en la Revista Trabajadora.
La estrategia normal hasta el año noventa, dentro de la medicina, para enfrentarse a los años de más que la vida da a las mujeres era la de “no hay problema, la menopausia es un hecho natural” (y, ciertamente, lo es), explicita Valls.
Sin embargo –indica–, a partir del inicio de los años noventa el mensaje cambió porque los laboratorios farmacéuticos lanzaron un producto que en aquel entonces parecía muy novedoso. Se trataba de la aplicación de una hormona a través de un parche. Se pusieron de acuerdo los laboratorios y los publicistas para introducir este producto entre las mujeres, a las que tradicionalmente se les había dicho que se resignasen y no que albergaran actitudes positivas respecto a los años venideros. Así que,la estrategia publicitaria se diseñó basándose, más o menos, en esta idea: tenemos que asociar la palabra menopausia a dolor y envejecimiento; que se asocien todos los males que vayan a venir después de los 50 años de edad a la pérdida de la menstruación.
En esta estrategia colaboraron, incluso, de buena fe algunos Institutos de la Mujer y muchos grupos de mujeres, que organizaron charlas, coloquios y conferencias para hablar de la menopausia.
La directora del RISG señala que sin evidencias científicas a largo plazo, sin estudios de población y sólo con estudios de seguimiento de mujeres durante seis meses, pagados por los mismos laboratorios que querían comercializar los productos, en los que tan sólo se valoró si la Terapia Hormonal Sustitutiva (THS) mejoraban las sofocaciones y la sequedad vaginal, se lanzaron las terapias con dosis altas de hormonas, alegando sin base científica alguna que evitaría los problemas cardiovasculares y las fracturas de cadera a largo plazo.
Esta situación dio lugar a que la mayoría de problemas de salud de las mujeres se atribuyeron a la menopausia como única causa, y se recetó terapia hormonal para cualquier síntoma. En el decenio de 1980 los síntomas de las mujeres se consideraron problemas “nerviosos” y se trataron con ansiolíticos, en la de los noventa todo se podría resolver con la terapia hormonal, y en la actualidad con la soja.
Pero en todos los casos faltan las evidencias científicas de la eficacia de los tratamientos, y lo que choca frontalmente con los derechos a la salud, es que precisamente se tiendan a aplicar tratamientos que no han sido claramente probados en el sexo femenino.
El estudio Women’s Health Initiative (WHI) ha sido muy clarificador. Fue impulsado por la agencia de investigación de Estados unidos (NIH) dirigido por la doctora Bernardine Healy, en 1992, como primer estudio de población, en el que se evaluaron los efectos del ejercicio, la dieta, y la terapia hormonal en 100.000 mujeres, que se agruparon según la estrategia terapéutica. El estudio ha demostrado que la agrupación de estrógenos con progestágenos a dosis altas aumentaban el riesgo de infarto y de mortalidad cardiovascular, así como un incremento del cáncer de mama.
Finalmente, Carme Valls enfatiza que hay sólo dos síntomas que se pueden relacionar con la falta de menstruación propiamente dicha: la sequedad vaginal y las sofocaciones, los demás problemas de salud son los que se derivan de vivir más años. Si hacemos bien el diagnóstico es seguro que vamos a encontrar nuevos caminos para mejorar, pero si atribuimos a la menopausia todos los problemas nos equivocaremos en los tratamientos y volveremos a invisibilizar a las mujeres, las convertiremos de nuevo en víctimas y las dejaremos en situación de poder ser manipuladas fácilmente.
Mujeres necesitan más información sobre tratamiento de menopausia
Por otra parte, una comisión de los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de Estados Unidos Muchas señaló el pasado 14 de marzo de 2005 que las mujeres podrían estar excediéndose en el uso de tratamientos para contrarrestar los síntomas de la menopausia, incluyendo a la terapia hormonal que puede ser riesgosa.
“Para las mujeres que no tienen síntomas graves, esperar a que pasen es la mejor estrategia”, dijo la doctora Carol M. Mangione, de la Universidad de California, Los Angeles.
Una de las dificultades consiste en determinar qué síntomas están asociados con la menopausia y cuáles son simplemente el resultado del envejecimiento.
“Hallamos muy pocos síntomas vinculados con las fluctuaciones naturales de los niveles de hormonas durante la menopausia, y esta determinación podría tener consecuencias serias para el tratamiento”, dijo Mangione, la presidenta de la comisión.
Los bochornos, los sudores nocturnos y la sequedad vaginal son mayormente asociados con la menopausia y también existe evidencia de que esté vinculada con las perturbaciones en el sueño, informó la comisión. En cambio, no hay tantos indicios de que la menopausia conlleva a las variaciones en el carácter, dificultades para pensar, dolores de espalda y cansancio. En cuanto a la relación con la incontinencia urinaria, los resultados de las pruebas distaron de ser unánimes.
Mientras que el tratamiento hormonal puede ser efectivo para las mujeres con graves síntomas menopáusicos que afecta su calidad de vida, esos tratamientos pueden tener efectos secundarios que las mujeres deberían tener en cuenta antes de decidir en el tratamiento, dijo la comisión.
El grupo dijo que se conoce poco sobre los efectos de las terapias alternativas e instó a que se hagan estudios más amplios sobre la diversidad de las mujeres y de los tratamientos existentes.
Durante muchos años se ofreció una terapia de reemplazo hormonal como un tratamiento efectivo para síntomas como el bochorno y los sudores nocturnos.
Sin embargo, el uso de las hormonas se suspendió después del 2002, cuando el estudio de la WIH ya mencionado determinó que la terapia hormonal aumentó el acrecentado riesgo de las usuarias a sufrir ataques cardíacos, derrames cerebrales y cáncer de mama.
Pero un cuarto de las mujeres que dejaron de usar hormonas volvieron a usarla debido a tener síntomas de debilitamiento.
El NIH le pidió a una comisión de 12 miembros a que revisara el estado del tratamiento contra los síntomas de la menopausia.
Fuente: Revista Trabajadora Nº 15, febrero 2005; Agencias.
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